Amy

Ya con algunas semanas en cartelera se mantiene todavía en salas de la Ciudad de México, y otras del país, el documental Amy, coproducción Reino UnidoEstados Unidos de este año, dirigido por Asif Kapadia, realizador de origen británico que en su dispareja filmografía ...

Ya con algunas semanas en cartelera se mantiene todavía en salas de la Ciudad de México, y otras del país, el documental Amy, coproducción Reino Unido-Estados Unidos de este año, dirigido por Asif Kapadia, realizador de origen británico que en su dispareja filmografía tiene otro documental excepcional: Senna, dedicado a explorar la personalidad del corredor brasileño de autos Ayrton Senna, que fuera adorado en Brasil, y cuya muerte en un accidente durante una carrera fue motivo de duelo nacional en ese país. Senna ganó numerosos reconocimientos en su momento y, seguramente, Amy estará presente en varias candidaturas de la próxima temporada de premios.

Kapadia nos lleva ahora a un viaje sensible, crudo, emotivo, desgarrador y acompañado de espléndida música, a través del infierno que vivió la cantante de jazz británica Amy Winehouse, quien murió el 23 de julio de 2011 pasando a engrosar las filas del que se ha dado en llamar, de manera muy sórdida por cierto, “el club de los 27”, que son cantantes y figuras del mundo del rock que han muerto a los 27 años a causa de abusos en consumo de drogas, alcohol, promiscuidad o accidentes a veces inexplicables: Brian Jones, Jim Morrison, Janis Joplin, Jimi Hendrix, Kurt Cobain.

Evitando caer en un fácil y amarillista cuadro de la decadencia, Asif Kapadia nos lleva de visita a la vida de una mujer que, sin duda, fue “ella y su circunstancia”. Winehouse fue una niña diferente desde que nació: rebelde, histriónica, feliz, falta de límites, pues desbordaba a su mamá que no podía con ella. Su ambiente familiar la fue definiendo con resentimientos y una profunda sensación de abandono. El padre queda muy mal parado como una figura ausente. Sostuvo una relación extramarital durante ocho años, cuando Amy era pequeña; el divorcio consecuente la afectó mucho. Mitch Winehouse ha descalificado el documental y sostiene que Kapadia miente al presentarlo como un explotador del talento de su hija, que no reconoció sus graves problemas de bulimia, depresiones, consumo excesivo de alcohol y drogas. Los hechos lo contradicen, pues sólo le interesaban los conciertos, giras, discos y millones de dólares que el talento de su hija aportó a sus arcas.

Amy tiene momentos demoledores. La joven uso su talento para escribir música como el vehículo para expresar sus vivencias, sus frecuentes penas y escasas alegrías. En algunas canciones las letras se reproducen en la pantalla. Tony Bennet, con quien grabó una canción, en una de las secuencias más emotivas, la consideraba entre las mejores cantantes de jazz de la historia. Otro momento que casi lo empuja a uno de la butaca para intentar protegerla, es cuando es acosada por los paparazzi y que ella se ve confundida, perdida, y se queja de que los flashes no la dejan ver siquiera por donde camina.

Se enamoró de las personas equivocadas, establecía relaciones destructivas, como lo fue su matrimonio con un patán interesado llamado Blake Fielder, quien sumó a sus adicciones el crack y la heroína.

 El documental atrapa al espectador desde el principio con la música de Winehouse y su doloroso deterioro en el que Asif Kapadia denuncia la voracidad y, ahí sí, decadencia de los medios, con burlas y sarcasmos, como el de Jay Leno o George López, ambos el mejor ejemplo de una industria antropófaga que se come a los más débiles, enfermos, adictos, caídos.

No se lo pierda.         

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