Las buenas compañías
Escuchar a las mujeres sabias hace bien. Reconforta, pues ellas saben mucho del sufrimiento que causa la discriminación, la marginación y la exclusión social. Es decir, la desigualdad. Y, a pesar de ello, miran al mundo con alegría. Doris Lessing, recientemente ...
Escuchar a las mujeres sabias hace bien. Reconforta, pues ellas saben mucho del sufrimiento que causa la discriminación, la marginación y la exclusión social. Es decir, la desigualdad. Y, a pesar de ello, miran al mundo con alegría.
Doris Lessing, recientemente fallecida, se pregunta: “¿Qué puede hacer una sola persona contra este terrible, pesado, poderoso y opresivo régimen, con sus sacerdotes y sus temibles dioses? ¿De qué vale siquiera probar?”. “Siquiera probar”, nos dice, no sólo “vale la pena”, sino que es la condición esencial de nuestro existir.
“¿Cómo actuar con responsabilidad en el mundo? Ser lectora, lector, es una toma de poder, un acto revolucionario que nos permite acceder a la memoria del mundo, a ser ciudadanas/os en el sentido más profundo de la palabra. Literatura e historia son ramas de la memoria humana”, escribe. “Nuestro deber es recordar, incluso lo que está por suceder”.
Alice Munro, en todos sus relatos, nos muestra una humanidad tan humana, que dan ganas de llorar. Los hombres, toscos, groseros; las mujeres, desde ridículas hasta perversas: todas y todos ocupándose de la vida de las y los vecinos, con la extraña manía de juzgar, como si ellas y ellos fueran mejores. Siempre dando “más importancia a la verdad de una vida de lo que suele hacer la ficción. Pero no tanta como para dar fe de ella”.
Michelle Bachelet, cuando aceptó ser candidata por segunda vez, dijo: “Mi convicción profunda es que la enorme desigualdad en Chile es el motivo principal del enojo. Un enojo que se manifiesta, además, como desconfianza en las instituciones. Este enojo es un enojo justo. Chile tiene muchas cosas buenas pero a la vez es uno de los países con mayor desigualdad del mundo. Y esta fractura social es ética y políticamente inaceptable”.
Y entre otros temas, resaltó: “Hablamos de la persistente diferencia de remuneraciones entre hombres y mujeres que hacen el mismo trabajo. Es urgente, es importante: debemos vencer la desigualdad en nuestro país”.
Y nos dice Vargas Llosa: “Gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas”.
¿Será verdad, será mentira? Las tres mujeres sabias han leído no sólo los tantísimos libros, sino que aprendieron, además, a leer en los corazones los efectos que causan los sucesos de la vida cotidiana, que es la que va hilando la historia de un lugar, de un país. Así como lo ha hecho Alice Munro con sus brillantes relatos.
A las y los mexicanos, lo prueban las estadísticas y se comprueba con las ventas de las librerías, no les gusta leer. Ese diálogo constante con el conocimiento, con las experiencias de las y los otros, ese enorme deseo de cambiar e inventar al mundo nos da flojera. Analizar el mundo desde otras maneras de vivirlo, emocionarse con cuentos de otoño, experimentar otras formas de estar no interesa.
Dicen que la lectura y la escritura son la invención más trascendente de la humanidad, porque mediante ellas se han venido desarrollando las capacidades físicas e intelectuales del cerebro, derivando así en mayor inteligencia y bienestar. ¿Será?
*Licenciada en pedagogía y especialista en estudios de género
