CIUDAD DE MÉXICO, 2 de marzo.- Los estadunidenses entraron la madrugada de hoy sábado en una nueva era propiciada por recortes presupuestales obligatorios que el presidente Barack Obama calificó como “tontos y arbitrarios”, pero simbolizan para muchos la incapacidad de un sistema “trabado” por el rejuego político.
Obama y líderes legislativos de ambos partidos fracasaron ayer en intentos de último minuto para evitar el recorte de 85 mil millones de dólares que afecta sobre todo a gastos relacionados con el mantenimiento de servicios de seguridad en aviación, industria alimentaria, el Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional.
Convinieron, sin embargo, en la necesidad de mantener el funcionamiento del gobierno hasta finales de marzo, lo que de acuerdo con analistas hace menos posible que el gobierno deje de funcionar por falta de recursos aunque los recortes presupuestales se mantendrían por el futuro previsible.
“No deberíamos hacer una serie de recortes tontos, arbitrarios, a cosas de las que dependen los negocios y de las que dependen los trabajadores”, dijo Obama en una conferencia de prensa. Y advirtió: “No todos sentirán el dolor de esos recortes de inmediato. El dolor, sin embargo, será real”.
De acuerdo con los politólogos Norman Ornstein y Thomas Mann, los recortes —que sumarán poco más de un millón de millones de dólares en diez años, provocarán “daños acumulativos” que serán poco visibles en principio. Las “irracionales reducciones en el gasto público” tendrán impacto, señalaron, en el crecimiento económico, la creación de empleos, educación, investigación científica e infraestructura.
Los republicanos insisten de cualquier forma en que el problema no es el ingreso gubernamental, sino el gasto. Obama insistió en que era necesario elevar impuestos a los más pudientes, pero la oposición conservadora rechazó la propuesta.
Los recortes estaban programados para entrar en efecto literalmente en el último minuto de ayer, tras ser ordenadas por un acuerdo en 2011 entre el Congreso y la Casa Blanca.
La medida, determinada en 2011 por la entonces enorme mayoría republicana en la Cámara baja del Congreso estadunidense, ordenó un recorte presupuestal equivalente a un dólar por cada dólar de incremento en el techo de la deuda pública nacional.
El presidente Obama aceptó la medida como forma de lograr la aprobación para un aumento en el endeudamiento, que consideraba como indispensable para sostener el gobierno y prioridades de inversión para mantener índices de recuperación económica.
Pero nadie esperaba que lo que fue esencialmente un acto político-ideológico de la mayoría republicana en la Cámara baja llegara a ser una ley, pese a meses de escaramuzas políticas en los que los republicanos llevaron, hasta ahora, la peor parte.
En las últimas semanas demócratas encabezados por Obama y los líderes de la mayoría republicana en la Cámara baja, que controla el gasto público, se enzarzaron en una “guerra de nervios” que incluyó tenebrosas advertencias sobre las consecuencias del recorte y responsabilizaron al otro lado de jugar por ventaja política.
Según Ornstein y Mann, el problema no es tanto el dinero en juego sino la forma de abordar la problemática del gobierno.
Peor todavía, en el juego de forcejeos políticos la pelea “se retroalimenta” y hace cada vez más difícil un acuerdo, advirtió el analista Ron Brownstein, en The National Journal. Otros apuntan que la animosidad provocada por el choque puede poner en peligro otras prioridades de gobierno, incluso la reforma migratoria.
La Junta Editorial del Washington Post fue más sanguínea: “El Congreso y el presidente Obama han optado por no gobernar... cada lado ha concluido que sus intereses están en permitir que la medida (“sequester”, como se le denominó en inglés) proceda como estaba programado y luego tratar de ganar el juego de la culpabilidad política”.
El editorial calificó el hecho como “abdicación” y eso, apuntó, “es mala política”.
Una encuesta de Gallup consignó por su parte que 44% de los estadunidenses definió la situación como “mala”, “desastrosa” o aún con la frase: “Dios nos ayude”.
Efectos
1.- La población económicamente activa de Estados Unidos resentirá el impacto de esta nueva medida en la reducción de su sueldo.
2.- El fracaso que tuvo un grupo de demócratas y republicanos que buscaron evitar estos recortes podría marcar una nueva división entre los partidos.
Mínimas secuelas en México
Los recortes automáticos al gasto federal en Estados Unidos por 85 mil millones de dólares que entraron en vigor podrían tener un impacto en un menor crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de México de apenas unas décimas, afirmó a Excélsior Nathaniel Karp, economista principal para EU de BBVA.
Explicó que en el caso de la economía norteamericana los recortes le ocasionarían una contracción en el PIB de 0.6 o 0.7 puntos porcentuales en 2013, por lo que si el crecimiento esperado de EU iba a ser de 1.8 por ciento, ahora sería de 1.1 o 1.2%.
Pero en el caso de México el impacto podría ser de la mitad de la magnitud de lo que será en EU.
“De que habrá una afectación en México es seguro, pero ésta se resentirá en empresas o sectores proveedores de firmas norteamericanas que sufrirán los recortes, como las empresas de armamento o del sector aeroespacial”, expresó.
“Éste sería el impacto por medio de la economía real, pero existe el riesgo de otra afectación por los canales financieros, ya que podría registrarse cierta volatilidad que afecte al país en los próximos meses”, advirtió.
La volatilidad se originaría de no haber acuerdo sobre el presupuesto y el techo de deuda en EU, lo que generaría incertidumbre en los consumidores norteamericanos, quizás posposición de compras y de inversiones. Esto a su vez generaría desempleo, lo que afectaría en cierta forma la demanda de productos mexicanos.
Pablo López Sarabia, coordinador de Estudios Económicos de Estados Unidos de Banamex Citigroup coincidió en que los recortes al gasto en EU, podrían tener un impacto en la economía mexicana, pero no tan significativo.
Explicó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que los recortes al gasto en la economía de EU tendrían un impacto en una reducción de 0.5 puntos porcentuales en la economía norteamericana, pero en el caso de México el impacto en su PIB no sería tan grande, ya que la economía del país tiene fuertes fundamentos macroeconómicos.
“Si el FMI había proyectado originalmente un crecimiento del PIB norteamericano de dos por ciento para este año, entonces los recortes al gasto podrían ubicar el crecimiento del PIB de EU en 1.5 por ciento para este año”, subrayó.
“México sigue fuertemente vinculado a la economía de EU, sobre todo sus sectores manufacturero y automotriz, pero el país ha hecho su tarea y eso le da margen de maniobra para no resultar tan afectado”, recalcó.

