Estados Unidos y México: la realidad política y la realidad geopolítica

La reunión entre los presidentes Donald Trump y Enrique Peña Nieto, 
el próximo 31 de enero, parece un encuentro asimétrico.

La geopolítica es el drama que hoy une a Estados Unidos y a México.

La reunión entre los presidentes Donald Trump y Enrique Peña Nieto, el próximo 31 de enero, parece un encuentro asimétrico. Uno está recién electo y al tope de su poder, por más cuestionado que esté por su propio pueblo: a querer o no es el Presidente legal de Estados Unidos y sus aliados controlan el Poder Legislativo.

El otro se encuentra ya en el último tercio de su mandato y, entre otros desafíos, enfrenta una problemática económica producida en gran parte por la intranquilidad creada por Trump y sus ataques al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y las inversiones en México.

No es una situación sencilla. Será ferozmente escudriñada: del lado estadunidense por los más fervientes partidarios de Trump, deseosos de ver que México pague por el muro. Del lado mexicano, por partidarios y críticos de Peña Nieto, unidos por el rechazo a lo que sería una humillación inaceptable.

Al mismo tiempo, es el reflejo de una relación hecha más difícil por los momentos particulares que atraviesan los dos países.

Uno, cuyo gobierno parece deseoso de alejarse del mundo y refugiarse en sí mismo, con un Presidente que parece repudiar el empeño de sus predecesores por hacerse el centro del orden político, económico y militar por más de medio siglo.

El otro, que finalmente atraído a la esfera del mastodonte, se encuentra ahora en riesgo de crisis por la posible pérdida de empleos y comercio.

Y, sin embargo, los dos se necesitan.

Si de un lado hay el deseo de aislarse, la realidad es que al hacerse un núcleo de un orden mundial, se vinculó de tal forma con el resto de los habitantes del planeta que aislarse tendrá costos enormes para su país y su población.

Del otro, la necesidad y el continuo canto de sirenas llevaron a lo que ahora parece convertirse en una pesadilla económica de la que no hay una salida fácil.

Son tres mil 200 kilómetros de frontera común, donde se comparten microclimas y subsuelos, contaminaciones y poblaciones, vínculos familiares y economías.

No es una vecindad fácil. La historia común está llena de mitos, malos entendidos y terribles realidades. Ha sido por más de 150 años un relato de la ciega ambición estadunidense y de la incapacidad mexicana para ver mas allá de su frontera y, a veces, de los límites de la Ciudad de México.

Y si es cierto que las drogas que van de México asuelan a la sociedad estadunidense, el consumo está impulsado por los propios estadunidenses; y si dinero y armas llegados de Estados Unidos alimentan la escalada de violencia en México, son mexicanos los responsables de la situación.

Y por más que quieran unos y otros, no hay forma de escapar a su realidad geopolítica.

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