Diplomacia y migración en Toluca

Al llegar a la reunión con Obama y Harper, Peña tendrá puntos importantes a su favor.

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Ricardo Pascoe Pierce 17/02/2014 02:31
Diplomacia y migración en Toluca

Con la visita esta semana a nuestro país del presidente de Estados Unidos, Obama, y el primer ministro de Canadá, Harper, concluye un complejo periplo diplomático del presidente Peña.

Empezó con la visita a Davos, Suiza, para hablar sobre la economía mexicana y sus expectativas, y pasó luego por La Habana, Cuba, hasta la Cumbre de Celac. Inmediatamente después vino la reunión de la Alianza del Pacífico, en Cartagena, Colombia, donde, entre otros acuerdos de libre comercio, destaca el que permite el libre movimiento de personas entre los países miembros del acuerdo. La reunión en Toluca cerrará el ciclo de viajes presidenciales con un “relanzamiento” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Davos, Cartagena y Toluca fueron escalas del periplo diplomático que refuerzan el modelo de desarrollo que México ha seguido desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994, hace 20 años exactamente. De un modelo de desarrollo basado en el proteccionismo y la sustitución de importaciones, México se movió hacia un modelo de libre competencia, apertura de sus fronteras y que permite, ahora, la entrada de capitales extranjeros. El tránsito entre un modelo y otro no fue fácil, pues implicó, entre otras cosas, que algunos sectores de la industria nacional o de la agricultura enfrentasen una competencia extranjera en condiciones desfavorables, y hubo pérdidas de empleos durante cierto tiempo. En el periodo transicional, la industria nacional tuvo que adaptarse, además, a nuevas condiciones del mercado mundial. Así, sectores dinámicos, como el automotriz, encontraron en México un sitio adecuado para su instalación y desarrollo, con mano de obra calificada e infraestructura necesaria (comunicaciones, carreteras, agua, electricidad). Lo mismo ha sucedido en la aeronáutica, farmacéutica, electrónica, entre otros muchos sectores, al igual que la agricultura y la minería.

Es decir, el ajuste se hizo en México, al cabo de 20 años, entre un modelo y otro. Y con la nueva etapa de ajustes del libre comercio que se avecinan, a través del Acuerdo Trans Pacífico (TPP-Trans Pacific Partnership) México está alistándose para una segunda generación de ajustes económicos con los cambios que se han aprobado en los sectores energético y de telecomunicaciones. Y son precisamente estos cambios los que trae México como parte de su baraja a la mesa de negociaciones, tanto en la Alianza del Pacífico como en el TLCAN y, eventualmente, en el TPP.

¿Qué debe buscar nuestro país en el contexto del esfuerzo realizado con las reformas estructurales, que ha implicado, para todos los partidos involucrados, un costo político aún por descifrarse? En Cartagena, la Alianza del Pacífico estableció un parámetro que, hasta la fecha, no se ha incluido en el TLCAN. El libre movimiento de personas, criterio también asumido por la Unión Europea, es el gran ausente de la mesa de negociaciones.

Al llegar a la reunión con Obama y Harper, Peña tendrá puntos importantes a su favor. Por un lado, México realizó un esfuerzo extraordinario al modificar leyes que le permiten estar en equiparación con las leyes y normas de sus socios comerciales más importantes. Pero también está demostrando, con el acuerdo migratorio de la Alianza del Pacífico, que el libre comercio va, mano a mano, con el libre movimiento de personas entre los países miembros.

La discusión migratoria entre México y Estados Unidos es histórica, conflictiva y, hasta la fecha, sin soluciones claras. Desde el siglo XIX se han registrado flujos migratorios de mexicanos hacia el norte. Pocos flujos se han registrado hacia nuestro país y los que se han dado responden a coyunturas políticas o económicas específicas. Los mexicanos hemos fluido hacia el norte debido a nuestras crisis internas y oportunidades en Estados Unidos, como la demanda de mano de obra durante las guerras mundiales. Sigue siendo una realidad hasta nuestros días que los mexicanos tenemos una impronta migratoria hacia el norte. Parece que con Canadá el asunto migratorio empieza a replantearse.

Toluca puede ser un escenario ideal para reabrir la negociación en torno a los derechos migratorios de los mexicanos hacia Estados Unidos (que es un tema diferente, aunque relacionado, con la ciudadanización de los mexicanos residentes en aquel país). Obviamente es un asunto difícil para ese país. Pero las condiciones políticas internas de México son propicias para avanzar la agenda migratoria de nuestro país, una agenda tantas veces pospuesta.

                Twitter: @rpascoep

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