¿Quién es responsable de este Congreso, con esos legisladores? No le busque, ¡nosotros!
El atraso en materia energética es un botón del inmovilismo que nos ha caracterizado desde principios de los años 70.
Por fin terminó el espectáculo que nos marcará durante años; la pobreza de argumentos, la simplicidad casi pedestre de los representantes de las izquierdas y el servilismo de no pocos de los promotores de la Reforma Energética, serán el toque distintivo que muestre la clase de país que somos y los políticos que tenemos.
El atraso con respecto al mundo en materia energética es, para decirlo claro, un simple botón del inmovilismo que nos ha caracterizado desde principios de los años setenta. Lo que el mundo discutió y reformó en ese decenio, hoy es para nosotros la gran novedad, el cambio transformador del cual nos enorgullecemos, en vez de avergonzarnos por ir a la cola del progreso.
La energía es uno de los temas en el cual hemos querido ir a contrapelo de la historia; es un tema que demuestra la incapacidad de nuestros políticos para conocer, entender y aceptar los cambios que se han operado en el mundo, desde hace cuarenta o cincuenta años.
¿Cómo es posible entonces, que lo que deberíamos hacer sin ruido alguno por el ridículo en el que nos hemos colocado, pretendamos presentarlo casi como una aportación al mundo? Es tanta la ignorancia y tan alto el umbral del ridículo de nuestros legisladores, que no faltó aquél que afirmara que con lo legislado, estaríamos dando al mundo el “Modelo Mexicano de la Energía”.
¿Qué hacer ante la ofensiva limitación intelectual, y tanta ignorancia de los cambios registrados en el mundo en todos sentidos? ¿Acaso es posible prohibir a cinco o seis centenas de los 628 integrantes del Congreso de la Unión que hablen, para que mejor permanezcan mudos durante las discusiones de cualquier iniciativa que busque actualizar nuestro caduco y acedo marco jurídico?
Ante la inviabilidad de prohibirles siquiera abrir la boca durante las discusiones, busquemos un camino diferente para lograr el mismo objetivo; ¿le parecería a usted aceptable, que por cada una de las 31 entidades y el Distrito Federal, sólo hubiere dos diputados y un senador?
¿Imagina el ahorro, no sólo económico sino también en tiempo, estupideces, tonterías e insultos? Resolveríamos uno de los grandes problemas del México actual, remover el obstáculo —hoy insalvable— que significa un conjunto de leyes que impiden atraer inversión y otorgar libertad económica plena a los mexicanos.
De concretarse, actualizaríamos de una buena vez nuestras leyes que quizás sirvieron para el México de fines del siglo XIX y principios del XX pero, no sirven para el México del siglo XXI; también, por fin, conoceríamos sin restricción alguna en qué y cómo se gastan los recursos del erario. Esto, entre muchas otras cosas.
¿Se imagina un Congreso de la Unión con debates serios e informados, y propuestas con miras a sentar las bases de un mejor futuro? Es más, si nos decidiéremos, tendríamos al fin un Congreso que en verdad legislare; que recuperare del Ejecutivo esa tarea que le arrebató desde los años del dorado autoritarismo.
Es un sueño lo que planteo, lo sé; sin embargo, de no hacer algo con este Poder Legislativo que cual florero sólo sirve para decorar, la debacle hacia la que vamos generará algo parecido: un Congreso sin legisladores.
¿No me cree? Por favor revise la historia de América Latina y me dará la razón; la responsabilidad de ello recaería, sin duda, en los que aún cuando viven en el siglo XXI, su visión del desarrollo corresponde a los últimos años del XIX o a los primeros del XX.
