En Madrid se formó la Izquierda; cumple 30 años la Corriente Democrática
El embajador de México en España, Rodolfo González Guevara, sirvió de gozne a las ideas democratizadoras de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo para el PRI en 1986, para elegir al candidato presidencial a las elecciones de 1988
CIUDAD DE MÉXICO.
En mayo de 1986, muchas calles de la Ciudad de México parecían hileras de dientes llenas de caries, edificios sin fachada, a punto de desplomarse, fierros retorcidos que iban oxidándose. El sismo del 19 de septiembre de 1985 así las dejó; además zarandeó a la sociedad y su organización; el presidente Miguel de la Madrid empezaba a recuperarse de lo que fue el peor día de su vida, cuando tuvo que enfrentar una nueva sacudida, esta vez política: el surgimiento de la Corriente Democrática (CD) dentro del PRI.
La Corriente Democrática —de ideología nacionalista de la Revolución Mexicana— no fue el primero ni el único desgajamiento de priistas, aunque quizá sí el más sonado en los 87 años de la existencia de ese partido.
Los principales promotores del grupo fueron Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del general Lázaro Cárdenas; Porfirio Muñoz Ledo, decimoprimer dirigente nacional del PRI y entonces integrante del Comité Ejecutivo Nacional priista y la exdiputada federal Ifigenia Martínez.
Cárdenas, Muñoz Ledo y Martínez se toparon ante el autoritarismo y la cerrazón que han caracterizado al PRI, según analistas, pero que con De la Madrid ellos vivieron de frente.
Miguel de la Madrid, presidente de México entre 1982 y 1988, en 1952 fue compañero de Muñoz Ledo en la Facultad de Derecho de la UNAM; eran de cortes ideológicos distintos: De la Madrid, más de centro derecha, mientras que Muñoz Ledo más cargado a la izquierda social demócrata. No obstante esta histórica ruptura en el PRI, De la Madrid y Muñoz Ledo mantuvieron su relación hasta la muerte del expresidente de México en 2010.
LA ARMARON EN SEMANAS
La historia de este capítulo de la política mexicana, que cumple ahora 30 años y es considerado la frontera entre el poder hegemónico del PRI y el inicio del poder compartido entre distintas fuerzas políticas, inició en Madrid.
En octubre de 1985, después de seis años como embajador ante la ONU, Muñoz Ledo regresó a México, con polémica de por medio por un incidente doméstico que terminó en conflicto diplomático, pues el gobierno de Estados Unidos pidió su remoción.
Ya sin misión diplomática, Muñoz Ledo viajó a la capital de España en octubre de 1985 y marzo de 1986, y visitó a su amigo, el embajador Rodolfo González Guevara. Los diplomáticos platicaron de cómo, a la distancia, veían la situación del país y de su partido, el PRI. González Guevara estudiaba la formación de la corriente crítica Izquierda Socialista de Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que en 1982 había tenido una crisis por, según sus miembros, el incumplimiento de Felipe González al llegar al gobierno, como mantener a España en la OTAN, entre otras cosas.
González Guevara le sugirió a Muñoz Ledo que buscara a Cárdenas, que también había pasado por Madrid, y compartía las mismas inquietudes. Fue hasta el 22 de mayo siguiente, en el estacionamiento del Auditorio Nacional de la Ciudad de México, cuando Cárdenas, entonces gobernador de Michoacán, fue abordado por Muñoz Ledo a la salida del Consejo Nacional Extraordinario del PRI.
Aquella fue una charla entre dos políticos que si bien habían sido compañeros en el jardín de niños Brígida Alfaro, de la colonia Del Valle, en la capital, en realidad no tenían una amistad profunda, aunque sí amigos en común, como González Guevara, que había interconectado sus ideas democratizadoras.
DECLARACIÓN SIN PRECEDENTE
La fecha de ese encuentro fue la misma en que Muñoz Ledo declaró a Excélsior lo que entonces parecía improbable: salirse de la línea presidencial.
En la primera plana de El Periódico de la Vida Nacional del 23 de mayo está el título que dice: “Pide Muñoz L. desterrar el tapadismo de la sucesión presidencial”. La nota firmada por Fernando Meraz inicia así:
En una declaración sin precedente en la historia del actual sistema político mexicano, el expresidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, Porfirio Muñoz Ledo, manifestó que “en el actual proceso de renovación emprendido por el partido, como respuesta a la crisis, deberían desterrarse de la sucesión presidencial todos los métodos anacrónicos y arcaicos, como el tapadismo, y las formas en que se actúa de espaldas al pueblo”.
Del encuentro en aquel estacionamiento entre Cárdenas y Muñoz Ledo surgió el hoyito del cual se generó la fisura, que en unas cuantas semanas después se convirtió en una gigantesca grieta en el PRI, que empezó a drenarlo y a drenarlo hasta acabar con la hegemonía iniciada en 1929.
La primera sacudida para el PRI fue la elección presidencial de 1988, ante el Frente Democrático Nacional, formado a partir de la CD y varios partidos opositores al PRI: obtuvo 137 diputaciones federales y cuatro lugares en el Senado, uno de los cuales fue para Muñoz Ledo y otro para Ifigenia Martínez. En 1989, el PRI perdió la gubernatura de Baja California ante el PAN.
En los pocos minutos que Cárdenas y Muñoz Ledo se encontraron en aquel estacionamiento del Bosque de Chapultepec, hablaron de la situación del país, de la deuda externa —entonces el precio de dólar rondaba los 600 pesos—, había un creciente déficit público y el desplome en el precio del petróleo.
Con el típico “nos hablamos después”, Cárdenas y Muñoz Ledo se despidieron. En el transcurso de los días, el michoacano y el guanajuatense “por derecho de sangre” se contactaron y quedaron de reunirse el 13 de junio en La Cava, un restaurante en Insurgente Sur, actualmente cerrado.
En La Cava, escribió Cárdenas en sus memorias Sobre mis pasos, la plática con Muñoz Ledo volvió a ser sobre los temas hablados en el estacionamiento del Auditorio Nacional 22 días atrás. Pero, además, entonces convinieron en juntarse con otros políticos amigos.
LES SEGUÍAN LOS PASOS
La siguiente reunión fue en Coyoacán, en la casa de Ifigenia Martínez, diputada federal en la L Legislatura (1976-1979), el 4 de julio de 1986. A esa cena asistieron, además de Cárdenas y Muñoz Ledo, Jacinto Mújica, Leonel Durán, Armando Labra, Gonzalo Martínez Corbalá, Carlos Tello Macías, César Buenrostro y el embajador González Guevara.
La sucesión presidencial y la democratización del PRI fueron los principales temas que todos esos priistas disidentes a la línea presidencial tocaron en su conversación que, a partir de entonces, ya tuvo objetivo más claro.
En esa cena, los priistas fueron más a fondo en su intento por sacudir a las bases priistas.
Ahí se planteó —como sucedió en 1987, un años después— la postulación de un candidato de sacrificio, como ellos lo llamaron, y que éste debía ser Cárdenas, en lo que el todavía gobernador de Michoacán discrepó.
El hijo del general Cárdenas dijo que el indicado debía ser González Guevara, que había tenido más contacto con la dirección priista, amén de haber sido presidente de la Gran Comisión de la Cámara de Diputados, entre otros cargos, se lee en Sobre mis pasos.
Para entonces, en los corrillos priistas se sabía que Cárdenas, Muñoz Ledo y otros priistas de alcurnia preparaban algo; que incluso perfilaban la creación de un nuevo partido. El 5 de mayo de 1989 se creó el Partido de la Revolución Democrática. Cárdenas y Muñoz Ledo fueron los dos primeros en dirigirlo.
El 25 de julio de 1986, 21 días después de la cena en la casa de Ifigenia Martínez, hubo otra reunión del grupo de priistas democratizadores. Se sumaron Silvia Hernández, Augusto Gómez Villanueva, Severo López Mestre, Eduardo Andrade y Horacio Flores de la Peña, entonces embajador de México en Francia.
Aunque los temas seguían siendo los mismos, como la democratización del PRI y la sucesión presidencial, acordaron que el grupo debía crecer y salir del ámbito de la Ciudad de México para tener presencia nacional.
MMH ESTABA EN WASHINGTON
El 14 de agosto de 1986, cuando el presidente Miguel de la Madrid estaba en Washington —el día anterior se había reunido con Ronald Reagan, mandatario de Estados Unidos—, y a 18 días del IV Informe de Gobierno del Ejecutivo mexicano, la nota de la creación de la Corriente Democrática del PRI la publicó el diario unomásuno.
Jorge Fernández Menéndez —en 1986 reportero del diario fundado por Manuel Becerra Acosta, quien fue subdirector de Excélsior hasta 1976— recordó en su columna Razones del 29 de julio de 2016 la publicación de la primicia.
En la nota, redactada por Gonzalo Álvarez del Villar, se anuncia sin muchos detalles el surgimiento de un grupo disidente priista, el que Becerra Acosta bautizó como “Corriente Democrática”.
Sin embargo, la puesta en marcha de los trabajos de este grupo no tuvo una fecha fundacional. El 22 de agosto, Muñoz Ledo se reunió por más de dos horas con Adolfo Lugo Verduzco, entonces presidente del PRI, para informarle de los trabajos del grupo; el 5 de septiembre, aún como gobernador de Michoacán, Cárdenas también estuvo con Lugo Verduzco, y fue hasta el 1 de octubre de 1986 cuando el grupo presentó su Documento de trabajo número 1, fechado en Morelia, Michoacán.
En la columna Frentes Políticos del 16 de agosto de 1986, Excélsior retomó el tema ganado por unomásuno.
En Mérida, Muñoz Ledo, que fue padrino de la primera promoción de egresados de la Facultad de Economía de la Universidad de Yucatán, declaró que la CD “busca elevar la participación de los cuadros de base en las elecciones internas, afianzar la libertad individual, la justicia y el respeto al voto”.
Muñoz Ledo dijo entonces que la Corriente era resultado de medidas partidistas anteriores, que tomaron fuerza por las circunstancias económicas de México y, por supuesto, por la demanda generalizada de lograr una mayor democratización individual y social.
El 20 de agosto se publicó en la página 4 de este diario la intervención que Gonzalo Martínez Corbalá, entonces senador, tuvo en tribuna, desde donde se refirió a la CD.
El exembajador de México en Chile, entre 1972 y 1975, aseguró que el surgimiento de la CD está inmersa en el marco de la crisis, “y me parece pertinente esta aclaración porque la idea de democratización integral en realidad no es de quienes hemos sido mencionados como parte de este grupo, pues la democratización integral fue postulada por el presidente Miguel de la Madrid siendo candidato presidencial”.
Martínez Corbalá confirmó, dice la nota informativa, que un grupo de priistas se reúne, pero que no es “un club de amigos”, sino una corriente histórica, un grupo muy numeroso surgido dentro del mismo PRI, preocupado por las agresiones internas y externas que sufre el país a manos de la derecha y el imperialismo, y preocupados por la democratización de un país que atraviesa una crisis como ésta.
Martínez Corbalá, hombre cercano al general Lázaro Cárdenas del Río, sin embargo siguió dentro del PRI, fue director del Infonavit (1991), gobernador de San Luis Potosí (1991-1992) y director del ISSSTE entre 1993 y 1994.
LA LÍNEA ERA DESCALIFICARLA
A partir de que se conoció la noticia del surgimiento de la Corriente Democrática, las opiniones de priistas que se oponían a un desgajamiento se multiplicaron.
El jueves 21 de agosto, una nota firmada por Marta Anaya da cuenta que Juan José Bremer, entonces secretario de divulgación ideológica del PRI, y actual embajador de México en Cuba, declaró que la bandera de la democratización del partido no es patrimonio exclusivo de ningún grupo.
El entonces diputado federal en la LIII Legislatura (1985-1988) dijo que cualquier planeamiento progresista en México, en las actuales condiciones de lucha política en el país, “tiene que tener como prioridad apoyar el liderazgo del Presidente de la República”.
En esa misma edición del 21 de agosto, Víctor Manzanilla Schaffer, entonces senador por Yucatán, descalificó el surgimiento de la Corriente Democrática, señalando que vulneraría la unidad, la solidaridad y la disciplina del PRI.
Manzanilla, quien dos años después del surgimiento de la corriente se convirtió en gobernador de Yucatán, rechazó uno de los objetivos de los disidentes, elección interna para la nominación del candidato presidencial, señalando: “querer imponer a nuestro partido la democracia interna por voto de una convención es una idea que no necesariamente se ajusta a la realidad política, socioeconómica y estratégica que debe seguir como partido nacional”.
Carlos Jonguitud Barrios, que acababa de concluir su mandato como gobernador de San Luis Potosí y llamado líder vitalicio del sindicato de los maestros hasta que fue sustituido por Elba Esther Gordillo en 1989, siendo senador de la República, en agosto de 1986 defendió al PRI:
No sé nada ni me interesa el grupo de Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano para la democratización interna del PRI, porque nuestro partido tiene un solo camino: la Revolución hecha ley en la Constitución Política”.
CÁRDENAS Y MUÑOZ LEDO
SE MANTIENEN FIRMES
Nueve días después de la primicia de unomásuno, el 23 de agosto, Excélsior publicó sendas entrevistas con los dos principales protagonista del grupo disidente priista. Al gobernador de Michoacán lo entrevistó Juan Gerardo Reyes, en Angangueo, Michoacán, y al exembajador de México en la ONU, Fernando Meraz, en la Ciudad de México.
Cárdenas dijo que “la Corriente Democrática no es un grupo estructurado, sino que es una forma de pensar y sentir de mucha gente del partido que considera necesario avanzar”.
El ingeniero Cárdenas aclaró entonces que la etiqueta de democratizadores era incorrecta, porque las expectativas eran más amplias para quienes nos consideramos de avanzada en el partido.
Hemos planteado nuestras inquietudes a viva voz respecto de buscar aquellas medidas que impulsen un desarrollo independiente que permita solucionar al plazo más corto posibles necesidades de grupos mayoritarios, que permitan el ejercicio pleno de la soberanía y desde luego abrir cauces democráticos, más amplios tanto dentro del partido como en la vida pública y política del país”.
A su salida del encuentro que Muñoz Ledo tuvo con el presidente del PRI, Adolfo Lugo Verduzco, comentó, todavía dando el beneficio de la duda, que dejarían prosperar a la CD y sus objetivos, que el PRI a lo largo de su devenir histórico ha sabido asimilar sus tiempos para adecuarse a las necesidades vigentes y modernizarse en cada época. Esto –precisó– es lo que ha permitido mantenerse en la conducción del país.
El exlíder priista, en esa información publicada el 23 de agosto, clarificó que él no acuñó el calificativo de “democrática”, cuando le dio la nota a Manuel Becerra Acosta, al decir que “prefería no emplear adjetivos para calificar lo que se ha dado por llamar corriente democratizadora y que, en todo caso, prefería que se utilizaran los mismos términos que el PRI utiliza en su declaración de principios, es decir: “nacionalista”, “democrática” y “popular”.
Entre agosto y septiembre de 1986, los priistas contrarios a Cárdenas y Muñoz Ledo siguieron tratando de desacreditar el surgimiento del grupo, hasta que el 1 de octubre, fechado en Morelia, dieron a conocer el Documento de trabajo número 1, donde entre otras cosas los priistas disidentes suscribieron:
Nuestro propósito común es coadyuvar a que la transformación del país se realice con un sentido progresista, mediante el ejercicio de una resuelta acción política en favor del proyecto histórico constitucional, y la movilización de las fuerzas sociales que sustentan a nuestro partido”.
En ese documento fundacional mencionaron sus proyectos de reforma política y de modificaciones a los procedimientos de trabajo del PRI, para que, dijeron, “lo vigoricen mediante la participación más directa y permanente de las bases en las decisiones que las afectan, particularmente en la selección de candidatos a los cargos de elección popular en todos los niveles. Estamos dispuestos a luchar porque el tránsito constitucional que se avecina (se referían a las elecciones de 1988) asegure al titular del Ejecutivo las mejores condiciones políticas para defender la integridad y la unidad de la nación, con el concurso pleno de todas las fuerzas sociales”.
Así se gestó la Corriente Democrática del PRI hace 30 años.






