EL CIELO SÍ EXISTE

COMPARTIR 
La Critica 27/06/2014 00:19
EL CIELO SÍ EXISTE

Por Alonso Díaz de la Vega

Aunque en un registro más alto que la beligerante y condescendiente Dios no está muerto (2014), El cielo sí existe (2014) es una cinta que su director, Randall Wallace, maneja en un tono muy similar. Pareciera que el cine de temática religiosa, particularmente el menos crítico hacia su propio discurso —lo cual no implica desestimarlo, sino cuestionarlo con el fin de recortar la falacia—, sigue una fórmula muy específica que lo encasilla en un género basado en convenciones que tratan irrespetuosamente a su audiencia. Desde la música, que de manera obvia guía a los espectadores hacia un sentimiento muy específico sin la menor calidad estética, hasta la torpe narración que reduce las vidas de sus personajes a un evento espiritual, estas cintas amenazan: “Estás conmigo o contra mí”. Para muchos fieles no es difícil elegir, pero para los infieles, una mayoría compuesta por creyentes de denominaciones ajenas a la de la película, agnósticos y ateos, lo que se presenta en pantalla no es una invitación, sino una afirmación de una fe totalmente ajena aun después de la proyección.

La falta de complejidad en la forma es meramente una proyección de la simpleza en la historia de Colton Burpo (Connor Corum), un niño que, durante una cirugía, se desprende de su cuerpo y visita el Cielo, donde Jesús le presenta a su bisabuelo y a su hermana nonata. La extraordinaria historia altera a su padre, el ministro wesleyiano Todd Burpo (Greg Kinnear), quien sufre una crisis de fe ante su dificultad para creer en el relato de su hijo. El filme espera que los espectadores confíen en la anécdota por el hecho de estar basada en un caso real y, en vez de construir una discusión teológica que convenza, dibuja algo más cercano al mito urbano. Como los peores sermones eclesiales, El cielo sí existe no es un diálogo sobre los misterios de la creación y la existencia, y aun menos es un ejercicio dialéctico debido a su natural inflexibilidad. Aunque podría funcionar como las grandes encíclicas que en la búsqueda de la verdad revelan una aventura del pensamiento y una posibilidad de coincidencia, ni siquiera lo intenta. Desafortunadamente, la mayoría de los cineastas cristianos —como la mayoría de los cineastas seculares o de otras iglesias— carecen de inteligencia. Aunque la fascinante De hombres y de dioses (2010), de Xavier Beauvois, palia este padecimiento, los grandes referentes del cristianismo en la cinematografía mundial todavía se remontan a los ejercicios de Robert Bresson, Martin Scorsese, Ingmar Bergman, el ortodoxo ruso Andrei Tarkovsky y el “ateo gracias a Dios” Luis Buñuel.

Dirige:

 Randall Wallace.  

Actúan:

Jacob Vargas.

Kelly Reilly.

Greg Kinnear.

Connor Corum.

 

@diazdelavega1

Comparte esta entrada

Comentarios