Diplomacia
Finalmente Obama accedió a darle tiempo a Al-Assad para que éste entregue sus armas químicas.
El mismo día que Barack Obama tenía planeado salir ante los medios de comunicación a pedir al legislativo que apoyaran la intervención en Siria, imperó la diplomacia.
Tras el desliz del secretario de Estado, John Kerry, en el que dejó abierta la posibilidad de no intervenir en Siria si Bashar al-Assad se comprometía a entregar sus armas químicas, los rusos abogaron por esa salida para evitar que EU interviniera en el país.
Finalmente Obama accedió a darle tiempo a Al-Assad para que éste entregue sus armas químicas. Triunfo de la diplomacia.
Buena noticia, sin duda. Y una señal de los tiempos. Estados Unidos está cansado de las guerras.
El pacto alcanzado entre Rusia y EU da una semana al régimen sirio para que informe sobre las cantidades precisas de sus depósitos de armas químicas y abre un plazo hasta noviembre para que se permita que inspectores internacionales certifiquen esos datos.
Se calcula que esas armas deben de quedar bajo control internacional para su destrucción hacia mediados del próximo año.
Suena bien. Lo único es que en todo esto hay un gran pero. Ubicar y destruir las armas químicas no es tan sencillo como suena. En este intento la comunidad internacional se enfrentará a retos logísticos, económicos y, en el plano político, de credibilidad hacia el mismo Al-Assad.
En el plano logístico, porque Siria está en guerra y la facilidad para desplazarse y hacer el trabajo se verá dificultado. El cálculo que ha hecho el Pentágono es que se requerirán 80 mil soldados para ubicar y destruir las armas químicas.
El arsenal que posee Siria se calcula que es el tercero más importante y grande del mundo, después del que tienen Estados Unidos y Rusia.
En el caso de EU, el país manufacturó 31 mil 100 toneladas métricas de municiones químicas durante la Guerra Fría. A partir de 1997 comenzó la tarea de destruir este arsenal con costos enormes. Dieciséis años más tarde sigue siendo un trabajo inconcluso.
En el plano de credibilidad, si se toman los casos de Irak y Libia como referente, surgen muchas dudas sobre la cooperación de Al-Assad.
Hace una década, Gadhafi se comprometió con la comunidad internacional a destruir su arsenal de armas químicas. Saddam Hussein hizo lo mismo en 1991, tras la primera guerra del Golfo.
Ambos casos tomaron años y costaron millones de dólares.
Hoy los dos dictadores están fuera del poder, derrocados y muertos. Si Bashar al-Assad toma estos casos como referencia, el incentivo para hacer artimañas para burlar a los inspectores de la ONU es enorme.
Triunfó la diplomacia en Damasco. Pero el conflicto sigue tan latente como antes.
@AnaPOrdorica
