Hinchas, los demonios en las tribunas
Cuando el balón comienza a rodar, en los estadios se asoman distintos sentimientos donde se mezclan el racismo, la religión, el nazismo y la política
CIUDAD DE MÉXICO, 1 de octubre.- En las tribunas españolas existe mucho más que la expectación por mirar lo que hacen Leo Messi, Cristiano Ronaldo o el brasileño Diego Costa. En el ADN de los hinchas existe un nacionalismo, racismo y xenofobia muy marcados, tan señalados como el color de la playera misma. Si el duelo por el liderato está entre el Real Madrid y el Barcelona de inmediato saltan a la cancha y en los bares de las barras el franquismo y el ideal por una Catalunya libre.
Si el partido entre ambos se da en el Camp Nou, los Boixos nois de Barcelona apedrean el camión de los merengues mientras lanzan mensajes de nacionalismo catalán. Pero si el encuentro se da en el Santiago Bernabéu los llamados skinheads madridistas (Ultra Sur) muestran su radicalismo.
¿Cómo pueden los madridistas decir que su equipo no es un símbolo fascista (facha) si su estadio lleva el nombre de su ex presidente Santiago Bernabéu, quien fuera soldado de Franco y participó en el ataque a Catalunya?
Muchos aficionados todavía miran al Real Madrid de CR7 y Bale como el equipo del general Francisco Franco, mientras que en los juegos del Barça se siguen escuchando cánticos de Joan Manuel Serrat, a quien en un tiempo se le prohibió cantar en catalán y se refigió en México.
Pero no toda la rivalidad española termina entre catalanes y merengues. Junto al Real Madrid existen otros ultra de extrema derecha como el Frente Atlético
(Atlético de Madrid), Brigadas blanquiazules (Espanyol), Supporters Sur (Betis) y los Ultras Yomus (Valencia), todos grupos radicales asociados a facciones políticas de extrema derecha que suelen incorporar elementos de nacionalismo español, racismo y xenofobia.
Existen los grupos de izquierda, donde se asoman los Boixos Nois de Barcelona y otros clubes cuyo regionalismo está muy marcado. Se encuentran también el grupo Indar Gorri (Osasuna), Herri Norte (Bilbao) y Riazor Blues (La Coruña), en los que se lucha por exaltar los ideales catalanes, vascos y gallegos.
Existe un tercer grupo denominado de extrema izquierda, un sector minoritario con ideología antirracista, comunista, anarquista y republicana. Grupos como el Biris Norte (Sevilla) y Bukaneros (Rayo Vallecano), levantan la mano en este renglón.
Nazismo y fascismo
Nazismo, fascismo y racismo vuelven a unirse, teniendo como excusa una cancha de futbol, y uno de los causantes de esto fue el ex delantero de la Lazio, Paolo di Canio, quien se popularizó por celebrar goles extendiendo el brazo derecho, característico saludo fascista, para regocijo de los hinchas del club romano en el cual, según una encuesta hecha en Italia, el 70 por ciento de los aficionados se declaró de ultraderecha.
“Soy fascista, pero no racista. Hago el saludo romano para saludar a mis aficionados y a los que comparten mis ideas. Este brazo tendido no quiere nunca ser una incitación a la violencia y menos al odio racial”, dijo en su momento el delantero.
Di Canio no es un caso aislado. El futbolista checo Pavel Horvath, del Sparta Praga, fue multado por la federación de su país por haber realizado el saludo nazi en un campo de juego.
La primera gran manifestación racista de parte de la hinchada de la Lazio fue en los 90 cuando jugaban contra un equipo israelí y desplegaron una bandera que decía: “Auschwitz es tu país; los crematorios, tu casa”.
En febrero de 2002, los hinchas de la Lazio volvieron a llevar masivamente banderas con cruces celtas y retratos de Benito Mussolini y estalló la polémica. Las autoridades italianas tomaron una decisión que se mantiene hasta hoy y que casi todas las ligas del mundo copiaron: los partidos podrán suspenderse si aparecen leyendas xenófobas en las tribunas.
Entre los jugadores que se han declarado fascistas están: Paolo Di Canio (tiene el cuerpo tatuado de símbolos y frases fascistas), Raúl González (se le han tomado fotos con sus banderas y símbolos), Fabio Cannavaro (mostró su gusto por la corriente fascista al ondear una bandera italiana de los años de cuando la ideología estaba en pleno apogeo), Gianluigi Buffon (en el Parma, decidió llevar en el dorso el número 88, cifra relacionada con Hitler. En otra ocasión, mostró una camiseta con la frase mussoliniana “Boia chi molla” -“A la guillotina el que se rinda”-), Mauro Zárate (se le vio haciendo el saludo nazi en tribunas romanas) y Alberto Aquilani (colecciona retratos, cuadros y figuras de Mussolini).
Entre los clubes europeos con hinchas nazis están: Shalke 04, Sparta Praga, Lokomotiv, Dynamo Kiev, Lazio, Roma, PSG, Atlético de Madrid, Real Madrid y Chelsea.
En argentina, hinchas del Chacarita portaron una bandera con la leyenda: “Yo nazi en San Martín”. Los de All Boys copiaron la ocurrencia con la frase: “Yo nazi en Floresta”.
En el nombre de Dios
En el balompié inglés existe un duelo en el que las tribunas se llenan de rezos, cruces, pancartas y cánticos religiosos entre católicos y protestantes. Se trata de los Celtics y Rangers. Los primeros llevan su herencia católica e irlandesa muy a la vista (el escudo con el trébol de cuatro hojas es el símbolo de una orden religiosa). Los segundos muestran el rojo, blanco y azul de la bandera británica y entre sus venas corre el protestantismo.
El fanatismo religioso ha creado violencia en las gradas de ambos equipos, donde suelen asomarse carteles con imágenes del Papa y la Reina de Inglaterra. De ahí que exista un proyecto de ley que convertirá en delito la conducta que incite el odio religioso en el futbol.
Asuntos de color
Las gradas de futbol se han convertido en lugar de reunión para grupos de extrema derecha que han protagonizado varios incidentes relacionados con el racismo. Samuel Eto’o, Balotelli y Dani Alves han sido de los pocos jugadores que se han atrevido a condenar este tipo de comportamiento xenófobos.
Sin embargo, un equipo que se ha convertido en símbolo universal de racismo es el Zenit ruso, cuya inchada prohibe vestir la camiseta de su equipo a negros y homosexuales. Un claro ejemplo se dio durante un partido de la UEFA en 2008 contra el Olympique de Marsella (el equipo francés más africano), en el que radicales del Zenit se presentaron en la tribuna disfrazados del Ku Klux Klan y lanzaron plátanos a los jugadores negros.
Otra víctima de los excesos de los ultras del Zenit fue el brasileño Roberto Carlos, al que también lanzaron plátanos cuando vestía la camiseta del Anzhi, que cuenta también con aficionados violentos. El club ha dejado en claro que no comulga con la política de los hinchas. “No tenemos ningún tipo de política para restringir nuestra plantilla por su origen o color de piel”, dijo en su momento Dietmar Beiersdorfer, director deportivo del Zenit y para muestra contrataron al brasileño Hulk. La respuesta saltó de inmediato de parte de un grupo denominado Landskrona (fortaleza, en sueco) cuyo comunicado decía: “No somos racistas, pero para nosotros la ausencia de futbolistas negros es una importante tradición que refuerza la identidad del club”. Dicho grupo subraya la falta de vínculos con África, América Latina, Australia y Oceanía.
...y el St. Pauli
Fue a mediados de los 80 cuando el St. Pauli alemán comenzó la transición de un club tradicional a uno de culto. En este equipo de Hamburgo surgieron de manera espontánea ideales anarquistas, comunistas y socialistas. Los hinchas adoptaron el cráneo con huesos cruzados como su propio emblema no oficial y el equipo se convirtió en el primer club alemán en prohibir oficialmente los símbolos fascistas y cualquier actividad nacionalista.
La organización tiene una postura abierta contra el racismo, el fascismo, el sexismo y la homofobia y ha incorporado esta posición en sus estatutos. De hecho su presidente, Corny Littmann, es abiertamente homosexual.
El St. Pauli es también símbolo mundial para el punk y subculturas relacionadas. Su rival en las canchas es el Hamburgo SV, el club más grande de la ciudad. Y es que el HSV tiene un grupo de hinchas neo-fascistas, quienes suelen poner banderas con la palabra “hass” (odio). Los del St. Pauli cantan como respuesta aquello de “Amburgo, Amburgo, vaffanculo” (Hamburgo, Hamburgo, váyanse a la mierda).
Demasiados grupos de rock suelen identificarse con el equipo y portan su imagen en conciertos.
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