Acciones para la unidad
Trump ha unido a los mexicanos. Varios empresarios notables hablan de lo extraordinario que es México y de su enorme potencial. Los políticos dan grandes discursos celebrando la unidad nacional. La sociedad civil hace viral poner la bandera de México en su WhatsApp. Todo esto está bien, pero no sirve para compensar la incertidumbre generada por Trump. No ayuda a impulsar el crecimiento.
Como siempre, se proclama la necesidad de ampliar el mercado interno, pero no se dice cómo. No podrá ser el gasto público el que haga la tarea, el gobierno quemó los excedentes en los años buenos y ahora tiene que cumplir con el ajuste.
México enfrenta tres fracturas centrales: la racial, la de clase social y la de la sociedad civil frente a sus políticos. Más que pedir unidad en abstracto hay cosas que se pueden hacer para movernos hacia un país más unido y con un mercado interno más fuerte.
Los empresarios pueden ayudar a mitigar el racismo de México modificando su pauta comercial, donde en general aparecen blancos como los consumidores deseables. Pueden también combatir el racismo a la hora de contratar personal y promover a sus empleados. Un reportaje de Óscar Balderas muestra cómo muchas escuelas privadas no admiten a quienes tienen rasgos indígenas (https://goo.gl/09yXrv). Dejar de ser un país racista nos haría un país más unido. Si viéramos en el otro a un semejante, y no a alguien ajeno, como ven los blancos de derecha en Estados Unidos a los indocumentados mexicanos, nos indignaría la calidad del transporte público o la crisis de seguridad que viven tantas comunidades pobres en el país.
La enorme diferencia de ingreso entre las clases sociales mexicanas tiene muchas explicaciones, el racismo es una de ellas, pero otra son los bajos salarios de la mayoría de los empleados en la empresa privada. No es parte de un complot, como creen Jorge Castañeda y Armando Ríos Piter cuando dicen: “En México se mantienen bajos los salarios para atraer inversión norteamericana” (https://goo.gl/jbtPQz).
Efectivamente, los salarios son bajos porque el TLCAN creó mucho menos empleos de los que dice Trump. El empleo manufacturero en México pasó de tres millones en 1994 a 3.6 millones en 2015. No está mal en un mundo donde el empleo manufacturero cae, pero es insuficiente como para que la demanda empuje hacia arriba los salarios de quienes tienen menos educación. La demanda de empleados en el sector formal de servicios tampoco ha subido lo suficiente. Si no hubiera tanta gente sin empleo o subempleada, subirían los salarios, como ha sucedido en China después de tres décadas de alto crecimiento económico.
Si bien hubo nuevas plantas, por ejemplo automotrices, gracias al TLCAN, otras muchas murieron, como la industria del juguete, por el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio en el 2001. En eso nos parecemos a Estados Unidos. Nuestro déficit con China es de 59 mil millones de dólares, casi igual a nuestro superávit con Estados Unidos, según los datos de ese país. Las cifras del Banco de México indican que nuestro superávit es casi del doble. Esto parece indicar que hay muchas trampas en el precio de facturación con el objeto de pagar menos impuestos.
Algo que podemos hacer quienes tenemos empleados domésticos es subir sus salarios, lo cual implica sólo sacrificar algunos gastos suntuarios. En el mismo sentido, ¿qué tanto se verían afectadas las utilidades de las empresas más grandes y solventes del país si aumentaran en 10 por ciento los salarios de los empleados que menos ganan? Ambas medidas impulsarían el mercado interno, dado que los pobres tienen más propensión a consumir que los ricos, en especial de productos mexicanos, mientras los ricos ahorran más.
Los políticos por favor absténganse de cumplir con esta propuesta. Los sueldos de los ejércitos de gente a su servicio los pagamos con nuestros impuestos. Es su constante abuso lo que los aleja de la sociedad civil. Deben hacer un esfuerzo serio de ahorrar. Por ejemplo, los gobernadores podrían vender sus aviones y trasladarse sólo en vuelos comerciales. Sería un mejor gesto que encerrarse en Los Pinos y hablar de solidaridad con el país. Todo ahorro se puede usar para incrementar el gasto social que les llega más directamente a los pobres, como Prospera. Según el economista John Scott, si el ingreso adicional que se ha generado por pasar de subsidiar la gasolina a gravarla con un impuesto se hubiera asignado a los más pobres a través de buenas políticas distributivas, la pobreza extrema habría caído en un 40 por ciento. (https://goo.gl/QskdNd)
Si hacemos entre todos estos esfuerzos para aminorar las principales brechas sociales y económicas que tenemos, no sólo tendremos un país más unido, sino podríamos empujar al mercado interno. Si nos limitamos a dar lindos discursos y poner la bandera de México en el WhatsApp, viviremos en el reino de la demagogia, no tan distinto al de Trump.
Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey
Twitter: @carloselizondom
