Los infieles: no es lo que parece

No le niego algunos destellos que mueven a la risa, pero son pocos.

Como parte del pasado Tour de Cine Francés cuya próxima edición ya se prepara en estos momentos, llega a su estreno comercial Los infieles (Les infidèles, Francia, 2012), una película desarticulada y prescindible que hace toda una apología a un tema más que explorado, aunque con elegancia en otras cinematografías: la infidelidad masculina.

Descansando en la premisa de que los hombres-macho alfa son por naturaleza polígamos y que es imposible que se mantengan unidos a una sola mujer, un grupo de actores y directores colaboran para armar esta película que se compone de varias historias y personajes mal desarrollados, sin más hilo conductor que el tema de la infidelidad, lo que lleva al espectador a perderse en el relato.

En las cinematografías francesa e italiana hemos visto ejemplos divertidos y bien contados sobre seductores encantadores o destructivos, y maridos traviesos que hacen desatinar a sus abnegadas esposas.  Marcello Mastroiani, Vittorio Gassman, Alain Delon, Jean Paul Belmondo y hasta Ugo Tognazzi son grandes representantes de esas comedias que sin perder el buen gusto podían ser irreverentes y divertidas para presentar maridos infieles que fueron adorados por los espectadores.

Pero parece que los creadores de Los infieles carecieron de imaginación para desarrollar un argumento ingenioso aunque sí pretencioso, en el que los actores Jean Dujardin el de El Artista cuya actuación en esa película considero muy sobrevalorada, y Gilles Lellouche, son los protagonistas interpretando a varios personajes, todos cuarentones en plena crisis y desesperados por meterse en la cama de cualquier mujer que no sea su esposa.

Aunque es claro que no hay una  intención por explorar desde una óptica sicológica o antropológica seria,  el llevado y traído adulterio masculino, pudieron haber hecho una comedia divertida, algo más digno y que no cayera en la vulgaridad y el pésimo gusto como sucede con algunos sketches en Los infieles.

Entre los directores de las siete viñetas están los propios actores Dujardin y Lellouche, que se van poniendo en la piel de varios personajes para cerrar el círculo en un final que se sacan de la manga a partir de una aventura en Las Vegas que se siente forzada y buscando, sin suerte, la manera de terminar la película en un punto alto.

No le niego algunos destellos que mueven a la risa –pero son pocos–, y dentro de su tono de comedia hay algunos momentos dramáticos. Está construida con base en esas siete historias que no mantienen el ritmo, la originalidad ni la calidad; no tienen una separación evidente, no hay títulos ni elementos que anuncien que termina una y empieza otra. Esto la hace un poco plana y se dificulta separar una historia de la siguiente y sus personajes. Además al estar algunos actores entrando y saliendo de las historias,  interpretando diferentes tipos de hombre la confusión se agudiza.

Vista desde una óptica completamente machista y misógina, la infidelidad es sólo un pretexto para contar siete historias que van desde la del gris empleado desesperado por tener sexo y al que nadie soporta en una convención de negocios, y la de la sesión de terapia de un grupo de hombres infieles ante una singular terapeuta. El segmento de la adolescente y el de la pareja que cae en un juego de desconfianza a partir de una simple sospecha, son los más logrados, casi como para desarrollar un largometraje con cada uno de ellos.

A fin de cuentas la idea que queda es ¿por qué son infieles los hombres?: ¿por buscar el placer?, ¿por hacerse del poder?, ¿por reafirmar su virilidad? ¿porque se les da la gana?... ¿porque pueden?

          6/10

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