Que hable la evidencia: Oportunidades y la Cruzada contra el Hambre

Rediseñar Oportunidades es imprescindible, pero de ninguna manera desmantelarlo o debilitarlo

Por Rogelio Gómez Hermosillo*

En el decreto de la Cruzada contra el Hambre o en el Plan Nacional de Desarrollo aún no se explica suficientemente en qué sentido se reorientará el programa Oportunidades. Hay quienes afirman que Oportunidades no ha funcionado porque no se redujo la pobreza e incluso aumentó en estos años. Con ese argumento se podría regresar a subsidiar alimentos y/o a repartir despensas, modalidades que ya demostraron ser ineficaces, tener efectos contraproducentes y ser propensas al uso político.

Dejando de lado el debate político, sugiero dejar que hable la evidencia. Afortunadamente, a diferencia del resto de programas, desde su origen como Progresa en 1997, Oportunidades es el programa social más evaluado en nuestro país. Hay bases de datos generadas con metodologías rigurosas y más de 100 estudios de académicos que han analizado los resultados del programa. Resumo algunos de los hallazgos principales.

Oportunidades es el principal programa social de México. Atiende a 26 millones de personas, 5.8 millones de familias, con un presupuesto superior a 63 mil millones de pesos. Es el programa con mejor y mayor cobertura de hogares en extrema pobreza en nuestro país.

Oportunidades tiene como objetivo mejorar el capital humano de niños, niñas y jóvenes de hogares en pobreza extrema. Se trata de que no hereden la condición de pobreza extrema. Oportunidades entrega bimestralmente casi 6 millones de becas, cerca de 80% del total nacional. Las evaluaciones muestran resultados positivos en el avance educativo de niños, niñas y jóvenes de los hogares más pobres, especialmente en las zonas rurales e indígenas, y sobre todo para las mujeres. Todos los estudios coinciden en el efecto positivo de estas transferencias para reducir la deserción de adolescentes y jóvenes.

Oportunidades también mejora el acceso a servicios de salud preventiva, especialmente en la primera infancia y para mujeres en edad fértil. Las evaluaciones muestran reducción de días y episodios de enfermedad. También se ha estudiado el impacto y potencial para eliminar la desnutrición.

Estudios realizados desde la perspectiva feminista demuestran que las transferencias han mejorado el rol de las mujeres en la decisión y dinámica de los hogares y han incrementado el avance en la secundaria y la media superior, sobre todo para las mujeres rurales e indígenas.

Aunque el impacto central es de largo plazo, Oportunidades también mejora la economía popular. Las transferencias incrementan el consumo básico de los hogares, especialmente de alimentos frescos y proteína animal y han posibilitado la mejora de la vivienda. Además hay evidencia de que las transferencias en parte, generan inversión en actividades productivas.

Desde la creación de Progresa/Oportunidades la pobreza extrema (alimentaria) se redujo 58% entre 1998 y 2006 (de 33.3% a 13.8%). Ciertamente después aumentó de 13.8% a 18.8% de 2006 a 2010.

Los resultados en capital humano son relevantes. Ése es el objetivo, por lo que pueden y deben mejorarse. Sin embargo, Oportunidades no puede funcionar aislado o como herramienta única. Rediseñar Oportunidades es imprescindible, pero de ninguna manera desmantelarlo o debilitarlo.

Entre otras medidas, hay que mejorar su cobertura de hogares en pobreza extrema. Es imprescindible fortalecer y retomar su enfoque multisectorial con las Secretarías de Salud y Educación para que incremente sus efectos educativos y, sobre todo, nutricionales, con lo cual puede contribuir con los objetivos de la Cruzada. Es urgente fortalecer la transparencia y el “blindaje”, así como la evaluación externa. Es positivo abrir esquemas de vinculación con opciones productivas y laborales, como se está explorando en otros países como Colombia y Brasil.

La reducción de la pobreza será producto del crecimiento económico y del impulso que se logre de las reformas laboral y de telecomunicaciones. Y será mayor si se aprueba una reforma fiscal progresiva y la seguridad social universal.  Sin embargo la pobreza crónica y estructural requiere además políticas públicas efectivas, probadas y evaluadas. Descalificar el programa Oportunidades sin evidencia sólida y sin considerar los datos puede ser desastroso, en especial para quienes viven en pobreza extrema.

*Consultor internacional y experto en programas sociales

Temas: