Hecho en México. ¿Cuál México?
Ya que tiene varios días en la cartelera con el esperable resultado positivo en taquilla podemos hoy hablar del documental Hecho en México México, 2012. Vamos por partes. Hace dos semanas platicamos en Qué tal Fernanda con el músico y compositor británico Duncan ...
Ya que tiene varios días en la cartelera con el esperable resultado positivo en taquilla podemos hoy hablar del documental Hecho en México (México, 2012).
Vamos por partes. Hace dos semanas platicamos en Qué tal Fernanda con el músico y compositor británico Duncan Bridgeman, quien sin duda es muy talentoso en lo que hace. Estaba eufórico, nervioso y expectante con el hecho de que el documental, del que es el director y de cuya parte musical se encargó la productora Lynn Fainchtein, se estrenara ese día en 190 pantallas de nuestro país. Además, había tenido una multitudinaria premiere y alfombra roja en el mismísimo Palacio de Bellas Artes. El señor Bridgeman no podía creer tanta belleza.
A Hecho en México no se le pueden negar cualidades sobre todo en lo que a la especialidad del británico y Fainchtein se refiere: las mezclas musicales, los puentes entre los diversos mosaicos de sonidos y la forma de eslabonar en forma fluida y continua a los solistas, dúos, grupos, mariachis, bandas y demás exponentes de la música mexicana actual es realmente impecable. Tiene también muy logradas imágenes y en su momento lo dije durante la conversación en la radio: el soundtrack está como para tenerlo en la colección.
Le pregunté al compositor, productor y director cómo hace un europeo, ajeno a la dolorosa realidad de nuestro país, para integrar todo en un mensaje que se pretende positivo, colorido, rítmico y esperanzador. Comentó que sabía que en México sobran las malas noticias y dijo, más o menos con estas palabras, que Hecho en México podía de alguna manera ayudar a olvidarlas. Ahí me permití corregirle: “olvidar las malas noticias no, si acaso calmar el dolor profundo que causan durante un rato, sólo eso”. Obviamente había en una segunda lectura muchos aspectos profundos del documental que era imposible discutir con el señor al que, aunque lo dirigió, no le bullen en la sangre ni la indignación ni la impotencia de los que sabemos que el país se nos desmorona en las manos. Para él es difícil comprender que hay muchos “Méxicos” y ése que recorrió para la elaboración del documental dista mucho de ser el México real.
De alguna manera me llevó a recordar la campaña de televisión de “hermosa República Mexicana”, aquella que presentaba cuadros folclóricos muy estéticos, en bellos escenarios bien fotografiados y con una modelo vistiendo sofisticados trajes regionales y que poco tenía que ver con la belleza de la mujer indígena mexicana. Era un reflejo que caminaba alejado de la realidad, sin indios mugrosos, rancherías paupérrimas, o niños panzones y mocosos.
Para promoción turística, el documental puede funcionar fuera de nuestro país, pero para los que vivimos aquí los testimoniales son un aspecto desconcertante en Hecho en México y traen una carga oportunista para el momento en que vivimos. La presencia de Juan Villoro, Diego Luna, Daniel Giménez Cacho y Andrés Bustamante decepciona profundamente; la de Víctor Trujillo como Brozo o La Beba Galván no extraña, aunque la interacción del Güiri Güiri y el payaso de pelo verde con su gastado doble sentido no viene al caso y es totalmente prescindible. Gloria Trevi debió quedarse cantando y bailando pero, ¿a quién se le ocurre ponerla a exponer su absurda filosofía de la vida? Lila Downs cantándole con cara de borrego a medio morir a la Virgencita de Guadalupe envuelta en un manto al pie de un altar y haciendo dueto con Lupe Esparza ya fue como de risa loca. ¿De verdad se creen que todos somos guadalupanos? Que la guarden para las mañanitas el 12 de diciembre.
Insisto, como lo hice en la entrevista con el señor Bridgeman: lo que se queda de Hecho en México es el la riqueza de su propuesta musical que combina lo nuevo y lo viejo, lo urbano, lo grupero, lo rural, lo clásico, la mezcla de la música en español y la dulzura de las lenguas indígenas.
Pero no me hace vibrar, no le compro su mensaje y creo que nadie debe hacerlo.
