Los verdaderos maestros de la política

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José Elías Romero Apis 24/01/2014 02:31
Los verdaderos maestros de la política

                Para María Elena, Fernando y Álvaro Castro,
                en esta mala hora.

 

¿Dónde se aprende la política?, suelen preguntarnos los jóvenes. Cinco han sido las primordiales escuelas mexicanas de entrenamiento y formación política. Todas aportan y todas, también, atrofian.

Primera. El Congreso legislativo aporta atributos muy considerables. Uno de los principales es la humildad política, virtud de todos los grandes estadistas. Ésta proviene de la conciencia que adquieren los congresistas de que nada importante pueden resolverlo en la soledad y en el aislamiento, sino que requieren el concurso de muchos o, mejor aún, el concurso de todos. Esto los lleva al trabajo en equipo, a la práctica de escuchar y a la capacidad de convencer a los demás.

Segunda. El gobierno local aporta magníficas experiencias, tanto en la alcaldía como en la gubernatura. Sus beneficios son el aprendizaje para la toma de aquellas decisiones muy directamente ligadas con las preocupaciones inmediatas de la sociedad: el agua, la seguridad, la vialidad, el transporte, el equipamiento urbano, la educación, el desarrollo y otros temas, así como la capacidad para insertarlos y articularlos en el contexto de la política nacional y en la posibilidad de intermediación entre una sociedad normalmente urgida de soluciones gubernamentales y un gobierno federal que centraliza las mayores posibilidades de acción.

Sus inconvenientes principales son la vertiginosidad de la gestión que envuelve al funcionario en un torbellino más vinculatorio con lo inmediato que con lo transgeneracional.

Tercera. Bien dijo Jesús Reyes Heroles que el partido político es buen maestro, pero muy duro. La actuación en los partidos brinda el mejor entrenamiento para comprender las cuestiones que entusiasman a la ciudadanía, las que le asustan y las que le disgustan. Para comprometerla en operaciones y en pactos políticos. Para administrar sus esperanzas. Para organizarla, casi siempre sin contar con recursos ni con soluciones a la mano.

Sus costos suelen residir en que genera una relativa incapacidad para el aterrizaje de las ofertas. Para cambiar, en el momento necesario, la tribuna por el escritorio y la alegría festiva de la campaña política por la aburrida sobriedad del trabajo de a “de veras”.

El partido ofrece espacios muy diversos para cada perfil de aptitudes y de preferencias, sobre todo los partidos grandes. Operadores organizativos y operadores electorales. Dirigentes y estrategas. Ideólogos y analistas. Oradores y voceros. Formadores de imagen y formadores de grupos.  Reventadores y maquiladores. Técnicos y fajadores. Conciliadores y guerreros. Candidatos y gobernantes. Todos tienen cabida y todos son útiles.

Es en el partido político donde se aprende que todos necesitamos de todos y donde cada quien se enseña a aplicarse a su encomienda sin entorpecer, sin ambicionar y sin menospreciar los espacios y las aptitudes de los demás. Es donde el gran ideólogo académico reconoce y respeta la labor del modesto operador seccional de barrio popular y donde éste sabe que los escritos y los discursos de aquél no son meras imbecilidades inútiles sino, quizás, un mensaje con efectos políticos nacionales incalculables. 

Cuarta. La administración pública es el espacio insuperable para ejercitar las cualidades creativas. Para conocer a fondo los problemas específicos. Para el diagnóstico y la selección de soluciones. Para implementar lo que es posible y desechar lo utópico. Para ser el puente de unión entre las exigencias sociales, los compromisos de la política y las recomendaciones de la sensatez.

Es en la administración pública donde se aprende a hacer funcionar la cosa pública a como dé lugar. Sin recursos, sin apoyos, sin comprensiones, sin las personas más idóneas, sin tecnología, sin equipamiento y, muchas veces, sin soportes normativos ni apuntalamientos políticos. Donde se aprende a trabajar con lo que se tiene y no necesariamente con lo que se quiere. En ella se aprende a trabajar rápido, a desarrollar capacidad de síntesis, a diagnosticar el fondo de los problemas, a imaginar soluciones múltiples, a atender a un público numeroso, a guardar secretos, a conservar distancias y a muchas otras aptitudes.

Quinta. Las tareas de asesoría gubernamental son una magnífica escuela de aprendizaje y entrenamiento político. Desde luego, no me refiero a aquellos “mantenidos” conocidos como “aviadores” que, con su cinismo, han desprestigiado una tarea necesaria para las sociedades. La asesoría de gobierno es un ejercicio que permite el entrenamiento en tareas de análisis profundo, realizadas sin el resplandor de los reflectores, sin la estridencia de las asambleas y sin los apresuramientos de la gestión directa. En el silencio y en la tranquilidad de los cubículos de asesoría se han generado muchas de las resoluciones fundamentales de la nación y se han forjado muy valiosos temperamentos que, con prudencia, serenidad y sabiduría, han podido ver el horizonte generacional.

Bien por los que han logrado el aprendizaje completo.

                *Abogado y político. Presidente de la Academia Nacional, A. C.

                w989298@prodigy.net.mx

                Twitter: @jeromeroapis

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