Mommy

Se me ocurren muchos adjetivos para tratar de definir al talentoso y muy joven cineasta canadiense Xavier Dolan: protagónico, arrogante, excesivo, egocéntrico, melodramático; pero también agudo, sensible, creativo, emotivo, humano… sin duda, brillante. A sus escasos ...

Se me ocurren muchos adjetivos para tratar de definir al talentoso y muy joven cineasta canadiense Xavier Dolan: protagónico, arrogante, excesivo, egocéntrico, melodramático; pero también agudo, sensible, creativo, emotivo, humano… sin duda, brillante. A sus escasos 25 años, desde 2009 ha estado presente en diferentes apartados del Festival de Cannes, incluyendo la Sección Oficial. Este año se llevó el Gran Premio del Jurado con la película Mommy, compartiéndolo con nada menos que Jean-Luc Godard y su cinta Adiós al lenguaje.

En éste, su quinto largometraje como director, Dolan no forma parte del reparto como ha hecho anteriormente. En 2013 recibió varias nominaciones y premios por Tom en el granero, por la que en el Festival de Venecia le otorgaron el FIPRESCI-Federación Internacional de Críticos Cinematográficos. En ella dirige, coadapta una obra de teatro, e interpreta al personaje principal. Es una muy recomendable película.

En Mommy, Dolan escribe y dirige una historia planteando una situación ficticia en Canadá, en la que una ley permite a los padres de niños o jóvenes con problemas de conducta, que les representen un riesgo sicológico o físico, ponerlos a cargo de instituciones del gobierno sin que medie un proceso legal para ello y con carácter de irreversible después de 24 horas.

Con una corta filmografía Xavier Dolan ha construido todo un estilo personal que parece reafirmarse en Mommy, en la que destaca su tendencia egocéntrica casi narcisista. Dolan se va a excesos que hacen crispantes algunos momentos y, a pesar de que cae en clichés que rayan en el melodrama y la cursilería en cámara lenta, Mommy es una película potente con gran personalidad, que nos mueve las entrañas y habla de un realizador que va madurando a pasos agigantados.

El eje del relato es una mamá viuda, en sus cuarenta, muy sola, sin dinero, con un hijo de 16 años al que a partir de la muerte del padre se le agudizó un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, que ha convertido en una pesadilla la convivencia con él, tanto para propios como extraños. Steve es peligrosamente violento y no mide las consecuencias de sus acciones y arranques de ira.

La mamá es Diana, a la que llaman Die (reconociéndose el juego de palabras en inglés die-morir). Es una mujer bella todavía, que cree que para verse joven debe vestir y arreglarse como adolescente. Aunque muy elemental y casi primitiva, Die ama enormemente a su hijo y posee una vitalidad y determinación impresionantes. Esas son las únicas herramientas con que cuenta para lidiar con la situación de Steve, que también adora a su mamá, pero que constantemente pierde el control de sus actos y excesos.

La patológica codependencia a la que se puede llegar en el amor entre una mamá y su hijo, ya fue explorada por Xavier Dolan en Yo maté a mi madre, película con la que debutó y que se relaciona estrechamente con Mommy. En esta última vemos a un joven transitando por una dolorosa y trastornada adolescencia en la que extraña al padre, y en la que la mamá se ha convertido en su único lazo con la vida, la libertad, el deseo, el amor. Contra su voluntad Steve parece destruir lo que toca, disfrutando de cada uno de sus primitivos impulsos: prender fuego en una cafetería, robar mercancía en un supermercado, golpear a su mamá, agredir e insultar sin razón. En medio de su trastorno Steve juega peligrosamente con la muerte.

Ante todo esto Die no se da por vencida y decide tener a su hijo en casa. Recién llegados a un nuevo vecindario establecen relación con una mujer misteriosa que vive en la acera de enfrente, Kyla. Lo poco que sabemos de Kyla es que es casada, tiene una hija, es maestra en año sabático, porque tartamudea desde hace dos años, nada más, y creo que nos hace falta, pero Kyla cambia su propia vida y la de sus insólitos vecinos radicalmente.

El trabajo de los tres actores Anne Dorval (Die), Antoine Olivier-Pilon (Steve) y Suzanne Clement (Kyla) completa un triángulo singular en el que con sus soledades y carencias todos tratan de ayudarse a enfrentar la vida.

Mommy se queda con nosotros varios días después de haberla visto, nos impacta, nos mueve, e invita a la reflexión, y después de todo para eso es el cine.

No se la pierda.

Temas: