Triste realidad; Hugo Sánchez falló un penal en México 86

El equipo anfitrión dejó escapar la oportunidad de calificar a la siguiente fase del Mundial

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El Gato Fernández desvía el tiro de Hugo Sánchez. Fotos: Archivo Excélsior
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El Gato Fernández desvía el tiro de Hugo Sánchez. Fotos: Archivo Excélsior
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CIUDAD DE MÉXICO.

Era puro drama en el encuentro entre México y Paraguay del Mundial de 1986, celebrado en el Estadio Azteca, cuando fue captado Hugo Sánchez hincado frente al árbitro George Courtney, fotografía que acabó por ilustrar la portada de Excélsior al siguiente día. Momentos antes de esa imagen, el entonces bicampeón de goleo de la liga española se paró frente la portería de Roberto Fernández, echó un vistazo a la grada, puso sus manos en la cintura, viró su mirada al balón y corrió para cobrar el penal que le daría el triunfo a México luego del empate que consiguieran los guaraníes. El portero sudamericano hizo lo contrario: miró a Hugo y “ni se me ocurría voltear a ver a la gente en un Estadio Azteca lleno”.

El paraguayo Roberto Fernández tenía fama de atajar penales. Había jugado en el Espanyol de Barcelona por dos años y antes de enfrentar a Hugo Sánchez había vencido en el duelo de los once pasos a tipos como el brasileño Sócrates, en la Copa América de 1979, y al chileno Jorge Mortero Aravena, en la eliminatoria para llegar a México 86. No miró el portero paraguayo la grada del Estadio Azteca, porque como lo había dicho su entrenador Cayetano Ré, “no era fácil enfrentar al grito de más de 100 mil aficionados”. Eran 114,580, para ser exactos, los que estuvieron en ese partido.

Hugo Sánchez venía al Mundial como la estrella de México, jugador de élite que cosechaba éxitos del otro lado del Atlántico con las playeras del Atlético y del Real Madrid.

En la víspera, parlanchín, había dicho que “no estaré presionado por nada, ni siquiera por estar amonestado. Soy un jugador que puede llegar a la final del campeonato con una amarilla. Sé que una segunda significa estar fuera un partido”.

Por su parte, los paraguayos aceptaron que no había más figura que él para los anfitriones.

“Hugo es el ídolo de México”, mencionó Cayetano Ré en la previa. “Tendremos marca especial sobre él”, agregó el técnico que triunfó en su época de delantero con el Barcelona.

Luis Flores había anotado el 1-0 muy temprano, al minuto tres, pero  Julio César Romero, Romerito para los paraguayos, clavó el empate a uno al 85’.

El delantero sudamericano era uno de los estelares de su equipo, tanto que el técnico había dicho que estaba preocupado porque el atacante tenía gripe un día antes y tal vez no podía enfrentar a los mexicanos. Al final lo hizo.

Según el Periódico de la Vida Nacional, al minuto 89, “Vladimiro Schettina había estrellado su pierna izquierda con la derecha de Hugo dentro del área”, lo que había provocado que el silbante inglés George Courtney marcara el penalti.

Hugo Sánchez, que había sido amonestado al minuto 75, miró a la grada del Estadio Azteca y luego al balón. Parecía concentrado, decidido en vencer al portero de Paraguay.

El Gato Fernández, después, dijo: “Sabía que Hugo Sánchez siempre dispara los penales  a la derecha del portero”.

El bicampeón de goleo de España disparó a la derecha, el arquero desvió al poste y el árbitro silbó el final del partido.

México terminó con un empate a uno, con su estrella suspendida por acumulación de amarillas,  en su segundo partido del Mundial. “Triste realidad”, tituló Excélsior.

No hubo futbol: fue un aserradero

MÉXICO, 7 DE JUNIO DE 1986.- UN penalty por foul sobre Hugo Sánchez -uno de tantos que le atizaron; siempre que iban hacia él, no lo marcaban, sino que le daban un leñazo- puso el drama en su grito más sonoro: fue a los 41 minutos de la segunda parte cuando para México aquello significaba la victoria y, naturalmente, enviaron a Hugo para ejecutarlo. Mientras se situaba ante la mancha blanca lo rondó, molestándolo, un cimarrón llamado Cañete. Por fin se perfiló, la tocó con la izquierda y el balón, que iba casi a media altura, fue desviado ligeramente por el portero Fernández con su mano derecha, dio en la base del poste y así México perdió el triunfo y la oportunidad de llegar a cuatro puntos y calificar pues, como usted lo recuerda gratamente, inició su campaña en este Mundial, el pasado día 3 venciendo a Bélgica por 2-1.

EL héroe del instante era el portero Fernández que, en verdad, se arrojó precisamente hacia donde el balón debería de ser desviado y apenas lo alcanzó. Aunque se trate de Hugo Sánchez, la verdad absoluta es que su tiro fue defectuoso, no tenía potencia y, digamos de paso, que nunca ha existido, ni existirá portero capaz de detener un penalty bien colocado y potente.

Para que el caso sea lamentable, Hugo Sánchez es, en el Madrid, quien dispara los penaltis y cuando falló uno la prensa lo consideró como un suceso increíble. Aquí, en el minuto decisivo no funcionó. Además, dentro de la pelea -que eso fue el partido de ayer- cometió faltas dando lugar a que lo amonestara el árbitro Courtney, de la Gran Bretaña, y conquistó el castigo -quizá sea descanso- de permanecer fuera de juego el próximo 11, frente a Irak.

CON el sonido inicial del silbato, el equipo nacional fue a fondo y a los 2 minutos anotó el gol que ahora le sirve para estar en tres puntos dentro de su Grupo.

Servín llegó por la banda izquierda, templó el balón hacia el centro y Luis Flores la bajó, quebró a un defensa y largó el tiro bajo y cruzado.

Para los adversarios fueron angustiosos esos primeros 45 minutos porque no pudieron sacudirse la presión sostenida de los mexicanos. Lo que debió haber sido el segundo gol, para amarrar el resultado favorable, lo dejó escapar Muñoz a los 10 minutos. Un precioso ángulo de tiro le sonreía, él estaba dentro del área grande, dueño de la pelota, pero titubeó y lo despojaron lamentablemente porque los paraguayos estaban, diez, a la defensiva.

Y, claro, le cayeron encima.

EN el segundo tiempo, inexplicablemente, el equipo nacional comenzó pasándose la pelota con lentitud y en seguida los paraguayos se apoderaron de la iniciativa y en oleadas, iban a fondo, constantemente, obligando a los nuestros a replegarse para defender su puerta en donde Larios tuvo tres lances salvadores.