Tocando la Luna

Esta es una película brasileña, hablada en su mayor parte en inglés, que mueve a tratar de conocer más a las protagonistas de la historia. Dos mujeres entregadas al arte, y muy destacadas cada una en su especialidad, ambas dignas representantes de un siglo 20 de ...

Esta es una película brasileña, hablada en su mayor parte en inglés, que mueve a tratar de conocer más a las protagonistas de la historia. Dos mujeres entregadas al arte, y muy destacadas cada una en su especialidad, ambas dignas representantes de un siglo 20 de cambios, revoluciones, evolución, retos.

La historia se inicia en  los años 50 en Nueva York, cuando la poeta Elizabeth Bishop (una de las más reconocidas en la lengua inglesa y ganadora del Premio Pulitzer) se encuentra en sus 40, muy sola y en plena crisis creativa. En esa circunstancia decide aceptar la invitación de su amiga de la infancia Mary, que vive en Brasil con su pareja, la reconocida arquitecta Lota de Macedo Soares. El lugar que Lota ha construido para hacer su hogar es de una belleza natural impresionante, y su trabajo en la arquitectura del paisaje hace una combinación perfecta con el exquisito verde de la región.

Al conocerse Elizabeth y Lota hay entre ambas un flechazo irresistible a pesar de las profundas diferencias de personalidad, desenvolvimiento social, y, sobre todo, en la expresión de su sexualidad. La atracción que ambas sienten al principio queda disfrazada por la aparente antipatía que Lota siente hacia los modales y el estilo correcto y delicado de Elizabeth, que es discreta, casi puritana, mientras que Lota es de temperamento mucho más explosivo, desenfadado y libre, toma la iniciativa con una forma de conducirse a medio camino entre la ternura masculina y la protección casi maternal de sus parejas.

Para Elizabeth, interpretada por Miranda Otto, a su llegada a Brasil se abre un mundo de estímulos para todos sus sentidos, y su sensualidad explota entregándose sin frenos a Lota. Río de Janeiro, “esa ciudad que es una combinación entre la Ciudad de México y la de Miami”, según sus propias palabras, la acoge con su calidez, musicalidad, ritmo, alegría, vida nocturna. Por su lado Mary, Tracy Middendorf, queda aparentemente desplazada, pero Lota, maternal y dominante al fin de cuentas, la recibe y le concede un deseo largamente acariciado: adoptar una niña. De cualquier forma Elizabeth va ganando terreno, tanto en la enorme propiedad, como en el corazón de Lota.

Este triángulo insólito caminó algunos años, pero el eje de la pasión y la complicidad lo representaron Elizabeth y Lota, ambas mujeres brillantes, talentosas y libres que protagonizaron esta historia plasmada en el libro Flores raras, de Carmen L. Oliveira, y en el que se inspira esta versión cinematográfica.

Ahora bien, la dirección de Bruno Barreto se siente errática, brinca varias veces de una situación a otra sin que parezca concluirla. Cuando el espectador está a punto de establecer una conexión con las circunstancias de uno u otro personaje, Barreto cambia el tono y nos lleva a otro momento. Los tiempos están mal planteados, es difícil darse idea de cuantos años pasan.

Miranda Otto está bien como Elizabeth, contenida, severamente reprimida, lo cual sólo alcanza a aflojarse  cuando bebe. Su alcoholismo se va convirtiendo en un grave obstáculo para su salud mental, y la de su relación con Lota. Parecería que Elizabeth, a pesar de su exquisita sensibilidad artística, no sabe cómo ser feliz, no encuentra lo que le gusta, no se siente satisfecha nunca.

Por su parte, la actriz brasileña Glória Pires se pone bien en el personaje de Lota, la parte enérgica y masculina de la relación. Quizá me adelanto pero a esta historia le hizo falta más piel, más vísceras. Por sus perfiles, me queda la impresión de que ambas actrices prefirieron no aparecer desnudas, lo cual de ninguna manera sería necesario si en el guión hubieran más momentos de  tensión, puntos de quiebre, y giros, que nos permitieran conocer, desnudar,  las verdaderas almas de estas dos excepcionales mujeres en su búsqueda del amor, de su esencia, de sí mismas.

Aun así, en una cartelera muy mediocre Tocando la luna es de lo que se deja ver.

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