Venezuela: calla la OEA, calla México

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Cecilia Soto 03/03/2014 02:12
Venezuela: calla la OEA,  calla México

Libertad a Leopoldo López, ¡ya!

 

La Secretaría de Relaciones Exteriores dedicó exactamente 64 palabras a las manifestaciones en Venezuela y a los primeros muertos, que hoy ya suman 18. A Ucrania dedicó el doble, 120, pese a que Kiev se encuentra al triple de kilómetros de distancia que Caracas. La SRE “reitera su convicción de que cualquier diferencia debe ser resuelta en el marco del diálogo, el respeto a las instituciones y el derecho internacional”, dice la redacción, tomada del machote de comunicados que existe en los archivos de la Cancillería para aplicarlo a cualquier país.

Nuestra política exterior sigue encorsetada por principios diplomáticos regidos por el excepcionalismo mexicano de principios del siglo pasado, aquella idea de que la contigüidad con el vecino del Norte, nos hacía excepcionalmente diferentes al resto del mundo y por tanto se justificaban las prácticas antidemocráticas  que los gobiernos del PRI aplicaban a la ciudadanía. Algo así ha venido pasando con el reconocimiento de facto por parte de nuestra diplomacia a la excepcionalidad venezolana inventada por Hugo Chávez, que se ha usado una y otra vez para justificar la pérdida de libertades esenciales de los ciudadanos venezolanos y la represión a la disidencia. “Son maniobras contra la revolución bolivariana”, dicen desde el Palacio de Miraflores y nosotros callamos.

Paso a paso se ha venido cediendo ante las violaciones del gobierno del presidente Chávez y de su sucesor, Nicolás Maduro, a los compromisos consagrados en la Carta Democrática Interamericana. De tal manera que cuando ahora incluimos la mención al respeto a las “instituciones”, cada quien lo interpreta como le conviene, lo que ayuda al lenguaje diplomático. Maduro se siente respaldado al encarcelar al líder opositor, Leopoldo López, que según el gobierno amenaza a las “instituciones” y nuestra Cancillería se siente con la conciencia limpia, pues abogó por el respeto a las instituciones.

El artículo 3 de la Carta Democrática Interamericana define como elemento esencial de la democracia representativa “el respeto a los derechos humanos y las libertades esenciales”, pero la OEA y México han callado cada vez que estas libertades y derechos se han disminuido. El mismo artículo define como esencial “la separación e independencia de los poderes públicos” pero no hemos dicho ni pío cuando el gobierno venezolano ha justificado oficialmente el sometimiento del poder Judicial al Ejecutivo por razones del mencionado excepcionalismo. El artículo 4 define como “componentes esenciales del ejercicio de la democracia… el respeto por los derechos sociales y la libertad de expresión y de prensa”, pero cuando se cierran medios y se califica a los manifestantes opositores como neofascistas preferimos voltear a… Ucrania.

La situación no es mejor en América Latina. La presidente argentina, Cristina Fernández, abrió su discurso ante el parlamento apoyando al gobierno venezolano, describiendo las protestas como “intento de golpe de Estado blando”. Los socios de Mercosur, presidido ahora por Venezuela, condenaron “los intentos de desestabilizar el orden democrático” y ”rechazan las acciones criminales de grupos violentos que quieren diseminar el odio y la intolerancia en la República Bolivariana”, un comunicado como para hacer sonrojar a las cuatro cancillerías de los socios originales: Brasil, Uruguay, Argentina y Paraguay. La Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, ha sido un centímetro más radical al manifestar “su más enérgico rechazo a los recientes actos de violencia”, sin aceptar definirlos como intento de golpe de Estado. Y la OEA... la OEA, nada.

En México, sólo la fracción parlamentaria del PAN ha condenado con contundencia la represión en Venezuela, no así su dirigente. El PRI y el PRD han llamado al diálogo pero no han condenado el uso de francotiradores, el encarcelamiento de Leopoldo López y la demonización del adversario por parte del gobierno, como sí lo denunciara el líder del Parlamento de Mercosur. Llamar al diálogo es importante —es lucidor y no acarrea ningún riesgo político— pero es inocuo e inútil, un ejercicio de bla bla bla si no va acompañado de una condena clara a la represión.

La economía del régimen bolivariano hace su labor para exacerbar el agotamiento del gobierno de Nicolás Maduro, que, sin embargo, puede prolongarse por años. Y nada garantiza la salida democrática que merece el entrañable pueblo venezolano, pues si en las elecciones pasadas el opositor Henrique Capriles perdió por apenas 1.5%, habrá quienes dentro del chavismo busquen impedir a toda costa una probable victoria de la oposición en las próximas elecciones. Señalar con contundencia y rigor adónde no se debe transitar y propiciar el cumplimiento de los compromisos democráticos firmados por Venezuela ayudaría a todas las partes, incluso a las negociaciones de Cuba y posiblemente de Brasil  para que Maduro no cometa más errores. Twitter @ceciliasotog.

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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