Al mejor postor

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Lucero Solórzano 11/06/2014 01:11
Al mejor postor

Finalmente, Canacine (Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma) ha hecho oficial la disposición de cambiar el día de estreno de los cines de México, de los viernes a los jueves. Este adelanto representa importantes beneficios económicos que se reflejan en mayor o menor medida entre los diversos sectores de la industria cinematográfica nacional, desde los exhibidores que percibirán un jugoso aumento en sus taquillas, ya que tendrán fines de semana de cuatro días pues una buena parte de los espectadores empiezan el fin de semana desde el jueves en la tarde. También se verán favorecidos, porque el miércoles, que es el día de descuentos y promociones, será ahora además la última oportunidad de ver una película por los cambios que se registrarán los jueves.

Los distribuidores, de los cuales parece que no todos están totalmente de acuerdo con la nueva medida, también se verán favorecidos pues sus películas tendrán más tiempo en la cartelera. No estoy muy segura de que las películas nacionales vayan a tener beneficios sensibles estrenando los jueves pues, a fin de cuentas, su desventaja ante los descomunales proyectos y presupuestos para promoción de las producciones estadunidenses, se traslada de viernes a jueves. El gran reto seguirá siendo la difusión del cine mexicano.

De uno de los más conocidos directores italianos de los últimos años, Giuseppe Tornatore, llega a nuestras pantallas la película Al mejor postor (La migliore offerta, Italia, 2013). Tornatore es también autor del guión como lo ha sido en la mayoría de sus películas, ya sea con historias originales o adaptaciones. Su segunda película fue Cinema Paradiso de 1988 con la que irrumpió en la escena cinematográfica internacional. A sus 33 años alcanzó un gran éxito comercial y de crítica, ganó el Oscar y el Globo de Oro a la mejor cinta en lengua extranjera de 1990, y se llevó infinidad de premios y reconocimientos en todo el mundo.  Cinema Paradiso es hoy un gran clásico del cine.

Giuseppe Tornatore es especialmente hábil en la dirección de actores y sabe manipular las emociones de los espectadores,  que de inmediato se conectan con sus historias y personajes. Para algunos es demasiado sentimental, pero para otros eso es precisamente lo que hace atractivo su cine.

Construyendo desde 1990 una interesante filmografía en la que destaca Todos estamos bien (mal “refriteada” después por el cine norteamericano, aun con la presencia de Robert De Niro), Una pura formalidad, El fabricante de estrellas, La leyenda de 1900, Malena, La desconocida, Baaria, Tornatore es un gran contador de historias del que llama la atención su tono nostálgico y hasta melancólico, la forma detallada en que construye a sus personajes, la expresión de su propia biografía y la presencia intermitente de Italia a la que siempre homenajea y vuelve en sus películas.

Al mejor postor está ubicada en Roma, pero viaja a Viena, Londres y Praga. Cuenta la historia  de Virgil Oldman, interpretado por Geoffrey Rush, que es muy convincente como un hombre atormentado, solo y solitario, antisocial y aquejado  por un severo trastorno obsesivo compulsivo. Oldman es un anticuario acaudalado y de prestigio,  posee una enorme casa de subastas y tiene un gran colmillo para reconocer originales y copias en el arte, pero lamentablemente no en las personas. Un día recibe una llamada misteriosa de una mujer joven, que lo busca para que se encargue de la clasificación, avalúo y venta de los objetos artísticos que abundan desordenadamente en la enorme villa que heredó de sus padres. De momento, Oldman no se interesa, pero algo ya no le permite resistirse pues la joven, como él mismo, sufre de un desorden mental: tiene agorafobia. Poco a poco, Oldman se va sintiendo seducido por el halo de misterio que rodea esa derruida villa romana y su enigmática moradora.

El relato funciona muy bien, y aunque se hace predecible, junto con el anticuario vamos quedando atrapados en una telaraña de preguntas (innecesariamente explicadas hacia el final), con sus muy buenos momentos, acompañados de la música del gran cómplice de este director: Ennio Morricone.

No es lo mejor de Giuseppe Tornatore, pero es muy recomendable.

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