De lo posible y lo probable...
La idea constante de injusticias en su contra, cuadra con la persona
de alguien como Donald Trump, definido como “un mal perdedor
hasta cuando gana”.
El presidente Donald Trump parece cada vez más empantanado en el escándalo que rodea los contactos, potencialmente impropios, entre algunos de sus ayudantes de campaña y ahora de su gobierno, con funcionarios o entidades del gobierno ruso.
Ya obligado a aceptar la renuncia de su consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, a menos de un mes de haberlo nombrado, Trump encuentra ahora que su procurador general, Jeff Sessions, debió recusarse de intervenir en una investigación sobre sus propios contactos con el embajador Sergey Kislyak, y que él mismo complicó más las cosas el sábado, cuando denunció vía tuit que los teléfonos de sus oficinas habían sido interceptados en octubre pasado por orden de Barack Obama.
Pero no fue exactamente así: fue una operación de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) autorizada por un juzgado especial sobre operaciones de contrainteligencia que, al menos, debió haber examinado razones y pruebas para tal petición.
Pero la denuncia y las quejas de Trump parecen ajustarse al estilo del actual Presidente, al que algunos críticos gustan de caracterizar más como un actor, un promotor, que como un administrador o un empresario.
La idea constante de injusticias en su contra, cuadra con la persona de alguien como Trump, definido como “un mal perdedor hasta cuando gana”.
Lo cierto es que sea lo que sea y tan patético como suene, es el actual Presidente de Estados Unidos, un personaje que persuadió al suficiente número de estadunidenses como para darle el triunfo electoral aunque haya perdido el voto popular.
¿Que le vendió espejitos a sus votantes? Probablemente, y eso fue evidente en el infomercial que pasó el martes pasado como su primer discurso ante una sesión conjunta del Congreso, una ocasión usada antes, por otros presidentes, para sus propias versiones de infomerciales: la presentación de sus metas políticas y de gobierno.
Siempre la retórica ayuda. La evocación de grandes imágenes y exaltadas y grandilocuentes metas es parte del rito de pasaje entre un Presidente electo y un Presidente en ejercicio.
Pero el discurso de Trump fue mucho más un infomercial que otra cosa. Fue una presentación de momentos mágicos en la que los estadunidenses pueden confiar: cremas para reducir de peso y producir físicos esculpidos sin dejar de comer o necesidad de hacer ejercicio; recetas para hacerse millonarios con inversiones sin
salir de casa; curas para el cáncer en pildoritas azucaradas...
Igual en el discurso de Trump. En su cuenta, su simple llegada habría cambiado la ecuación económica mundial y de Estados Unidos, que según su presentación son “ganadores” de nuevo.
El problema, por supuesto, se encuentra en que tiene el poder, y lo usó, para levantar restricciones legales a las acciones antimigrantes de agentes policiacos y hasta de abrir la puerta a la tortura como una nueva normalidad en Estados Unidos.
Su fijación con la idea de construir un muro en la frontera con México fue parte también del discurso y anunció el inicio de trabajos, pero para hacerlo deberá resolver antes una serie de complicaciones legales sobre propiedad y tal vez su régimen no le de tiempo para terminar de solventarlos.
Pero como buen vendedor, eso deberá ser suficiente para que proclame victorias y como ya ha dicho, asegurar que es el Presidente que haya hecho más en sus primeros días de gobierno en la historia de Estados Unidos.
Pero, hasta ahora, Trump no tiene sino palabras e imagen para presentar a cambio de la sensación de crisis, propuestas más o menos cocinadas y frecuentemente mal presentadas, choques con sus aliados, órdenes ejecutivas con consecuencias imprevisibles y una creciente oposición interna.
Y para bien o para mal, esa oposición usa como argumento subyacente la amenaza rusa, reminiscente del macartismo.
El gobierno de Trump está ahora en medio de un escándalo sobre los contactos de sus funcionarios con Rusia. Y como parece habitual, trata de superarlo a base de hacer acusaciones propias y presentarse como víctima. Pero al igual que ocurre en los pantanos, se hunde el que más se mueva o se agite.
El hecho de que las sospechas que llevaron a la vigilancia no hayan tenido fundamento es tan posible como el que los contactos hayan sido legítimos o inocentes. Una y otra nociones están, sin embargo, sujetas a comprobación.
Hoy por hoy, y a sólo 45 dias de su toma de poder, un presidente Donald Trump exitoso está en lo posible, pero de momento hay señales de que un presidente Donald Trump impugnado sea más probable.
