Una probadita
Los hechos concretos del posible acuerdo entre EU y México son que mantenemos el acceso al mercado estadunidense con un incremento de un centavo por libra en el azúcar cruda y de dos centavos la de azúcar refinada.
El posible acuerdo entre el gobierno del señor Trump y el nuestro es tan sólo una probadita de cómo el imperio pretende negociar el Tratado de Libre Comercio (TLC). Empecemos por revisar la historia del señor Wilbur Ross, secretario de Comercio del país vecino, quien, según la revista Forbes, posee un patrimonio de dos mil 500 millones de dólares, obtenidos fundamentalmente de sus operaciones como banquero, reestructurando empresas quebradas. Inclusive uno de sus hechos destacados es que consiguió para el señor Trump una negociación favorable cuando sus casinos en Atlantic City estaban a punto de liquidarse por las deudas con sus prestamistas, logrando que al final el hoy Presidente pudiera seguir siendo propietario de ellos. En resumen, este señor nunca había sido servidor público.
En todos los medios ha sido destacada la negociación sobre el azúcar mexicana, la cual ha generado opiniones favorables y en contra, según sea el lado desde donde se mire. Pero si nos vamos a la realidad, los hechos concretos del posible acuerdo son que mantenemos el acceso al mercado estadunidense con un incremento de un centavo por libra en el azúcar cruda y de dos centavos la de azúcar refinada y, en caso de que el país vecino requiera más azúcar, México lo abastecerá en primer lugar, eliminándose los aranceles que nos habían impuesto por los supuestos subsidios que nuestro país otorga a los productores.
Ahora bien, la otra parte de este acuerdo indica que aceptamos reducir la proporción de azúcar refinada de 53 a 30 por ciento, aunque podremos aumentar la proporción de azúcar cruda de 47 a 70 por ciento. Esto quiere decir que nos quieren exclusivamente como productores de materia prima.
En una declaración que no tiene desperdicio, el señor Ross dijo textualmente que: “Estamos bastante optimistas de que nuestras dos naciones estamos a punto de llegar a un acuerdo que todos podamos apoyar. Por lo tanto, HE DECIDIDO (las mayúsculas son mías) que una extensión corta de la fecha límite está en el mejor interés de todos”. Es decir, se abrogó el derecho de extender la negociación unilateralmente.
Por supuesto, el Consejo Coordinador Empresarial, en boca de su presidente, avaló dicho posible acuerdo, utilizando quizá la conseja de que “de lo perdido, lo que aparezca”. Yo no dudo que los negociadores mexicanos hayan ido con la mejor voluntad de sacar adelante un acuerdo que pueda ser la base para la negociación del TLC, pero tal como estamos viendo, ellos van por todo o nada.
Incluso, nuestro secretario de Economía manifestó que “hemos conseguido que México acceda a casi todas las solicitudes hechas por la industria estadunidense para tratar las deficiencias en el actual sistema y asegurar un tratamiento justo a los productores y refinadores de azúcar estadunidense”.
A pesar de todas las concesiones mexicanas, hasta el día de hoy los productores de aquel país no están conformes con el posible acuerdo y no sabemos qué va a pasar. Tampoco sabemos qué opinan los productores y jornaleros mexicanos, sobre todo tomando en cuenta que el azúcar cruda se vende en 130 dólares menos por tonelada que la refinada.
Para nuestro país, la industria azucarera representa cerca de un millón de empleos directos y aproximadamente dos millones de empleos indirectos, mismos que representan casi 0.5 por ciento del Producto Interno Bruto.
Adicionalmente, hay un tema que se ha dejado de lado y que, creo, es fundamental, el referente a la importación de fructuosa derivada del maíz, que es lo que más ha afectado a los cañeros y azucareros nacionales y, como para los norteamericanos es muy importante, no se ha permitido ni siquiera mencionarlo, principalmente gracias al llamado “Cinturón del Maíz”, poderoso grupo empresarial que agrupa a más de diez estados de aquel país y que en su mayoría votaron por Donald Trump para Presidente.
En conclusión, podemos señalar que la negociación no representa un resultado favorable para nuestro país y demuestra con qué disposición quiere negociar el Tratado de Libre Comercio el gobierno estadunidense.
