Falta menos de un año para las elecciones intermedias de 2027 y la oposición sigue sin recuperarse del colapso de 2024. La más reciente encuesta de El Financiero, firmada por Alejandro Moreno, presenta un panorama interesante: si hoy fueran las elecciones para la Cámara de Diputados, Morena arrasaría con 46% de los votos. En contraste, el PAN apenas alcanza 8%, el PRI 6% y Movimiento Ciudadano se queda en 5 por ciento.
¿Qué está pasando en la oposición? ¿No habrán sido suficientes dos años para haber articulado ya una propuesta de país que convenza e interpele?
El problema no es sólo de números, sino de narrativa y profundo extravío histórico. Es muy claro que el discurso entreguista del PAN y el PRI ha generado un rechazo generalizado.
En un país que luchó por su independencia y soberanía, escuchar a una senadora en tribuna implorando la intervención extranjera representa más un insulto a la historia de un pueblo digno que una crítica al gobierno. Del mismo modo, ver a un dirigente partidista tocar desesperadamente las puertas de la OEA, evoca irremediablemente a los tiempos en que los conservadores fueron al extranjero a buscar un emperador. Los resultados están a la vista y son devastadores para la derecha: estos partidos mantienen un rechazo histórico de 64% y 70% de opinión negativa respectivamente.
El caso de Movimiento Ciudadano es igual de revelador sobre los límites de la simulación política. Detrás de su fachada progresista y de sus campañas de comunicación, la gestión de sus gobiernos termina por dinamitar su propio relato. Es insostenible pararse en un pedestal de supuesta superioridad moral cuando en la realidad sus gobernantes guardan más coincidencias con Gustvo Díaz Ordaz que con Zohran Mamdani. Esa distancia abismal entre el discurso y la cruda realidad de sus administraciones locales es lo que ha llevado sus negativos hasta 53 por ciento.
La oposición es necesaria. Sería ingenuo y profundamente antidemocrático aspirar al pensamiento único. La pluralidad es parte de la realidad de nuestro país y el mínimo deseable sería que todas las expresiones políticas que no atenten contra los derechos adquiridos ni contra la dignidad de nadie, encontraran una representación en la arena política. Hoy los partidos políticos de oposición dejan mucho que desear, a pesar de los millones que reciben del erario para convocar, interpelar, formar, proponer. Para hacer política, vaya. De acuerdo con la encuesta de Moreno, hay más personas que no expresan preferencias por ninguna agrupación partidista (31%), que simpatizantes de cualquier partido de oposición y la diferencia es abismal.
Frente a este vacío en la derecha mexicana, la ventaja de Morena no es una coincidencia ni un accidente. El 46% en la intención de voto y 55% de opinión positiva responden al gobierno eficaz, popular y de resultados que ha construido la Presidenta de México, por una parte; y al trabajo del partido para mantener su organización y presencia permanente en todo el territorio nacional. Haber ganado la Presidencia en 2024 con la cifra histórica de 36 millones de votos nunca se entendió como el fin último para la continuidad de la Cuarta Transformación, sino como una vía para transformar vidas, transformar el servicio público y las viejas formas de hacer política. Bien haría el conservadurismo en aprender algo al respecto.
