Guten Tag, Ramón

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Lucero Solórzano 20/08/2014 00:00
Guten Tag, Ramón

Si usted está en ese sector del público que considera que el cine nacional sólo muestra temas sobre la violencia, pobreza, inseguridad, el miedo, el desempleo, la corrupción, la migración, el racismo, con imágenes fuertes y lenguaje vulgar, el México “feo y decadente”, etcétera, etcétera, déjeme decirle que respeto su percepción, aunque no la comparto. En torno a la dolorosa realidad nacional se han filmado grandes películas, y una función importante del cine es mostrarla.

Pero la cinta que hoy nos ocupa es una buena muestra de que “sí hay de otra sopa”, y que también hay historias más ligeras. Guten tag, Ramón (Buen día, Ramón, México-Alemania, 2013) es una comedia bien contada con personajes amables, optimistas; es un relato sobre la misma tragedia del migrante que sale de México en busca de un futuro, pero explorada con un ánimo refrescante, entretenido y hasta divertido.

Dirigida y escrita por Jorge Ramírez Suárez (Conejo en la luna, 20014), Guten tag, Ramón se inicia cuando un grupo de ilegales mexicanos son abandonados por los “polleros” en un camión a la mitad del desierto en Estados Unidos.  Entre ellos viaja Ramón, un adolescente duranguense que está en su quinta deportación. Interpretado por Krystian Ferrer, Ramón es un buen chavo que vive con su mamá y su abuela, quienes lo animan a que lo intente de nuevo pues su situación es realmente apremiante.

Desanimado, Ramón platica con un amigo que le cuenta que tiene una tía viviendo en Alemania, y que debería olvidarse de Estados Unidos y su fallido sueño americano;  en Alemania “no hay migra”. La iniciativa, que se antoja descabellada, va tomando forma y tras vender un terreno Ramón se trepa a un avión y llega a Alemania en pleno invierno. No encuentra a la mujer y, de repente, se ve solo, sin dinero, sin entender una palabra del idioma, y helándose.

Una anciana llamada Ruth, la encantadora actriz Ingeborg Schöner, repara en el jovencito extranjero que se para fuera de una tienda de abarrotes para ayudar a los clientes con sus cosas a cambio de unas monedas, y siente una simpatía inmediata por él. Lo lleva a su casa, y así nace una cálida y muy singular amistad que cambiará las vidas de ambos.

Ruth vive en un edificio de pensionados y le va dando chambas a Ramón, que, trascendiendo la barrera del idioma, va comprendiendo las limitaciones que tienen los ancianos que viven en cada departamento, y empieza a hacerse necesario.

Guten tag, Ramón es una suerte de fábula en torno a la posibilidad de pensar que todavía hay gente bien intencionada y confiable en este mundo. A Ramón no lo miran con recelo, todos quieren ayudarlo, porque además es un chavo con carisma que se gana la simpatía de todos los que lo conocen.

Los obstáculos para la comunicación con diferencias culturales, generacionales, y de idioma, son bien superados en el relato de Jorge Ramírez Suárez. Ramón llega a un mundo radicalmente distinto al nuestro, en el que hay estabilidad económica, los ancianos tienen su sustento y bienestar dignos asegurados por el Estado, los niveles de violencia son mucho más bajos que en su entorno. La gente, en general, es cordial y amistosa. Es decir que Ramón cae en blandito.

El trabajo de los actores es convincente y Krystian y la actriz Ingeborg Schöner parecen haberse entendido bien en el set. La secuencia en la que ella lo invita a cenar, y le habla en alemán de su pasado, su infancia en el periodo nazi, sus pérdidas, y la soledad, mientras Ramón le cuenta en español cómo es su vida en México, su abuela, su madre, etcétera, está muy bien lograda, pues, a pesar de que ella nunca aprende español ni él alemán, ambos personajes parecen presentir en las  miradas y los tonos de voz, la pena y la nostalgia en el alma del otro.

Buena coproducción que resulta muy recomendable.

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