La sal de la tierra

Por Salvador Franco Reyes Resulta toda una sorpresa encontrar en la cartelera La sal de la tierra, el desafiante documental de Wim Wenders y Juliano Ribeiro, estrenado hace seis semanas. El poderoso relato, distribuido por ND Mantarraya y Cinépolis sí, la misma empresa ...

Por Salvador Franco Reyes

Resulta toda una sorpresa encontrar en la cartelera La sal de la tierra, el desafiante documental de Wim Wenders y Juliano Ribeiro, estrenado hace seis semanas.

El poderoso relato, distribuido por ND Mantarraya y Cinépolis (sí, la misma empresa que nos satura con Avengers en, prácticamente, todas sus pantallas) sigue desde la intimidad, la majestuosa carrera del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, desde que por casualidad sostiene su primera cámara, hasta que, retirado en un bosque sudamericano, analiza cada una de las decisiones de su vida.

A pesar de tener una estructura que podríamos calificar de tradicional, el documental no es un trabajo fácil de ver. Incluso, podría decir que es un audiovisual doloroso, del que a veces quisiéramos retirar la vista en vez de atestiguar, a través de la lente de Salgado, algunos de los episodios más violentos de la humanidad, que irremediablemente nos han arrastrado a los mismos lugares: la hambruna, los éxodos y la muerte.

Pero en medio de todo eso está el dolor, la frustración y la desesperanza, que no deja espacio para la esperanza, la redención o el perdón.  Salgado, quien ha visto desde la primera línea los sucesos más terribles cometidos por el hombre, habla con una tranquilidad mística, como si se tratara de un monje que, a través de su brillante memoria, recuerda decenas de anécdotas que rodearon cada una de sus icónicas fotografías, de sus fantásticos viajes y de los invaluables testimonios compilados en forma de libros que resultaron de los mismos. Su hijo, Juliano Ribeiro y Wenders, también, bordean la vida familiar del fotógrafo, para mostrarlo de cerca, hablando de su mujer o de su segundo hijo con un retraso mental, aunque en medio del camino parecen arrepentidos y deciden ponderar la obra sobre el hombre.

Visualmente La sal de la tierra también es irreprochable, aunque más por las imágenes de Salgado que por la propuesta de los realizadores, quienes neutralizan su propuesta estética a favor del lucimiento de toda la obra en blanco y negro de uno de los mejores narradores de nuestros tiempos. Y lo mismo pasa con el desenlace, porque a pesar de un evidente pesimismo del protagonista, quien sabe que el ser humano no ha aprendido de sus propias masacres, termina con un tributo a la belleza del planeta. Una metáfora difícil de consolar después de ver la devastación no del planeta, sino del corazón de miles de personas que acabaron con la vida de millones más. Triste, profundo y doloroso, pero terriblemente entrañable.

DIRIGEN

  • Wim Wenders
  • Juliano Ribeiro.

Temas: