La otra versión de lo ocurrido en el Caracola
No se trata de salir en su defensa o de justificar a Elena López Fernández, la anatemizada maestra del kínder Caracola, en la colonia Nápoles. Sólo queremos dar a conocer la otra parte de la historia. Ésa que pocos conocen. Hasta ahora sólo Carlos Marín y Carmen ...

Francisco Garfias
Arsenal
No se trata de salir en su defensa o de justificar a Elena López Fernández, la anatemizada maestra del kínder Caracola, en la colonia Nápoles. Sólo queremos dar a conocer la otra parte de la historia. Ésa que pocos conocen.
Hasta ahora sólo Carlos Marín y Carmen Aristegui le han dado la posibilidad de expresarse sobre “los 14 segundos que acabaron con 14 años de trabajo”.
Nuestro amigo Federico Gómez Pombo, ex vocero de la CNDH, nos propuso una charla con ella. Pedía que la escucháramos, que ponderáramos sus argumentos. “No es el monstruo que lincharon en las redes sociales”, aseguró.
Nos citamos con ella en Sanborns del Eje 5. Elena iba con su abogado, Manuel Fletes. La acompañaba otra joven mujer que poco habló. La charla se alargó durante dos horas. Se fue a los detalles. Imposible reproducirla. No hay espacio.
Va parte de lo que dijo: el video lo grabó Mariana Cornejo, asistente de un dentista que tiene su consultorio al lado del kínder. Lo subió a las redes sociales. La vecina, además, declaró a la autoridad que alguna vez vio que López sumergía la cabeza de una niña en una pileta.
En el video aparece Elena cuando le manotea a Daniel —un niño de tres años y nueve meses que llora desconsoladamente— al tiempo que alza la voz y le dice: “Espabílate, muévete, estás vivo…”
El video es fuerte, devastador, indignante. Dura 40 segundos, pero sólo aparecen 14.
No tiene ni idea de por qué Mariana declaró lo de la niña sumergida en la pileta, pero jura que eso nunca sucedió.
No niega que es ella la que aparece allí. Lo reitera una y otra vez a lo largo de la charla.
¿Se desesperó con el niño?, le preguntamos. “Por supuesto que no. Estoy preparada para eso. Llevo 17 años trabajando con niños, 14 de ellos en la Caracola”, nos dice.
“Espabílate”, “muévete” son palabras que utiliza para casos como el de Daniel, un niño con severos problemas de habla, apatía, reticencias a la actividad física. Elena jura que quería sacarlo de su letargo.
“Por ningún motivo puede interpretarse eso como una humillación ni como una forma de lastimarlo físicamente. “¡Por el amor de Dios! La intención era hacerlo reaccionar frente a su propio ser”, nos dice con vehemencia.
Desde el 4 de octubre, cuando se grabó el video, ha sido hostigada, vilipendiada, linchada en las redes sociales. Fuera de la escuela le cuelgan letreros. “Aquí torturan niños”, se leía. La acusan de ser “bipolar”, de estar loca. “Histeria colectiva”, resume.
Su teléfono no para de sonar. Una amenaza tras otra. Lo tuvo que descolgar para no escuchar más insultos. Medios y periodistas importantes la han acusado de maltratar a los niños. De ponerles botes en la cabeza, de castigarlos metiéndolos a la casa de los perros —tiene seis y 11 gatos.
Son dichos. Nadie investigó, asegura.
El video desató demandas de otros padres de familia. Van cuatro. La pena es de uno a seis años de cárcel por cada una. Si en todos la condenaran con la sanción más alta, no alcanzaría la libertad bajo fianza, asegura su abogado. Acabaría tras los barrotes.
Una de las denuncias la presentó un padre de familia que, en junio pasado, la acusó de haberle arrancado un mechón de cabello a su hijo. “Me amenazó y dijo que iba a cerrar la escuela”, cuenta Elena.
Otra se refiere a Daniel. Una más tiene que ver con una niña que, dice, accidentalmente resultó golpeada por un compañerito, al tirarse en la resbaladilla.
La última fue interpuesta por una señora que jura que maltrató a su hijo mayor. Lo paradójico, destaca la maestra, es que luego quiso inscribir en esa misma escuela a su hijo menor.
López Fernández es guía Montessori. Está convencida de que procedió correctamente. “Sé que hablo alto. A mucha gente no le gusta. Pero hice lo que debía”, asevera.
Elena, hija de refugiados españoles, usa gafas que enmarcan sus ojos azules. Viste casual. Lleva pantalones y una blusa ligera. Luce un tatuaje en el cuello. Dos pequeñas arracadas cuelgan de sus orejas. Por momentos parece desfondarse. Baja la cara. Reflexiona unos segundos. Vuelve a levantarla. “Se comete una injusticia. Se juzgan 14 años de trabajo en un acto extraordinario”.
Lleva 12 días sin niños en la escuela. Tenía 17 inscritos. Las puertas del Caracola están forradas de sellos que dicen “suspensión de actividades”.
¿Qué va a hacer?, le preguntamos. “Tengo que resolver esto jurídica y emocionalmente. La Caracola se acabó para siempre...”, manifiesta, resignada.
Las conclusiones se las dejo a usted, lector.
■ Ya que estamos. Los diputados locales del PAN en el DF y el Estado de México presentarán simultáneamente una iniciativa para proteger los datos personales de los menores. De prosperar, no podrá utilizarse ni la imagen ni el nombre ni la ubicación de cualquier persona menor a los 18 años sin autorización de los padres.
El panista Enrique Vargas, legislador mexiquense, jura que la iniciativa la apoya gente del espectáculo como Jaime Camil, Sebastián Rulli, Aracely Arámbula y Alexis Ayala, entre otros.
■ Ya viene la reforma política. Uno de los cambios fuertes le pega a La Chiquillada. Ya hay acuerdo entre los grandes para subir el umbral que permite conservar el registro a los partidos. De dos a 3.5% de los votos emitidos en la elección.
El diputado Ricardo Monreal, coordinador de Movimiento Ciudadano, considera que subir el umbral “es un error que le pone en la madre a la reforma inteligente que hace muchos años hizo Reyes Heroles para canalizar las expresiones de los inconformes más radicales”.
Sacó la bola de cristal: “Tan pronto suba el umbral, resurgirá la guerrilla”.
¿No lleva dedicatoria para Morena?, preguntamos. Puso cara de indignado, pero, optimista, reviró: “Morena va a sacar entre 18 y 20% de la votación. Ya lo verás”.