¿Por qué creemos en lo paranormal? La razón científica de nuestro gusto por los sustos
Desde la química del cerebro hasta la evolución, la ciencia explica nuestra fascinación por las historias de ultratumba.

¿Por qué creemos en lo paranormal? Esa fascinación por las cosas “de miedo” sí tiene una razón científica de nuestro gusto por los sustos; y aunque tu lado racional busque imponerse, existe una parte primigenia de ti que prefiere pensar que las historias de terror siempre tienen un borde de realidad.
Desde las historias al borde de las fogatas en la Edad de Piedra hasta los canales de investigación paranormal con millones de seguidores en internet, la humanidad siempre ha sentido una atracción magnética por lo sobrenatural.
Nos fascinan los fantasmas, las casas embrujadas, la telepatía, los avistamientos de duendes, la ouija y las profecías del destino. Pagamos entradas de cine para pasar dos horas aterrorizados y nos encanta contarnos historias de aparecidos justo antes de dormir.
¿Por qué ocurre esto? ¿Qué tiene nuestro cerebro que nos impulsa a buscar significados invisibles y presencias incorpóreas en el aire? La respuesta no está en dimensiones místicas ni en conspiraciones de ultratumba, sino en una mezcla de evolución, química cerebral, mecanismos de defensa psicológica y una necesidad humana de control.

¿Por qué nos gusta creer en lo paranormal?
Para entender por qué nos gusta creer en lo paranormal, debemos viajar cientos de miles de años atrás a las sabanas donde nuestros ancestros luchaban por sobrevivir. La evolución diseñó nuestro cerebro como un órgano de supervivencia obsesionado con mantenernos con vida a toda costa.
La selección natural favoreció a aquellos individuos con una tendencia automática a asumir que detrás de cualquier evento ambiguo o ruido misterioso hay una intención, una mente o un "agente".
Cuando una puerta se cierra sola en tu casa, tu mente evolutiva prefiere culpar a un "fantasma" antes que quedarse sin explicación, porque preferimos prevenir imaginando una presencia a quedar desprotegidos ante una amenaza real.
Nuestra mente es una máquina experta en reconocer patrones, incluso donde no existen; ya sea por medio de la pareidolia, la tendencia visual y auditiva a percibir formas reconocibles en estímulos vagos. O la apofenia, la inclinación cognitiva a conectar eventos que no tienen ninguna relación entre sí.

Los sustos como estímulo
De acuerdo con la USC, sentir miedo y asustarse es un estímulo adictivo que rompe con la cotidianidad; es preferible buscar esta experiencia en una película o producto de entretenimiento que, en el fondo, sabemos que es seguro.
Una oleada de miedo, combinada con el alivio de saberse a salvo, puede desencadenar la liberación de endorfinas que generan sensaciones placenteras, además de una dosis de dopamina, una sustancia química vinculada al centro de recompensa del cerebro.
Según John Hopkins University, la exposición a historias de terror es estimulante tanto mental como físicamente. Estas experiencias pueden dar lugar tanto a sentimientos negativos, como miedo o ansiedad, como a sentimientos positivos, como excitación o alegría.
Al mismo tiempo, el entretenimiento de terror es una forma segura de satisfacer la curiosidad sobre el lado oscuro de la humanidad a través de historias y personajes que enfrentan las partes más oscuras de la condición humana.
Para disfrutar de lo paranormal, de acuerdo con algunos estudios psicológicos, se debe contar con un marco de seguridad donde se sabe que estamos a salvo y el terror no puede hacernos daño; con una sensación de desapego que nos recuerde que el horror que estamos viendo no es real y una sensación de control y confianza para gestionar los peligros que encontramos.

El contagio social y la creencia firme en lo paranormal
Muchas personas que creen en lo paranormal no lo hacen por simple fe o haber leído un libro; lo hacen porque han vivido experiencias directas e innegables.
Han visto figuras al pie de su cama, han sentido un peso opresivo en el pecho o han escuchado voces claras llamándoles por su nombre. La ciencia demuestra que estas experiencias son totalmente reales, pero ocurren dentro del sistema nervioso, como la parálisis del sueño.
Además, no hay que olvidar que somos criaturas sociales y creemos en gran medida en aquello que nuestro entorno valida y celebra. La cultura pop, los medios de comunicación y las dinámicas de grupo actúan como megáfonos de lo paranormal.
Si llevas a un grupo de diez personas a una casa vieja y oscura y les dices que ahí se cometió un crimen horrendo en 1800, su estado de alerta fisiológica se disparará. La sugestión colectiva provocará que varios de los presentes afirmen haber escuchado algo… la percepción y creencia en lo paranormal también es colectiva.
Entender la ciencia detrás de por qué nos gusta creer en lo paranormal nos permite disfrutar de una buena historia de terror o de una noche de leyendas, sabiendo que el fenómeno más complejo, misterioso y fascinante del universo no vive en una casa embrujada, sino dentro de nuestra propia imaginación.