Intervienen fotos que Leo Matiz tomó a Frida Kahlo
La exposición A través de espacio, tiempo y dimensiones del arte y vida, de Emanuele Viscuso, se presenta por primera vez en la Ciudad de México
CIUDAD DE MÉXICO, 14 de enero.- Por su amistad estrecha, Leo Matiz (Aracataca, 1917-Bogotá, 1998) tuvo abiertas las puertas de la casa y taller de Diego Rivera y Frida Kahlo, lo que le permitió registrar con su cámara reuniones entre amigos de la escena cultural, presentaciones de obra, sesiones de trabajo y días cotidianos que se convirtió en un acervo de dos centenares de fotografías de la vida diaria de los pintores mexicanos.
De esas instantáneas, en su mayoría retratos de Frida Kahlo, el pintor y escultor italiano Emanuele Viscuso, también amigo cercano del matrimonio, eligió alrededor de una decena en blanco y negro para intervenir algunas con objetos y otras con herramientas digitales, y así convertir las piezas bidimensionales en arte-objeto.
Luego de exhibirse en el Art Temple de Miami Beach, la serie fotográfica titulada A través de espacio, tiempo y dimensiones del arte y vida se presenta por primera vez en la Ciudad de México, en el marco de la apertura de la nueva galería Dulce Olivo, en Coyoacán, junto con otras fotografías del artista colombiano que complementan una reseña visual sobre Kahlo, con especial énfasis en sus padecimientos físicos.
Si bien las fotografías originales datan de mediados de los años 40, Viscuso hizo las intervenciones para conmemorar el 50 aniversario luctuoso de Frida Kahlo, en 2003. “Este artista, que conoció a mi papá en Colombia, le propuso desde muchos años antes que muriera hacer las intervenciones, pero ya no se hizo el proyecto. Luego yo me encontré con él en Miami y decidimos realizar el trabajo que a mi papá también le interesaba”, cuenta en entrevista Alejandra Matiz, directora de la Fundación Leo Matiz.
Las imágenes muestran a la pintora en la Casa Azul con sus amigos, en fiestas y comidas, en las calles del barrio de Coyoacán, en su jardín o en su taller en una cotidianidad muy familiar; sin embargo, con las alteraciones de Viscuso esa mirada intimista sobre Kahlo se intensifica al usar referentes sobre sus enfermedades; sus sufrimientos tanto físicos como emocionales.
“Emanuele hizo la selección de fotos y de acuerdo con lo que le inspiraban fue trabajándolas, por ejemplo a unas les pegó cables en referencia a la fragilidad de Frida, o las pintaba del contorno. También hizo algunos experimentos digitales y en una imagen insertó un retrato suyo de cuando era niño, entonces parece que Frida mira a ese niño”, explica Matiz de las imágenes de 30 por 40 centímetros.
Entonces las fotos de Matiz están dobladas, cortadas, quemadas; con engranajes, coronas de espinas, muñequitas, pedazos de plástico o pastillas sobre la figura de Kahlo; elementos que en conjunto denotan con un sentido fantasioso la intimidad de una de las artistas mexicanas con mayor proyección internacional.
“Lo que vemos es la perspectiva de un artista extranjero sobre la vida de Frida; es la visión contemporánea a partir de un juego de imaginación. Creo que Emanuele presenta a una mujer moderna, muy intimista”, añade del artista a quien se le conoce más por su escultura pública, como la pieza monumental Wave-bridge on the imaginary, en el aeropuerto de Milán, y quien se encuentra en la Ciudad de México para inaugurar la muestra hoy.
Las imágenes pertenecen a un acervo de más de 200 retratos que hizo Leo Matiz a la pareja de pintores durante los años 40, pero no en sesiones posadas sino durante encuentros espontáneos, de cofradía, con lo que consigue mostrarlos en su faceta más natural; donde también aparecen sus amigos cercanos como Miguel Covarrubias y su esposa Rosa Rolando, o el arquitecto Luis Barragán.



