No es la falta de educación...

Un amigo iba saliendo tarde de una comida. No había bebido alcohol. Estaba parado esperando el siga en un semáforo en la calle Álvaro Obregón, en la colonia Roma de la Ciudad de México. Se pone el verde. Antes de acelerar, por la calle que va a cruzar, oye una sirena y ve las luces de la patrulla, a la cual le cede el paso, sin importar que ésta se esté pasando el alto. Finalmente arranca. Le choca otra patrulla. Ésta no traía la sirena. De ella se bajan dos oficiales. Para sorpresa de mi amigo, se comportan como escandinavos. Le preguntan si se encuentra bien. Mi amigo estaba ileso. Luego reconocieron que había sido su culpa por no traer prendida la sirena..

Mientras mi amigo está hablando por teléfono con el ajustador de la compañía de seguros, lo interrumpe groseramente un tercer oficial que acaba de llegar. Lo regaña por no haber respetado el derecho de paso de la patrulla que le chocó. Mi amigo, sorprendido, le cuenta que ya reconocieron sus colegas ser culpables. El tercer policía lo acusa de mentir, que les pregunte a los dos oficiales que iban en la patrulla que le chocó. Ya han cambiado su versión de los hechos, aunque se les notaba apenados por la mentira.

Los dos primeros policías eran jóvenes. Recién salidos de la academia. Por falta de experiencia, no habían encendido la sirena. Sin embargo, habían aprendido bien cómo reaccionar en caso de un accidente. Tenían internalizados los principios éticos correctos. Sin embargo, el tercer policía, con varios años de experiencia en la calle, seguramente su superior, ya sabe en qué país vive. En el de la impunidad. Puede hacer lo que quiere frente al débil, pero tiene que tolerar cualquier abuso de quien tenga más poder. En algunas semanas o meses los dos jóvenes, bien educados en el colegio de policía, ya sabrán qué se castiga y qué se premia en las calles de la Ciudad de México. Habrán olvidado su educación. Habrán aprendido la impunidad en la que viven.

Por ello es crucial poner el énfasis en que las instituciones premien los comportamientos correctos. No es fácil. Las redes de corrupción en los policías mexicanos son profundas. Cualquier intento de modificar este equilibrio sin el cuidado debido puede tener efectos contraproducentes. Lo estamos viendo hoy con los maestros. La Reforma Educativa busca recompensar los comportamientos que son fructíferos para la educación de los niños, pero una torpe implementación, y la capacidad política de los maestros afectados, unos usando las marchas y los plantones, los de la CNTE, los otros, los del SNTE, sólo presionando a un gobierno contra las cuerdas, están por lograr diluir la reforma.

Cuando yo era niño, vivía en una Ciudad de México con poco crimen y policías corruptas. Era un equilibrio difícil de sostener y así fue. La corrupción sin límite no permite tener policías eficaces. Ahora tenemos esas mismas policías corruptas, pero mucha mayor inseguridad y crimen que antes. “La policía te está extorsionando (¡dinero!), pero ellos viven de lo que tú estás pagando…”, cantaba Molotov en 1997.

Se ha hecho un esfuerzo por invertir en equipamiento. Cuando yo era chico, las patrullas eran carcachas, mientras que hoy los autos suelen estar en buen estado y son modelos recientes. Pero eso no cambia los comportamientos. Tampoco instalar cámaras de seguridad por todos lados. Mi amigo amagó al policía de más edad a que las cámaras de la calle del programa Ciudad Segura indicarían qué pasó. Él respondió: dudo que halle las imágenes, luego las cámaras se encuentran apagadas, cuando conviene.

Tan no es la educación el problema central detrás de la rampante corrupción en el país, que no son los menos educados los más corruptos. Son lo que tienen más poder, lo cual suele estar asociado con más años de estudio. Dos de los recientes gobernadores, con historias de abusos increíbles, Javier Duarte en Veracruz y Roberto Borge en Quintana Roo, quienes por su juventud y estudios en buenas universidades privadas llevaron a algunos a creer, incluido el presidente Peña Nieto, que eran los abanderados de un nuevo PRI. No es teniendo gobernadores más educados como se pueden impedir los abusos, sino con consecuencias claras a quienes violen la ley. No sucedió durante seis años.

Celebro que el gobierno federal, a través de la PGR, haya interpuesto un recurso contra los paquetes de impunidad que varios gobernadores están armando para amarrar de manos a sus sucesores. Esperemos que no sea una mera estrategia para ganar tiempo y que venga acompañado de una acción más decidida en materia de lavado de dinero y desvío de recursos federales. Si no hay sanciones claras y contundentes contra estos gobernadores con esas historias de abuso, seguirá reinando la impunidad.

La educación es fundamental para hacer de México un mejor país. Pero sin instituciones fuertes y legítimas que castiguen a los funcionarios corruptos, de muy poco sirve ir a la mejor universidad del mundo.

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey

Twitter: @carloselizondom

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