C’est la guerre
Mucho se ha escrito sobre las similitudes entre la política y la guerra. Las elecciones en un régimen democrático comparten el mismo lenguaje con un conflicto bélico. Pero una cosa es este tipo de semejanza y otra muy diferente cuando se decide cruzar el Rubicón para aniquilar al enemigo político

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Las elecciones en México están cruzando ese umbral entre una competencia normal democrática a un combate descarnado por el poder que se parece más a una guerra. Para el gobierno de Peña Nieto y su partido, el PRI, ya no se trata de una cuestión de preservar el poder, sino de supervivencia humana. Entre irse a la cárcel por corrupción, como ha sucedido con varios exgobernadores priistas que han perdido las elecciones, o ganar a como dé lugar, la opción es muy clara.
Mucho se ha escrito sobre las similitudes entre la política y la guerra. Las elecciones en un régimen democrático comparten el mismo lenguaje con un conflicto bélico: campaña, batalla, terreno, conflicto, ataque, estrategia, tierra, aire, frente, etcétera. Pero una cosa es este tipo de semejanza y otra muy diferente cuando se decide cruzar el Rubicón para aniquilar al enemigo político, aunque esto signifique el fin de la República.
¿Cómo comenzó esta historia?
Quizá el gobierno priista tenga la culpa por haber tratado de ensuciar la imagen de Ricardo Anaya con una serie de acusaciones de enriquecimiento ilícito en su contra. Quizá la culpa la tenga el líder del PAN, y el más seguro candidato presidencial de ese partido, por su reacción al haberle declarado, literalmente, la guerra al gobierno priista. Enojado por los ataques en su contra y los fracasos electorales del PAN en el Estado de México y Coahuila este año, Anaya prometió “investigar los delitos de corrupción, enriquecimiento ilícito y narcotráfico que se hayan cometido en la actual administración”. Para eso sería necesario el nombramiento de un nuevo fiscal verdaderamente autónomo del Poder Ejecutivo Federal. Con éxito, el panista bloqueó la propuesta del presidente Peña de “pase directo” del que era procurador en funciones a primer fiscal autónomo: Raúl Cervantes.
A partir de entonces, las alarmas se prendieron en el gobierno y el PRI. La derrota en la elección presidencial de 2018 ya no era opción porque podría significar una persecución judicial, con todo y cárcel, comenzando nada menos que con el Presidente. Nunca habían confiado en López Obrador y, ahora, tampoco en Anaya. Cualquiera de los dos, con el poder del Estado en sus manos, podría llevarlos a prisión. Lo que estaba en juego era mucho. Como había declarado Anaya, era efectivamente la guerra.
Y la guerra siempre saca lo peor de las personas. Ya no es una competencia por la continuidad en el poder, sino por la sobrevivencia. Si el futuro es la cárcel, mejor hacer todo lo posible por ganar y evitar ésta. Es lo que está haciendo, me parece, el gobierno de Peña y su partido.
Y es lo que explica, supongo, el despido de Santiago Nieto como fiscal electoral. En vísperas de la elección del año que viene, había que detener cualquier investigación relacionada con los presuntos sobornos de Odebrecht. Misteriosamente, Nieto, que en un principio dijo que lucharía por objetar su remoción frente al Senado, renunció argumentando que no había condiciones para regresar a su puesto. ¿Qué pasó? ¿Lo presionaron? No lo sé. Lo que sé es que, en el mejor de los casos, la destitución de Nieto retrasará la investigación sobre Odebrecht y, en el peor, la sepultará. Esto, sin duda, beneficiará al gobierno y su partido.
¿Coincidencia? No lo creo. Por el contrario, pienso que es parte de la estrategia de Peña y los priistas para ganar “haiga sido como haiga sido” (Felipe Calderón dixit). Y el mensaje ha sonado fuerte y claro: “c’est la guerre”.
Es la guerra. Estamos dispuestos a todo con tal de ganar. Si es necesario, vamos a cometer todo tipo de actos, aunque contravengan los principios de la democracia liberal, con tal de no acabar en la cárcel. Hemos cruzado el Rubicón y llevamos las de ganar porque tenemos el poder del Estado. Podemos presionar a todos aquellos que se interpongan en nuestro camino. Controlamos el gobierno federal y varios de los estados. Nuestras zanahorias y palos son innumerables. Contamos con miles de millones de pesos de la chequera pública. Podemos castigar a todos los rejegos. Tenemos policía y cárcel. Esta no es una elección común y corriente para nosotros. No. Es una elección donde nos estamos jugando el pellejo. Así que agárrense porque c’est la guerre.
Twitter: @leozuckermann