Andrés “El ya merito” López Obrador
Más le vale a AMLO que se coma sus palabras porque, si de verdad quiere ganar la Presidencia en 2018, lo mejor sería negociar en serio con sus excompañeros del PRD.

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Tiene razón López Obrador al afirmar que Morena quedó fortalecido rumbo a la elección presidencial de 2018. Este partido, de reciente creación, fue el que más creció en los comicios del domingo pasado. En el Estado de México, su candidata, Delfina Gómez, obtuvo el segundo lugar con un millón 787 mil votos, equivalentes al 30.8% del total. En Coahuila y Nayarit, estados donde tradicionalmente no pinta la izquierda, sus candidatos a gobernador lograron 12% de los sufragios (106 mil y 55 mil votos, respectivamente). En Veracruz, Morena se llevó varias presidencias municipales importantes, posicionándose en el segundo lugar de esa entidad por detrás de la alianza PAN-PRD. Excelentes números, pero…
López Obrador una vez más se quedó a un pelito de ganar la elección más importante de todas, la de gobernador del Estado de México. ¿Por qué?
Porque, de nuevo, la regó cuando estaba a punto de ganar. Mucho se ha dicho, incluso se ha vuelto un cliché, que el peor enemigo de López Obrador es López Obrador. Cuando se le están alineando las estrellas, el tabasqueño comete errores importantes. Es autodestructivo frente al posible éxito electoral.
Delfina Gómez, su candidata, subió rápidamente en las encuestas. Ya estaba empatada con Alfredo del Mazo del PRI. Había que dar un último estirón para rebasarlo. ¿Y qué hizo López Obrador? Meter la pata.
Se alió con una de las peores fuerzas de la política mexicana: el grupo de maestros sindicalizados encabezado por Elba Esther Gordillo. Una alianza sin pies ni cabeza para un candidato que pretende posicionarse como la alternativa antisistémica del país. Como diría Juan Gabriel, “pero qué necesidad”. Lo peor es que tenía una opción más digna y ganadora: buscar el apoyo con su aliado más natural, el PRD.
Qué error el de Andrés Manuel al haber tratado con tanto desprecio a su expartido. En lugar de negociar con los perredistas, de igual a igual, repartiéndose posiciones políticas, les exigió sumisión completa a su proyecto. Con la arrogancia del que se siente vencedor, AMLO lanzó varios ultimátums: si no declinaba Juan Zepeda a favor de Delfina Gómez, Morena rechazaría la alianza con el PRD para las elecciones presidenciales de 2018.
¿Por qué no abrió López Obrador una negociación seria con los perredistas? ¿Por qué los señaló como parte de la mafia del poder? ¿Por qué la rabia en contra del perredismo? ¿Dónde quedó el amor fraternal, que tanto pregona, con sus excompañeros?
Los ultimátums de las dos últimas semanas de campaña sirvieron para que el candidato del Partido del Trabajo declinara a favor de Gómez, no sin pagar el costo de la filtración de un audio donde Óscar González despotricaba contra AMLO para luego irse a echar a sus brazos. Pero el PRD no es, todavía, un partiducho oportunista como el PT. Sigue estando vivo, teniendo fuerza electoral propia, como lo demostró el domingo. Su candidato, Juan Zepeda, se llevó el tercer lugar en los comicios mexiquenses con un millón 32 mil votos, equivalentes al 17.8%. Nada mal.
Resulta que la suma de los partidos de izquierda en el Estado de México (Morena, PRD y PT) fue 47.7% del total. Unidos, hubieran arrasado. Divididos, le pusieron la mesa al triunfo del PRI. ¿No tiene la culpa el que demandaba declinación y subordinación?
Claramente, López Obrador no entendió la lección de 2006, cuando desdeñó al otro partido de izquierda que estaba en la boleta, Alternativa Socialdemócrata y Campesina, que sacó el 2.71% de la votación. De haberse unido con ellos, con la mitad de esos votos, hubiera ganado la elección presidencial de ese año, que perdió por un margen estrecho de 0.6%. Pero, por arrogante, o un deseo inconsciente de perder, el tabasqueño le volteó la cara a Patricia Mercado.
Ahora, de nuevo, lo hizo con el PRD. Y está en un brete porque ya prometió que no recibirá en el reino de Regeneración Nacional a los perredistas que se rehusaron a declinar a favor de Morena. Más le vale que se coma sus palabras porque, si de verdad quiere ganar la Presidencia en 2018, lo mejor sería negociar en serio con sus excompañeros. Son ellos, los perredistas, los que podrían tener la llave para abrir la puerta de Los Pinos como demostraron el domingo. Si el PRD pone a un candidato presidencial razonablemente bueno, esos cinco, diez o quince puntos porcentuales que puedan obtener en 2018 podrían convertirse en el factor decisivo para que AMLO vuelva a perder en su tercer intento por llegar a la Presidencia. Que se quede, de nuevo, a tiro de piedra. En otro “ya merito”, como el de 2006 o el del domingo pasado.
Twitter: @leozuckermann