Renta básica: ¿voto fácil?

No obstante que muchas de las propuestas realizadas por los precandidatos más fuertes a la Presidencia de la República resultan rentables electoralmente, hay una que, por su novedad, ha polarizado las opiniones de diferentes analistas y opinadores. No me refiero al posible gabinete presentado ayer por el precandidato de Morena, que, si bien es cierto cumple con la igualdad de género y puede generar orden dentro de su equipo de campaña, al resto de los ciudadanos quizá no les suene tan importante en este momento, tampoco me refiero a su proyecto de darle beca a los mal llamados ninis, al igual que lo hizo con los de tercera edad en la Ciudad de México

Me refiero a la propuesta del precandidato presidencial de la coalición Por México al Frente (PAN-PRD-MC), Ricardo Anaya, sobre el Ingreso Básico Universal, también conocido como Renta Básica. En un video en el que promueve su idea para reducir la desigualdad, fomentar el consumo, aumentar el ahorro y la inversión, acabar definitiva y absolutamente con la pobreza extrema, él explica por qué es preferible este Ingreso Básico Universal a los programas de apoyo social actuales, ya que éstos requieren de mucha burocracia, se prestan a la corrupción y discrecionalidad, y fomentan que no haya motivación para salir de la pobreza.

Ya en 2016, Farhad Manjoo y Eduardo Porter en el diario The New York Times habían debatido sobre la Renta Básica. A grandes rasgos, la conclusión de ese intercambio de ideas fue que la renta básica universal es, cuando menos, una idea mal planteada. Sin embargo, otorgando el beneficio de la duda a la propuesta lanzada con tanta vehemencia por Ricardo Anaya, es necesario hacer algunas reflexiones al respecto: la primera de ellas, es cuánto dinero se daría a todos los ciudadanos. Es un problema de aritmética. La solución está en la línea de pobreza, nos dicen. Basta entonces calcular una cifra un poco mayor a la línea de pobreza. En esta parte podemos caer en cualquier tipo de especulación, por lo que es necesario descifrar el monto.

Una vez que tenemos la cifra que hay que dar a cada ciudadano, la pregunta sería ¿de dónde saldrá el dinero? Muchos intelectuales, entre ellos los que están cerca del precandidato, quieren revisar el financiamiento de los programas sociales del gobierno, desde guarderías y despensas hasta el propio sistema de seguridad social. Pero aún no queda claro cuál es el resultado del cálculo ni si este dinero que se le quitaría a la población que ya es beneficiada, se incrementaría o se reduciría; la lógica nos dice que se aumentaría si tomáramos el discurso insistente de que se ha aumentado el número de pobres.

Resulta importante hacer notar que en el debate de The New York Times se comentaba que una de las características negativas de la Renta Básica tiene que ver con el trabajo, en particular con el hecho de que no incentiva el trabajo (es un argumento simple, pero demoledor, si se recibe un cheque de diez mil pesos, se tendrían diez mil razones menos para trabajar). Por ejemplo, una familia que gana siete mil al mes y recibe tres mil de apoyo de algún programa social, si subiera su ingreso a, digamos, nueve mil, y ya con eso no califica para recibir el apoyo, estaría trabajando más y ganando menos. En ese sentido, la renta universal separa la ayuda de la necesidad. La ayuda queda fija, sin tomar en cuenta ningún otro factor. Sobre esto último, Eduardo Porter avisa: quienes piensan que una prestación universal tendría más seguridad política que una basada en una evaluación de elegibilidad deberían considerar el debate recurrente sobre posibles recortes a la seguridad social.

Es verdad que el sistema de seguridad social nacional necesita modificaciones al igual que otras políticas públicas, nadie lo niega, pero, tal vez, además de una buena retórica que suena al populismo criticado de otros precandidatos, el del Frente debería sustentar más claramente sus propuestas antes de lanzarlas, toda vez que generan una expectativa social que no podrá cumplirse si se llega a ganar la Presidencia.

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