Club sándwich

Por Alonso Díaz de la Vega Las cintas de Fernando Eimbcke conllevan una revelación inevitable. La adolescencia de sus personajes crea un contexto que conduce a la epifanía, la desilusión y, finalmente, la reconciliación con la realidad. En viajes inertes de impresiones ...

Por Alonso Díaz de la Vega

Las cintas de Fernando Eimbcke conllevan una revelación inevitable. La adolescencia de sus personajes crea un contexto que conduce a la epifanía, la desilusión y, finalmente, la reconciliación con la realidad. En viajes inertes de impresiones que transforman las promesas de la infancia en las realidades de la edad adulta se crea un ser nuevo que en la desilusión encuentra una oportunidad para crecer. La escasa acción no sólo dramática, sino física, es un reflejo del pensamiento de Eimbcke: el cambio es interno. En Club Sándwich (2013) es un estímulo exterior, la sexualidad, la que activa la transformación, pero es un par de espíritus el que se entrega a este llamado a lo nuevo. Paloma (María Renée Prudencio) y Héctor (Lucio Giménez Cacho), madre e hijo, son llamados hacia una vida que desconocen, la madurez, por los deseos que despierta Jazmín (Danae Reynaud) en el adolescente.

Paloma, en mayor medida que su hijo, muestra un estancamiento en la juventud, el tiempo de los placeres y la inconsecuencia, aunque su maternidad le demuestra sus responsabilidades. Para ella, como para los adolescentes, ante el riesgo “no pasa nada”. En Paloma existe una oposición al cambio y a la madurez, que contrasta con su edad física y su insatisfactorio rol como madre. La relación que sostiene con Héctor parece una entre amigos y posee una libertad vasta en el lenguaje y en los temas que discuten. “¿Crees que soy sexy?”, le pregunta Héctor con indiferencia. Entre ambos el tabú es una invención del mundo, una exageración pudorosa de una sociedad obsesionada por las reglas. En su unión fuera del mundo están solos. Paloma depende de Héctor emocional y sicológicamente, hasta el punto en que la aparición de Jazmín no sólo le provoca celos, sino la apocalíptica impresión de que su vida entera colapsa. Héctor es su remedio contra la soledad, y la relación de él con la jovencita significa un abandono de la vida que ambos conocen.

En esencia, lo que nos muestra Eimbcke con su filme es una rendición ante el flujo del tiempo. La partida de los hijos no es una traición: es una evolución individual hacia la autonomía. Para Paloma, la frase “vete por unas papas” es demoledora, pero para nosotros, que entendemos su necedad en retener a su hijo como absurda, es cómica. La separación es necesaria, y es dolorosa debido sólo a una renuencia a aceptar los ritmos de la existencia. El instinto cómico de Eimbcke se burla de la indisposición a aceptar la naturaleza y refleja nuestra lucha y la de nuestros padres por encontrar en la fragmentación del núcleo familiar una oportunidad para reencontrarnos.

Dirige:

  • Fernando Eimbcke.

Actúan:

  • María Renée
  • Prudencio.
  • Lucio Giménez Cacho.
  • Danae Reynaud.

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