El artista Cristóbal Gracia publica texto que acompaña a la exhibición ‘Los justos desconocidos’
Este contenido forma parte de la exposición ‘Los justos desconocidos. De todas maneras cago’. Del 18 de septiembre al 17 de noviembre de 2015

¿Cómo llegamos a este punto? ya todo es tan nebuloso, las cosas han cambiado radicalmente, las palabras ya no significan lo que antes, aun recuerdo cuando la palabra artista era sinónimo de creación, qué ingenuos éramos, si ahora algo se relaciona con esta palabra es la destrucción. La verdadera naturaleza del ser humano se muestra en los momentos mas oscuros y eso fue lo que paso con muchos artistas. Varios culpan a la clonación o a las maquinas de teletransportación, yo no, si queremos buscar al culpable nos debemos de voltear a ver a nosotros mismos, a lo que hemos destruido. Pero bueno, si quieren tomar un punto de inicio en la historia creo que vale la pena ir aún más atrás, al verdadero inicio del fin.
Como todo buen padre, Oppenheimer fue el primero en arrepentirse, sus palabras fueron muy acertadas: "Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos", la era nuclear cambió todo, después de la Segunda Guerra Mundial vino la Guerra Fría y la paranoia por el fin del mundo a causa de una guerra nuclear, este sentimiento se calmó cuando la Cortina de Hierro cayó. Lo que pocos saben, es que en los años siguientes a esto en la Unión Soviética se desarmaron alrededor de diez mil bombas nucleares una cantidad similar a la que Estados Unidos tenía o tiene. La mayoría de los núcleos de estas bombas fueron “disueltos” y dieron pie a la construcción de centrales y reactores nucleares alrededor del mundo, como Laguna Verde en México. Otra de las aplicaciones de la energía nuclear con resultados mas tardíos fueron las maquinas de teletransporte. En el año 2032 Rusia logra construir la primera Base Teletransportadora de Materia Inanimada o BTMI (no se ha logrado la teleportación de materia viva). La BTMI funciona mediante energía nuclear semidisuelta a presión moderada y bajo el control de fuertes cambios de temperatura, de esta forma se logran acelerar las partículas de la materia a una velocidad tal que éstas se comienzan a separar una de la otra en fragmentos de tamaño microscópico que pueden ser transportados igual que ondas de radio hacia cualquier lugar deseado que cuente con una BTMI para ser recibidas y materializadas otra vez. Este descubrimiento fue aplaudido de forma internacional debido a su uso en transportes y en el ahorro de recursos naturales.
Regresando a la caída de la Cortina de Hierro, momento que dio pie a los distintos usos de la energía nuclear, dentro de las muchas problemáticas que se vivieron en este periodo fue el qué hacer con los monumentos soviéticos que inundaban la mitad del planeta, Stalins, Lenins y centenares de figuras de campesinos y obreros tallados en piedra o fundidos en metal llenaban las plazas públicas y avenidas de la recién extinta Unión Soviética, dentro de las propuestas recibidas para lidiar con estas inertes figuras cabe destacar la de Alfred Hrdlicka, quien propuso intercambiar monumentos entre los bloques occidental-capitalista y oriental-comunista, en los años 90 esto era imposible debido a su alto costo de producción, pero ahora, gracias al éxito y propagación de las BTMI, ya no era ningún reto, por lo que finalmente dicho proyecto vio la luz. Esto fue una forma de calmar los ánimos y un ejemplo de buena disposición y tolerancia entre distintas naciones, el primer intercambio se realizó entre Estados Unidos y Rusia, la Estatua de la Libertad fue teletransportada a Moscú mientras que el monumento El Obrero y Koljosiana fue llevado a Nueva York. Mediante estos intercambios escultóricos varias tensiones mundiales comenzaron a bajar de tono, nunca a extinguirse, pero por primera vez el mundo vivió en una aparente paz que no había sido vista en décadas.
Conforme más se teletransportaba una misma estructura se empezó a notar que su peso disminuía, de manera prácticamente invisible, pero disminuía, por cada mil 268 teletransportaciones se perdía un centímetro cúbico de su masa total. La causa no tardo en ser descubierta, partículas microscópicas de las estructuras teletransportadas se quedaban atoradas en los ductos de ventilación de las BTMI, éstas pequeñas partículas que no habían logrado llegar al “otro lado” ni haber sido materializadas se encontraban potencializadas, ya que su información y estructura genética estaba en el estado mas “fértil”, debido al micro bombardeo nuclear al momento de su aceleración, por lo que presentaban las cualidades ideales para ser clonadas. La clonación no era nada nuevo, ya desde 1996 estaba el ejemplo de la oveja Dolly, sin embargo, aquí se presentaron las condiciones perfectas para hacerlo de la manera mas sencilla, era casi como poner en reversa a las BTMI, tan solo se requería mantener a estas partículas en un ambiente controlado, sin movimiento y a una temperatura alta y constante con una presión decreciente conforme el tiempo de expansión de las moléculas a ser clonadas. La materia clonada aparece en el mismo estado en que la “original”, no había que esperar un proceso de maduración o crecimiento. Igual que en la teletranpsortación, la clonación aún no está apta para ser usada en seres vivos. La facilidad con lo que esto sucedió y con la propagación de la tecnología nuclear hizo que adquirir una clonadora fuera tan fácil como comprar un microondas. El dinero físico dejó de existir y el control de seguridad en tarjetas bancarias aumentó (huella digital y ocular), las armas de fuego comenzaron a usar encimas vivas como detonadores para no poder ser clonadas. Era perfecto, casi utópico, el mundo estaba en paz, no había escasez de alimentos, agua o combustible. El golpe que nos despertó de nuestro sueño húmedo vino del lugar menos pensado, el sector cultural. La emoción y facilidad del clonaje enajeno a todos los sectores de la población y el artístico no fue la excepción. Museos, coleccionistas, galeristas y artistas comenzaron a clonar sus obras y colecciones de manera desmedida, el copyleft estaba en su prime time, era la democratización del arte según muchos, el 97% del capital artístico mundial fue clonado en menos de 5 años. Fue justo en medio del ojo del huracán cuando por un momento pudimos ver las cosas con calma, en ese momento cundió el pánico.
La tienda de regalos del museo del Louvre vendía la misma Gioconda que la que estaba en exhibición dentro de las salas y la tienda de suvenires en el barrio mas bajo de París vendía la misma Gioconda que se vendía en la tienda de regalos del Louvre pero a un precio mucho más bajo, no era una copia, tampoco un múltiple, ni una serie, era la misma obra. Era el mismo estado físico y químico de la materia, no había forma de diferenciar cuál era la pieza “original” (si es que aun tiene validez esta palabra), pues se perdía entre las miles de clonaciones. Las grandes colecciones comenzaron a ver cómo los millones de dólares invertidos en arte empezaban a desaparecer. Los museos carecían de sentido y la famosa aura de la obra de arte por fin había desaparecido, era un desbalance tal que a pesar de que algunos entusiastas se esforzaron en crear un “nuevo arte” se vieron derrotados. Las galerías y ferias no podían sostenerse, ahora todo el mundo era el coleccionista más grande del mundo y tan sólo por unos pocos dólares. Suicidios por doquier de coleccionistas y galeristas, los artistas se veían confundidos caminando por las calles, algunos encontraron nuevos caminos. Los artistas socialmente comprometidos, al darse cuenta del desmantelamiento del engranaje artístico y verse en la oscuridad, sin los reflectores y fama que les proporcionaban ferias, museos y galerías, fueron los primeros en desaparecer. No tenía nada de glamoroso servir comida a los pobres en un comedor comunitario, ni reparar un parque en un barrio bajo de Brasil para convertirlo en una cancha de futbol si no iba a aparecer en una bienal. Nos dimos cuenta de lo obvio, de que estas labores eran mejor ejecutadas por activistas, trabajadores comunitarios, sociólogos y pedagogos, muchos de estos artistas se volvieron estrellas de reality shows. La gran mayoría no se rindió tan fácil, los artistas empezaron a perseguir a quien fuera dueño, inicialmente de sus piezas, y después con la euforia colectiva de cualquier obra de arte, se empezaron a hacer quemas de obras de arte en plazas públicas por los mismos artistas, quienes se aliaron con grupos religiosos de extrema derecha en contra de la clonación. Ahora pienso que Charles Saatchi, al quemar la bodega que contenía su colección, fue una especie de profeta. Estas quemas de obras de arte podrían ser comparadas con las ejecuciones públicas de siglos anteriores, comenzaron a tomar un aspecto ritualistico y de espectáculo, no solo los artistas, sino el público en general se comenzó a reunir alrededor de ellas, los cines, museos, estadios, iglesias y teatros estaban vacíos. Era la nueva época del terror, Robespierre hubiera estado orgulloso de los artistas, quienes destruyeron, saquearon y asesinaron con el fin de “devolver su valor al arte” (al mismo tiempo de destruirlo). Estábamos hundidos en la idea de que el valor del arte radicaba en nuestro ego o nuestro ego radicaba en la obra, que su valor se encontraba en las instituciones y precios que las albergaban y, en el momento que nos vimos desplazados por nuestro mismo trabajo, nos convertimos en una especie de neoluditas. Las BTMI también fueron arrasadas por la ola de destrucción, las pocas que quedan están restringidas a ciertas tareas y labores especificas.
Algunos aún tratan de preservar el legado cultural que queda contenido en cajas de Petri y tubos de ensayos que resguardan el genoma de varias piezas, las obras de arte han sido reducidas a su expresión más esencial: su código genético. Su formalismo e imagen retiniana ya sólo queda en nuestro recuerdo y en algunas de las pocas impresiones sobrevivientes. Como si fueran pornografía infantil fueron retiradas y censuradas de la red. Ahora lo pienso y creo que en realidad nada funcionaba, no sé desde cuando, pero la realidad es esa.
Juan Garrido.
México, DF, 29 de julio de 2065.
Notas
'Los justos desconocidos se exhibirá en la galería Hilario Galguera (Francisco Pimentel 3, colonia San Rafael).
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