Premios a los ciudadanos que vayan a votar
Si todos los inscritos en el padrón electoral sufragaran, se volvería prácticamente imposible comprar el voto

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Sigo con el tema del financiamiento de los partidos y las campañas electorales. Hoy voy a tratarlo desde otro ángulo: el de los gastos. Tenemos que disminuir las partidas que erogan los partidos para tratar de comprar el voto. Para eso puede haber una buena solución: obligar, más bien incentivar, a que más gente salga a votar. Me explico.
Mucho del incremento en el financiamiento público y las cada vez mayores inyecciones de dinero ilegal en las campañas (de gobiernos, empresas y crimen organizado) se debe al voraz intento de todos los partidos de ganarse la voluntad ciudadana repartiendo todo tipo de bienes materiales e incluso dinero en efectivo. De tratar de comprar el voto, pues. Entre menos electorales salgan a votar el día de la elección, esta operación sale más barata. Se vuelve más factible ganar repartiendo “regalos”.
Por el contrario, si todos los ciudadanos inscritos en el padrón electoral salieran a votar, se volvería prácticamente imposible hacerlo. Imaginemos que en la elección presidencial salieran a sufragar los 86 millones de mexicanos inscritos en la lista nominal. Dejémoslo en 80 millones por los muertos que hay y la gente que se enferme ese día. No hay presupuesto que alcance para comprar el voto de tanta gente. No por nada, en países donde el voto es obligatorio, como Perú, el costo de las campañas ha disminuido gracias a la alta participación.
El problema del voto obligatorio es cómo hacerlo precisamente obligatorio. En los países donde existe, al que se abstiene se le cobra una pequeña multa o se le ponen algunas trabas para la expedición de documentos oficiales. Confieso que no me gusta este tipo de medidas coercitivas. Por eso, siempre he visto con cierto resquemor el tema del voto obligatorio. Hasta que me llegó un correo electrónico de Ricardo Cabo Álvarez, ingeniero civil de la UNAM, con una idea que me pareció brillante.
Con razón, dice Ricardo que “las toneladas de dinero que utilizan los partidos políticos son para conseguir votos, comprando el voto, obsequiando cualquier cosa, ofreciendo lo que no habrán de cumplir, es por ello que tienen urticaria porque ni idea tienen de cómo ganar sin este enorme recurso”. Propone, entonces, “que los electores vayan a votar, estimulándolos con la posibilidad de obtener algún beneficio en efectivo, sin la mano negra de los dizque partidos políticos y los inútiles que están pegados a la ubre”. La idea, original de Felipe Daniel Ruanova Zárate, es la siguiente: una vez terminada la elección, el Instituto Nacional Electoral procede a celebrar un sorteo con un premio de cien millones de pesos, diez de diez millones, cien de un millón, mil de cien mil, diez mil de diez mil y cien mil de mil pesos. La bolsa total de premios ascendería a 600 millones de pesos que se repartirían a 111,111 votantes que sí asistieron a votar.
Esto en la elección federal (para elecciones estatales y municipales se podrían hacer sorteos con bolsas menores). El monto puede sonar excesivo, pero, créame, por lo que yo he escuchado de lo que se gastan los partidos en las operaciones de compra de votos con dinero que entra por debajo de la mesa, la suma no resulta tan descomunal.
En la propuesta de Ruanova, participan todos los ciudadanos inscritos en el padrón: “los números que salgan premiados se entregarán al elector que haya acudido a sufragar; en caso contrario, el dinero se dona a la UNAM”. Yo cambiaría esto: si sale un premiado que se abstuvo, se vuelve a sortear hasta que salga alguien que sí participó. Lógicamente, para evitar suspicacias, tendría que excluirse “a todos los candidatos, los miembros del INE, tribunales electorales y funcionarios de los cuatro niveles superiores en los gobiernos federal, estatales y municipales”.
Me parece una idea brillante. Felicito a Ruanova por pensarla y agradezco a Cabo Álvarez por compartirla. Con ella se resuelve el problema coercitivo del voto obligatorio. En lugar de estar castigando a la gente que no vote, estaríamos incentivando a que sí lo hicieran. Yo quiero ver qué mexicano se abstiene cuando sepa que puede llevarse una buena lanita por participar. Tan sólo pensemos en el poder que tendría la imagen del suertudo que se llevó cien milloncitos sólo por haber ido a votar.
Twitter: @leozuckermann