Javier Aguirre rompe el silencio y habla en exclusiva para Excélsior
Javier Aguirre, que trabajará en Oriente Medio para dirigir al Al-Wahda, señala que la investigación por amaño de partidos en España no le quita el sueño
CIUDAD DE MÉXICO, 21 de junio.- Javier Aguirre (Ciudad de México, 1958) pasa sus últimos días en Madrid, en una casa llena de cajas y maletas. En poco tiempo estará viajando al Oriente Medio, donde dirigirá al Al -Wahda, de Abu Dhabi, un equipo cuatro veces campeón en la Liga Árabe del Golfo y participante del Mundial de Clubes 2010. Tuvo la opción de ir a Grecia o de quedarse en España, pero no encontró garantías económicas de los clubes que lo buscaron.
“También tuve chance de ir a México”, refiere, en conversación telefónica con Excélsior; “pero allá quiero volver en otra faceta. Como entrenador ya cumplí mi ciclo. Hoy hay gente joven muy fuerte y bien preparada, superior a mí. Prefiero ir en otro cargo”.
¿Esa oportunidad de volver se la ofreció el América?
No, no tuve ningún acercamiento con ellos. Fue más bien con otros equipos. Te diría que casi cada año, durante los últimos 10, he tenido al menos una opción de regresar. Y seguramente lo haré, pero por ahora quiero agotar todos mis recursos por acá.
¿La pasión se agota con el paso de los años?
Es difícil, porque naces con ella. Yo recuerdo que de chiquito, en la colonia Lindavista, aprendes en la calle a jugar futbol, a echar paredes, a poner tu suéter de portería o sortear coches. ¿Qué me dices de los goles de coladera a coladera o la ayuda de la banqueta? Eso ya lo llevas para toda la vida. Luego juegas en tu escuela y de ahí, con suerte, te vuelves profesional. Ya cuando no te dan las facultades físicas, sigues vinculado a través del entrenamiento con profesores y así hasta dar con otra faceta. Cuando yo esté obsoleto, pasaré a una oficina, seguramente. O a transmitir experiencias en los medios, no lo sé. Esa pasión seguirá conmigo hasta que el cuerpo aguante.
¿En el futbol actual la enseñanza sigue siendo una meta asequible en los jóvenes?
Sin lugar a dudas. Enseñas y aprendes de los jugadores. Lo acabo de vivir en Japón. Estuve seis meses y aprendí cosas maravillosas de todos ellos. Para ello tienes que estar dispuesto, mantener la mente abierta en el campo de entrenamiento y escuchar, siempre atento. Hoy es otra juventud a la que uno se dirige. En mi época no existía toda la tecnología actual ni este modo de comunicarse tan rápido. Teníamos otras inquietudes los jóvenes futbolistas de los 70 y principios de los 80. A mí me ayuda que tengo tres hijos varones, de 27, 25 y 19, y de alguna manera tengo en casa ese tipo de problema. Por eso, ya cuando vas al entrenamiento, con chavos de la edad de los tuyos, conoces más o menos su lenguaje y te adaptas a ellos.
Es decir, el jugador de nuestros tiempos sabe escuchar...
Yo pienso que sí. Hay que saber hablar en su idioma, comprenderlos. Yo soy de la idea de que los jóvenes en la actualidad son más profesionales que lo que pudimos llegar a ser nosotros en los 70. Yo llegué al América en el 75 y teníamos un concepto diferente de la diversión y el profesionalismo. Actualmente, el futbol es un escaparate y todo lo que hagas o digaspuede ser perjudicial o benéfico. En nuestra época ibas a entrenar dos horas y regresabas a casa sin ver lo que decían de tu trabajo. Aquí las 24 horas tienes a todo mundo encima. Una noticia urgente le da la vuelta al mundo en dos segundos.
A usted le gusta la música clásica. ¿Alguna relación tendrá con el futbol?
Seguro. Hay arte, inventiva, desarrollo de los sentidos, improvisación... Si le pones música de fondo a los gestos o imágenes futboleras, que luego pasan en la televisión, seguramente encajará perfecto el movimiento de las jugadas con la música.
¿Qué ha sido el balón durante toda tu vida?
Se convirtió en un habitante de la casa y de la familia. Tuve la fortuna de encontrarme en el camino con Silvia (su esposa), a la que le encanta el futbol. Tal vez más que a mí.
¿Siempre se salió con la suya?
Si eso significa ser profesional y ser congruente, sí. Evidentemente hubo obstáculos, el principal: el resultado final de un proyecto. Si cumpliste o no con el objetivo, ahí es cuando se hacen las evaluaciones y se decide lo que sigue. Soy un tipo dialogante y eso me ha permitido sortear muchas cosas o, por lo menos, a través del verbo, convencer que lo mejor para el directivo, jugador o cuerpo técnico es ir por el mismo camino. He tenido diferencias grandes, pero nunca al grado de terminar una relación de manera abrupta ni mucho menos. Las veces que salí de un equipo fue por un tema estrictamente de resultados, caso concreto Zaragoza o Atlético de Madrid.
¿Qué me dice de su salida de la selección de Japón?
Fueron dos situaciones. Los resultados, porque acabó la Copa Asia y no conseguimos el objetivo. Ese mismo día, delante de los jugadores y la prensa, el presidente de la Federación manifestó su apoyo hacia la continuidad de mi trabajo. Lo hizo público. Pero a la semana de esto, coincidió que se hizo oficial la investigación de un partido del Zaragoza (contra el Levante) en el que yo estuve y me citaron a la reunión con el presidente. Me comentaron que tenían miedo del futuro en cuanto a mi atención al proyecto. Yo tenía que resolver mi problema personal e iba a distraerme de mi trabajo. Así me lo hicieron saber y yo no les pude garantizar que no tuviera que viajar a España por algún motivo relacionado. De común acuerdo, decidimos no continuar. Tampoco fue algo traumático ni para ellos ni para mí.
¿Y ese asunto lo tiene tranquilo?
Me presenté ante la autoridad y di mi versión de los hechos. Desde ese día hasta hoy estoy absolutamente tranquilo. Entiendo que son cosas que llevan un tiempo, pero yo sigo ejerciendo mi trabajo. Puedo hacerlo perfectamente, nada me lo impide. Y ya está. Esto llevará su curso, seguirá la investigación hasta que quieran las autoridades y se determinará en un futuro si hay o no elementos para juicio. O se archiva la investigación o se continúa, no hay más. Pero no es algo que en este momento me quite el sueño. Entiendo que son procesos lentos.
En algo ayuda tener
ese carácter.
Nunca permitiré negociar cosas que son innegociables. La actitud, el trabajo, el amor por el futbol... y tu trabajo. Es decir, hay obligaciones y derechos, y tienes que ser firme con eso. Ha pasado que yo me he equivocado, lo he aceptado y he seguido adelante en mi camino. Tampoco creo que sean tan graves los malos momentos que he pasado o alguna mala decisión que he tomado. Siempre lo he asumido. Cuando me he equivocado, he pedido disculpas. Cuando me he salido del reglamento, también lo he hecho públicamente.
Pero el desgaste repercute de alguna forma, ¿no?
Lo mío es genético, tanto el estrés como las canas (se ríe). Yo decía un poco en broma cuando salí de la Selección Nacional, la segunda vez, en 2010, después del Mundial de Sudáfrica, que le tomaran una foto al Chepo, que en ese momento era el que asumía el cargo. Y que le tomaran la misma foto cuatro años después. Sí que hay un desgaste que se manifiesta físicamente, por más que uno intenta que no te haga mella. Llevas el futbol por dentro: estás pensando en la alineación de mañana, alguien te comenta alguna crítica sobre tu trabajo y, si no lo sabes llevar, si no supiste en el éxito comportarte a la altura, menos lo harás en el fracaso. El equilibrio emocional es un arte que hay que intentar desarrollar los entrenadores.
¿Lee periódicos?
Por supuesto. Es que si no hay autocrítica no hay nada. No te puedes meter a una pecera, o a una burbuja, como si no pasara nada a tu alrededor. O como si tú hicieras todo bien y te crees el hombre perfecto y que nadie está a tu nivel de conocimientos futbolísticos. Y no es así. Lo único que tengo de diferente contigo, por ejemplo, es un título de entrenador. Pero veo futbol igual que tú. Esto no tiene tanta ciencia ni es tan complicado. Las experiencias ayudan, es cierto, pero también el sentido común.
¿El idioma no es una barrera?
En Japón teníamos un traductor permanente. Mucha gente ya hablaba inglés, pero también tuvimos que aprender un poco el idioma. En fin, eso ya terminó. En Abu Dhabi gran parte de la población también habla inglés. Cuando estuve ahí, negociando, vi que no había problema. El mejor lenguaje en el futbol es la pelota. Da igual el idioma que sea.
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