El gran hotel Budapest

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Lucero Solórzano 25/04/2014 00:00
El gran hotel Budapest

Las películas de Wes Anderson son como abrir un libro lleno de imágenes, paisajes y escenarios que estructuran una realidad paralela, poblada de seres poco convencionales y concebida por la imaginación y fantasía del niño que sigue albergando dentro de él.

 Es lo que escribí en este mismo espacio hace algunos meses, al momento del estreno de la película de Anderson, Un reino bajo la luna (Moonrise Kingdom, Estados Unidos 2013). Hoy llega a las pantallas nacionales El gran hotel Budapest (The grand hotel Budapest, Estados Unidos-Alemania 2012) y el cineasta demuestra que se sigue superando en la realización de un cine personal, inteligente, muy fino, con todo su sello característico. Es de los pocos creadores cuyas películas van siendo mejores que las anteriores.

Es el caso de la película que nos ocupa hoy. La historia en El gran hotel Budapest se ubica en otra de esas realidades alternas que tan bien desarrolla Anderson. Él afirma que se inspiró en obras de Stefan Zweig. De este autor sólo estoy familiarizada con Impaciencia del corazón y no la reconozco en la película, pero el escritor austriaco tiene otros muchos relatos de los que probablemente sí se encuentren referencias.

No hay que buscarle demasiado a las producciones de Wes Anderson. Su cine es casi de cuentos de hadas para adultos. Le encanta ser efectista, sus películas son una explosión de color, escenarios, efectos especiales, y muy cuidada iluminación. Es un realizador que protege mucho las formas, pero no por ello descuida o sacrifica el fondo. Los relatos son divertidos, con un depurado sentido del humor que raya en la inocencia, y que habla de una mente fantasiosa y muy inteligente.

Los personajes suelen ser personas con cierto grado de inadaptación, circunspectos, misteriosos, casi inexpresivos, todo un homenaje a Buster Keaton. El ritmo es impecable, cada personaje se va encadenando con el otro sin que decaiga la acción. Sus guiones fluyen de manera fresca y espontánea, redondea las subtramas con naturalidad, no deja cabos sueltos. El gran hotel Budapest se luce con un reparto de actores de primera, grandes nombres de la escena cinematográfica actual. Se inicia en los ochenta cuando un escritor (Tom Wilkinson) se dirige a la cámara para hablar con nosotros y contarnos una historia “que le contaron a él”: la del Gran Hotel Budapest, sus dueños, huéspedes, empleados, y de las intrigas que se gestaron entre sus elegantes habitaciones, cortinas, muros, tapetes, cuadros y decorados.De ahí viajamos al pasado, a la juventud de este escritor (Jude Law), al que un hombre misterioso, Mr. Moustafa (F. Murray Abraham),  le cuenta cómo adquirió el prestigiado hotel. La figura omnipresente del narrador, que tanto gusta a Anderson, queda así a cargo del personaje de Law. En un salto más al pasado, jugando con el recurso de una historia dentro de otra y otra más, nos quedamos en los tiempos de esplendor del enigmático hotel por allá de los años treinta. Ubicado en las intrincadas montañas de algún rincón imaginario de Europa Oriental, el Budapest es famoso por su elegancia e impresionantes instalaciones, pero especialmente por su servicio, encabezado por el eficiente conserje, Gustave H., en una compleja y muy buena interpretación de Ralph Fiennes. Gustave es el eje de rotación del relato. Su entrega en el cumplimiento de su trabajo es absoluta y lleva una curiosa relación con el “botones” o lobby boy, un joven indio, apocado y con expresión permanente de asustado que se llama Zero, y con el que forma una singular pareja. La música es una verdadera delicia a cargo, de nuevo, de Alexandre Desplat; el soundtrack está de no perdérselo. El resto de los actores son ya conocidos en el cine de Anderson: Bill Murray (en su séptima colaboración juntos), Edward Norton, Tilda Swinton, Adrien Brody, Harvey Keitel, Willem Dafoe, Jason Schwartzman, Owen Wilson; además del propio Fiennes, Jeff Goldblum, Tom Wilkinson, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Saorsie Ronan, y el joven Tony Revolori como Zero.

No le doy más detalles y mejor lo invito a que no se pierda esta maravilla de película.

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