El osito Escobar; una historia en bicicleta

Llovía a cántaros sobre la carretera a Medellín y aquello se había transformado en un río de fango. El puntero se acerca a la meta y un carro que pasa presuroso le baña el rostro y cuerpo de barro

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CIUDAD DE MÉXICO.

Roberto es el hermano mayor de Pablo Escobar Gaviria. Tiene 70 años, poca visión a causa de un atentado en una prisión y una memoria que le permite dibujar una niñez con hambre y zapatos rotos. Se le encuentra en Medellín, al frente de una casa que mandó transformar en museo para recordar la vida del que fuera jefe del cartel de Medellín en los años 80. En la vieja finca se pueden mirar autos deportivos a prueba de balas, el comedor en el que Pablo celebró su último cumpleaños, cajones con doble fondo, un póster donde se ofrece jugosa recompensa por los hermanos Pablo y Roberto Escobar Gaviria, así como fotografías de sicarios, caballos pura sangre y avionetas. También hay una vieja bicicleta.

A Roberto Escobar le gusta posar con ella cuando se corre la Tour de Francia y más ahora que los paisanos de apellido Urán y Quintana anduvieron haciendo ruido por los Campos Elíseos. Dicen algunos cronistas colombianos de la vieja guardia que el hermano mayor del legendario narco colombiano soñaba en convertirse en el primer escarabajo que conquistara la montaña francesa. No le alcanzaron las piernas.

Antes de que Colombia se convirtiera en capital del narco y la violencia, Roberto se recuerda de chamaco trepado en una bicicleta pintada con los dedos y con Pablito sentado en la parrilla, ambos subiendo la cuesta en El Alto de Minas, presurosos, para mirar lo más cerca posible a un monstruo italiano llamado Fausto Coppi. Aquella tarde (1958) fue que le entraron las ganas de convertirse en ciclista.

Presume que un día conoció al legendario Eddy Merckx, aquel ciclista belga apodado el Caníbal, que ganó cinco veces la Tour de Francia y otro número similar el Giro de Italia. Una charla de ciclismo sin que el europeo supiera exactamente a qué se dedicaba aquel colombiano que años más tarde ingresaría a la cárcel, se escaparía y volvería a prisión, transformándose en el brazo derecho de su hermano.

Una llamada y luego otra. Se pacta la entrevista y Roberto Escobar marca desde un celular que no deja rastro. Se escucha la voz de un hombre acostumbrado a contar historias. “¿Sabe?, cuando yo estaba pequeño era muy pobre y nos tocaba ir caminando a la escuela hasta un pueblito llamado Río Negro, desde Medellín. Eran cuatro horas de camino. Con el tiempo me puse a sembrar hortalizas y luego a sembrar higuerilla y a vender los productos en una mesa a la vista de la carretera. Me compré mi primera bicicleta. Ya iba a estudiar, pero me tocaba llevar en la parrilla a mi hermano Pablo. Más adelante él tuvo su propia bicicleta y echábamos carreras en el barrio. Él era más de autos y balones”.

 ¿Cómo era su bicicleta?

Una bicicleta de turismo marca Umber. Me tocó pintarla con los dedos. En ella nos tocó ir hasta el Alto de Minas a ver a Fausto Coppi y a todos los corredores de la época dorada del ciclismo antioqueño. Ahí me entró la fiebre por la bicicleta y lo que más me gustó fue cuando los corredores pasaban enfrente de mi casa. Venían de Medellín y daban la vuelta en oriente. Los veía pasar cuando estaba pequeño y miraba cómo se les inflaba la camiseta.

 Le dicen Osito.

Cuando ganaba mi primera competencia,  pasa un carro y me tira pantano en la cara, me tapa el número, y un locutor de aquella época comentó: “y aquí acaba de ganar un corredor que parece un osito, no sabemos cómo se llama”. Luego puse mi fábrica de bicicletas marca Ositto, con doble t para que se pensara que era italiana.

¿Usted Compitió con Cochise?

Corrí dos vueltas a Colombia, gané 37 competencias en un año y fui elegido el segundo deportista de Antioquia en esa época, después de Cochise. Le gané muchas competencias y luego fui entrenador de la selección colombiana. Estuve en Europa y tengo fotos con Eddy Merckx.

Fan de la Tour de Francia.

Y de Rigoberto Urán porque fui entrenador de un familiar de él, de Heriberto Urán, que compitió en Colombia. También soy seguidor de Nairo, quien me regaló una camiseta y la tengo en el museo. Con él converso mucho de ciclismo.

Usted fue más que ciclista.

He hecho muchas cosas en mi vida. Tuve un criadero de caballos muy importante, el mejor de Colombia. Mandamos a clonar un caballo y tuvo un atentado por parte de la policía, que lo castró. Con una tijera le cortaron los testículos, cuando las persecuciones contra toda nuestra familia.

¿Qué le hizo dejar el ciclismo?

Resulta que un día estaba en mi fábrica de bicicletas en Manizales, cuando empezaron a perseguir a toda la familia de mi hermano, así no tuviéramos nada que ver. A un hijo mío de cinco años un policía le pegó una patada en las nalgas y le reventó los dientes de adelante y mi esposa fue llevada a la cárcel, sin tener antecedentes. Ahí comenzaron los problemas.