Economía estancada

Todos los analistas insisten en que no hay signo alentador alguno en la actual gestión económica...

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Roberto Gil Zuarth 26/05/2014 01:47
Economía estancada

El gobierno se resiste a aceptar que la economía va mal. Todos los indicadores muestran un evidente estancamiento, pero el discurso oficial no se muda de su optimismo. El Banco de México revisa a la baja el pronóstico del crecimiento, mientras que en el espejo de la Secretaría de Hacienda se sigue repitiendo que no pasa nada y que pronto se abrirá un nuevo ciclo positivo. Todos los analistas insisten en que no hay signo alentador alguno en la actual gestión económica, pero el gobierno reafirma su apuesta de que con las reformas vendrá el crecimiento de cinco puntos del PIB anuales que prometieron en campaña. El empleo, la producción, las exportaciones, la recaudación, el gasto público, todas estas variables en números rojos, en curvas decrecientes. La recesión se asoma en la otra esquina.

No hay ningún factor externo que explique el actual momento económico. La crisis de 2008-2009, la última que ha experimentado el país, respondió al intenso estrés del sistema financiero internacional, a raíz de la caída de los bancos de inversión que especularon con productos financieros de dudosa solvencia y viabilidad. Esa crisis fue el colapso del paradigma del libertinaje capitalista, de los abusos y excesos de especuladores, de la ausencia de una eficaz regulación y control que previniera el desastre y exigiese responsabilidades. La grave contracción económica mundial en aquellos años, que arrastró inevitablemente a México, fue consecuencia de las fallas sistémicas del orden internacional que se instaló a partir, fundamentalmente, de la década de los noventa: globalidad desbocada, Estado impotente, la selva del mercado. Una crisis que no tuvo causa interna, pero que revela la fuerte interdependencia de los fenómenos económicos en la nueva realidad global.

El estancamiento de la economía mexicana es responsabilidad directa del gobierno. El ciclo económico tras la crisis de 2008 exige medidas expansivas: tasas de interés más bajas para alentar el consumo, una política fiscal que induzca la inversión y, a la postre, el empleo, y la gestión eficiente y audaz de la palanca de gasto público. Exactamente todo lo contrario a lo que ha hecho el gobierno en estos 15 meses. La Reforma Fiscal es una fracaso rotundo: no ha servido para aumentar la recaudación y sí, en cambio, ha desalentado la inversión. El guiño de Videgaray al PRD tiene a la economía postrada. La frontera ha perdido competitividad, la industria manufacturera busca nueva localización, la clase media sacrifica sensiblemente su gasto. No hay estrategia de inversión pública. El Plan Nacional de Infraestructura se ha anunciado dos veces, pero las licitaciones y contratos no avanzan. No hay obras y proyectos emblemáticos con efecto multiplicador. La inversión de Pemex sigue en espera de las certezas de la Reforma Energética. No es creíble, por otra parte, que baste la aprobación congresional de esa reforma para que la inversión privada caiga de los árboles como mandarinas en octubre. La mayor duda sobre las condiciones reales de la participación de la iniciativa privada en el sector persistirá, esto es, la duda sobre la fortaleza del Estado de derecho para hacer cumplir los contratos y para atemperar los costos de transacción asociados a la corrupción, de modo que pasará algún tiempo para que la Reforma Energética sea una variable eficiente que rompa el ciclo. Los subejercicios están a la orden del día en todos los rubros. La banca de desarrollo no está claramente vinculada a una política de inversión y una visión estratégica sobre áreas de oportunidad o ventajas comparativas. Entre un largo etcétera.

El gobierno no puede justificarse en entornos internacionales adversos. Mucho menos puede culpar a la oposición del estado de las cosas. Ha recibido, desde el punto de vista legislativo, prácticamente todo lo que ha pedido. Las reformas, si son de verdad estructurales, por definición, no modifican el cuadro en el corto plazo. Cualquier economista de sentido común, de esos que toman todos los días decisiones de inversión y de consumo, lo sabe. Y también sabe que la gestión económica del actual gobierno es fallida. Aunque en la narrativa sigan pidiendo al espejo que les repita cuán bella y saludable está la economía. Esa que nada más ellos ven.

                *Senador de la República

                roberto.gil@senado.gob.mx

                Twitter: @rgilzuarth

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