¿Qué son exactamente los nahuales? Este es su papel en la mitología mexicana
¡Entre garras, plumas y conjuros! Conoce la fascinante historia de los nahuales en el México mágico.

¿Qué son exactamente los nahuales? Estos seres mitológicos de México son parte de la cultura popular del país; pero han estado en el imaginario desde tiempos prehispánicos.
En los pueblos originarios y en los rincones más profundos del país, las historias que se cuentan al caer la noche presentan a seres que desafían la frontera entre lo humano y lo salvaje, capaces de desprenderse de su piel para adoptar la forma de criaturas nocturnas.
Hablar de los nahuales es adentrarse en una cosmovisión donde la naturaleza y el espíritu no son dos entidades separadas, sino hilos de una misma trama cosmogónica.
Lejos de ser simples monstruos de cuentos de terror o criaturas diseñadas para asustar a los transeúntes distraídos, estas figuras encarnan una tradición ancestral que entrelaza el conocimiento espiritual, el chamanismo mesoamericano y el respeto por la fauna local.
Esta vez vamos más allá del mito de los nahuales y lo llevamos al terreno de la antropología, el folclore y la historia oral para darle una explicación al ser que todavía “vemos” en apariciones en redes sociales.

¿Qué son exactamente los nahuales?
La palabra proviene del náhuatl nahualli, un término polisémico que los especialistas en lenguas indígenas traducen como "lo que es mi vestidura", "lo que está oculto", "disfraz" o "lo que tengo como cubierta".
Esta definición de nahual alude a la capacidad de un individuo para ocultar su forma humana bajo la apariencia de una criatura animal, de acuerdo con la UNAM. En las culturas mesoamericanas precolombinas, como la mexica, la maya, la zapoteca y la mixteca, el concepto del nahualli no tenía las connotaciones negativas que posteriormente se le atribuyeron durante la época colonial.
No se trataba de una fuerza diabólica, sino de un don o facultad espiritual asociada a personas con un estatus sacerdotal, curativo o político elevado dentro de la comunidad.
Según investigaciones antropológicas, el nahualismo está íntimamente ligado a la proyección del tonalli o del ihotl.
De acuerdo a la tradición chamánica, ciertos individuos bendecidos con una cantidad excepcional de energía vital poseían la habilidad de exteriorizar su centro anímico para vincularse con la naturaleza o adoptar temporalmente la anatomía de un animal protector.

¿El nahual y el tonal son lo mismo?
Aunque ambos están estrechamente interconectados, la antropología mexicana ha establecido distinciones entre ambos: el Tonal es el animal compañero asignado a cada individuo desde el momento de su nacimiento.
Dependiendo del día, mes y año de nacimiento en el calendario sagrado, la energía cósmica vincula al recién nacido con una especie animal que actúa como una especie de alma gemela del reino animal; si el tonal enferma o sufre un daño en el monte, la persona experimenta síntomas reflejos en su salud.
Mientras que el nahual es la persona (generalmente un chamán, curandero o sabio) que posee la técnica ritual y la fuerza espiritual necesaria para transformar activamente su cuerpo o proyectar su conciencia en la forma de un animal a voluntad.
Es decir, mientras que todos los seres humanos tienen un tonal, solo unos pocos dotados de entrenamiento y vocación ritual pueden convertirse en nahuales.
¿Cómo se transforma un nahual?
- Durante las horas de la medianoche, el practicante se retira a un lugar apartado o a su choza, enciende fogatas con maderas sagradas (como el ocote) y recita invocaciones secretas.
- A continuación, mediante una técnica espiritual, la persona "se quita" las extremidades inferiores o la piel humana, dejando sus piernas apiladas cerca del fuego mientras su esencia adopta las patas, garras o alas del animal deseado.
- En las historias rurales se advierte que si un curioso encuentra las piernas abandonadas de un nahual y les espolvorea ceniza o sal, el ser no podrá volver a ensamblar su cuerpo humano al salir el sol, quedando atrapado para siempre en su forma animal o muriendo al amanecer.
- Otra variante documentada por fray Bernardino de Sahagún menciona que el chamán se cubría con la piel del animal en el que deseaba convertirse (un coyote, un ocelote o un perro).
- Mediante trances provocados por ayunos prolongados, danzas y el consumo ceremonial de plantas sagradas (como el peyote, los hongos psilocibes o la ololiuqui), la conciencia del individuo se fusionaba por completo con el espíritu del cobertor.
- En la tradición zapoteca y mixteca, el sabio entra en un estado de catalepsia o sueño profundo, dejando su cuerpo físico en reposo absoluto, mientras su tonal o cuerpo astral toma forma física tangible en el monte para cumplir misiones de vigilancia, protección de los cultivos o recolección de medicinas.

Los mitos y leyendas del nahual
En el estado de Tlaxcala y en las faldas del volcán La Malinche, la leyenda del nahual está fuertemente entrelazada con la de las tlahuelpuchis (brujas voladoras). En estas regiones se cuenta que los nahuales adoptan comúnmente la forma de guajolotes gigantescos, perros de mirada humana o burros sin cabeza que deambulan por las calles empedradas durante las noches de luna llena.
En las periferias de metrópolis como la CDMX, así como en Guadalajara y Monterrey, es común escuchar testimonios de personas que afirman haber presenciado criaturas extraño-animales en azoteas, milpas periurbanas o parajes solitarios.
Los relatos populares coinciden en ciertos rasgos para identificar a un nahual disfrazado de animal:
Se dice que, por más perfecta que sea la transformación, los ojos del animal conservan una inteligencia, tristeza o malicia típicamente humanas.
Animales que no le temen al fuego, que caminan erguidos sobre dos patas por breves momentos o que parecen abrir cerraduras y broches con las patas.
Animales que reciben impactos de bala o machetazos y logran escapar sin dejar rastros de sangre, para amanecer al día siguiente como vecinos del pueblo con heridas misteriosas en las mismas zonas del cuerpo.
El nahual es el testimonio vivo de una visión del mundo prehispánico que, a la fecha, forma parte de la mitología mexicana. Mientras existan montes por explorar, caminos oscuros en los pueblos y personas dispuestas a escuchar el murmullo de la noche, la figura del nahual seguirá rondando.