Tan negro como el carbón
Por Alonso Díaz de la Vega Al final de El tercer hombre The Third Man, 1949, Anna Schmidt Alida Valli camina con una prisa disimulada. Al final del camino, a la orilla izquierda del encuadre, la espera Holly Martins Joseph Cotten, el hombre que provocó la muerte de su ...
Por Alonso Díaz de la Vega
Al final de El tercer hombre (The Third Man, 1949), Anna Schmidt (Alida Valli) camina con una prisa disimulada. Al final del camino, a la orilla izquierda del encuadre, la espera Holly Martins (Joseph Cotten), el hombre que provocó la muerte de su amante, Harry Lyme (Orson Welles). Anna lo rebasa como si no estuviera ahí para humillarlo; para vengar a Harry, aunque también ama a Holly.
En Tan negro como el carbón (Bai ri yan huo, 2014), de Diao Yinan, sucede la misma escena cuando se ha resuelto el misterio de un asesino que esparce los miembros de sus víctimas en el carbón de toda China. Diao busca inscribir su película en la tradición del film noir de Carol Reed y, por otro lado, del neo-noir de Ridley Scott. Esta segunda influencia aparece en los colores moribundos, asfixiados por sombras, y la arquitectura vetusta y sucia de China, que en ocasiones pareciera una ciudad de fantasmas no poblada por gente, sino por los rastros que dejaron en el tiempo.
La imaginería del filme es fiel a las metas de la tradición noir: la denuncia de una sociedad doliente, escondida por la propaganda oficial y sus condenas a la crítica y la divergencia. Jia Zhangke nos mostró una China muy similar en Un toque de pecado (Tian zhu ding, 2013), pero mientras Jia se aseguró de que su trama exhibiera la enfermedad del cuerpo chino, con sus pústulas y sus laceraciones, Diao mantiene la marginalidad al margen. En la cinta de Jia, el poder es una entidad viva y demoniaca que come la carne de los desposeídos y los débiles para mantenerse fuerte. En la de Diao, la primera imagen, donde un brazo es transportado en medio del carbón mientras los mineros cantan, sugiere una resonancia épica; una sentencia de la caída que acarreará a toda China junto con el responsable. El crimen, sin embargo, resulta ser de naturaleza pasional y, por tanto, íntimo. Para resolver el dilema, Diao añade lo que pareciera ser otra película que enfatiza la explotación que hacen los poderosos de los pobres. La acusación sistémica resulta un apéndice de la trama, no el centro.
Sin embargo, la atmósfera en que se desarrolla el filme explora de manera más clara la inmoralidad y la desilusión: entre las condiciones de trabajo peores que despreciables, grotescas; los trozos de humanos que aparecen en el carbón y la sopa, y los empresarios que ganan 100 mil yenes en un día mientras sus empleados pierden el control en arranques de furia, Diao expone el paraíso de Mao y de Xi Jinping como perdido. Si el centro de su narrativa resulta indirecto y acaso distraído de su crítica, su imagen general de la China moderna es una acusación que a pesar de la sutileza dramática, resulta ineludible.
DIRIGE
- Diao Yinan
ACTÚAN
- ELiao Fan
- Gwei Lun-Mei
@diazdelavega1
