Nuevo intento copero
El interés llegará con las eliminatorias, aunque el espectáculo no importe mientras se siga pagando por transmitir muchos partidos.
Independientemente de la calidad, el torneo de copa está resultando entretenido por las innumerables incidencias ocurridas tras la disputa de 56 partidos en cuatro jornadas, mucho más que lo sucedido en 45 juegos del campeonato de liga. Campos inundados, escasez de público, canchas en pésimo estado y lesiones, pero sobre todo una buena cosecha de goles.
Después de cuatro jornadas, seis de los siete grupos están encabezados por equipos de la Primera División y sólo el Necaxa está sobresaliendo entre los representantes de la Liga de Ascenso, a pesar de la gran cantidad de novatos y juveniles utilizados por los clubes del máximo circuito, lo que habla de la gran diferencia entre los dos niveles.
Esta es la 51 edición del Torneo de Copa, cuya primera versión oficial se celebró en 1933. Antes de esa fecha se celebraron certámenes relámpago, cuyos trofeos eran donados por casas comerciales como la Copa Tower o la Copa Eliminatoria. De 50 concursos coperos, 19 contaron con una primera ronda de grupos y, como ahora, los resultados fueron los mismos. Poco interés de los participantes y del público.
En las ediciones de 1943, 1944 y 1945, se distribuyeron por primera vez los participantes en grupos, no hubo éxito y de inmediato regresaron a la eliminatoria directa. Nuevos directivos llegaron y creyeron descubrir el hilo negro al volver a formar sectores nuevamente en tres campañas consecutivas: 1952, 1953 y 1954, con resultados muy parecidos a los anteriores; se habló entonces de suspenderlo, pero no, se volvió a las series con partidos de ida y vuelta.
A falta de futbol con la preparación de la selección mexicana que participó en la Copa del Mundo de 1962, se decidió regresar al formato grupal para llenar fechas libres. La idea fue muy aceptada y, de hecho, ocho de los siguientes 13 torneos se disputaron de igual forma, desgastando al público con poco futbol y falta de interés de los entrenadores, hasta que en 1976 abortó el proyecto, muriendo con ello la tradición copera.
El certamen se restituyó en 1988, disputándose solamente cinco temporadas al no ser costeable. Volvió por tercera vez en 1995, nada más con tres versiones, y, por las mismas razones anteriores, desapareció. Ahora, no es que verdaderamente quieran revivir el sentimiento copero; simplemente generar más encuentros para hacer ingresar más dinero de televisoras con hambre de futbol. Tan es así, que los más severos críticos de los partidos moleros están terminando por comentar juegos de esa calidad y categoría.
La historia indica que los torneos coperos en grupos son un fracaso. El verdadero interés llegará con las eliminatorias directas, aunque el espectáculo no importe mientras alguien siga pagando por transmitir muchos partidos. Por lo pronto, los dos equipos coperos más ganadores están liderando sus respectivos grupos: América y Necaxa. Por cierto, las Águilas no ganaban un partido de esta calidad al menos por media docena de goles desde 1933, hace 79 años, cuando golearon 9-2 a un equipo llamado Sporting.
