Declaraciones sin sentido
Todas estas declaraciones van en contra de la popularidad del jefe de Gobierno, al incrementar el hartazgo de los capitalinos.
En un sólo día, tres secretarios del gobierno de la Ciudad de México hicieron declaraciones que fueron difundidas por el periódico La Jornada en la página 33 del viernes 11 de marzo; todas ellas francamente alejadas de la realidad y que, sin duda, coadyuvan a la impresión que tienen los ciudadanos sobre el jefe de Gobierno, quien día con día va a la baja gracias, en la mayoría de las veces, a sus colaboradores cercanos, según la última encuesta realizada por la empresa de Buendía & Laredo.
La primera de las declaraciones fue del secretario de Finanzas del gobierno capitalino, donde textualmente, según los medios, expresó que “ya no hay sitio para vivienda popular”, o sea, por poner un ejemplo, ¿se acabó el espacio físico en las delegaciones de Xochimilco, Milpa Alta y Tlalpan para ese tipo de desarrollos?
Al respecto, el internacionalmente famoso urbanista catalán Jordi Borja, de visita en nuestro país, invitado, por cierto, por el gobierno de la ciudad, opinó que todavía es posible hacer vivienda popular si se reduce el precio, eliminando los costos financieros y la terrible especulación que existe en la actualidad sobre los terrenos. Indicó también que en la Ciudad de México caben más personas, por lo cual el gobierno debe intervenir para evitar la especulación en la venta del suelo.
El servidor público capitalino dijo que el costo de la vivienda es tan caro como en Londres y París, por lo que “hay que convencer a los bancos, al sistema financiero de que tenemos que producir unidades para la renta de vivienda”.
No creo que sea a través del método de convencimiento que los banqueros acepten reducir sus ganancias, sino con la utilización de todos los instrumentos jurídicos con los que cuenta la autoridad para evitar tal especulación. Los banqueros única y exclusivamente van por las ganancias y hasta ahora les ha ido muy bien, de acuerdo con los datos que aportaron en la reciente convención de banqueros sin guayabera y con blazer.
La segunda declaración estuvo a cargo del secretario de Movilidad, quien manifestó que el gobierno local evitará el colapso vial mediante la aplicación del programa Hoy No Circula. Dijo que lo haría con los “equilibrios necesarios” y agregó que las fotomultas podrían revisarse, lo cual da pie a diversas interpretaciones.
Basta con analizar qué está ocurriendo desde el martes pasado, con la contingencia encima y la incapacidad del gobierno para mejorar la movilidad. Si hubieran circulado en estos días como cualquier ciudadano, se hubieran dando cuenta del caos que se armó con oficiales de tránsito sin saber qué hacer y provocando congestionamientos mayores a los de cualquier otro día normal.
Y la tercera declaración la hizo el secretario de Desarrollo Social, quien muy orondo dijo que en 10 años no habrá hambre en la capital, para cumplir el compromiso que asumió con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de erradicar la pobreza alimentaria en la Ciudad de México. También agregó ante los asambleístas del PRD que podríamos ser la primera ciudad de entre muchos países que erradique el hambre.
La anterior sí que es una gran declaración. Nada más habría que preguntarle al secretario que, cuando habla de la capital, ¿a cuántos habitantes se refiere y de ellos, según sus estimaciones y encuestas, cuántos tienen hambre en la actualidad? Además, fijó un plazo de 10 años, pero a él sólo le quedan dos años en el cargo, por lo que también habría que preguntarle, y nos informe, cómo piensa asegurarse que se convierta en realidad el plan que tiene, porque debe haber uno, aunque no lo conozcamos.
Para el gobierno de la ciudad sería muy conveniente que los funcionarios, antes de hacer declaraciones tan rimbombantes, pusieran los pies en la tierra y mejor hablen sobre lo que en realidad pueden hacer durante la presente administración, sin especular y dirigirse al vacío; porque, al final, todas estas declaraciones van en contra de la popularidad del jefe de Gobierno, al incrementar el hartazgo de los capitalinos.
