La interminable brecha
De acuerdo con la propia UNESCO, en nuestro país, uno de cada cuatro alumnos de entre 7y 17 años de edad no tiene acceso a educación a distancia por la falta de internet. Esto significa que 24.84% de los estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato no cuenta con una red.
Si algo ha venido a traer la actual pandemia que aqueja a la humanidad es la profundización de los principales problemas sociales que marcaron el comienzo del nuevo siglo hace, por lo menos, dos décadas atrás. Al menos una tercera parte de los niños en edad escolar de todo el mundo —se habla de 463 millones— no ha tenido acceso a la llamada “educación a distancia" que tuvieron que implementar todos los países en el último año con motivo del cierre de sus escuelas, producto del confinamiento sanitario implementado por la gran cantidad de contagios de covid-19, tras la aparición del SARS-CoV-2, causante de la pandemia.
Datos de organismos internacionales, como la UNESCO y la UNICEF dan cuenta de que, “para unos 463 millones de niñas y niños cuyas escuelas cerraron a causa del covid-19, la educación a distancia no ha existido. La gran cantidad de niños que debieron interrumpir por completo sus estudios durante meses representa una emergencia mundial en materia de educación. Las repercusiones que esto traerá para las economías y las sociedades del mundo pueden durar décadas”, considera Henrietta Fore, directora ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
Las cifras más reveladoras del problema parten del hecho que indica que, en el momento más complicado de la crisis, cerca de mil 500 millones de niños se vieron afectados por el cierre de los centros educativos. Hace casi medio año, la UNICEF elaboró un informe denominado The Remote Learning Reachability (La accesibilidad de la educación a distancia), en el cual se documentan las enormes limitaciones en este formato educativo y las graves desigualdades para su acceso.
Pero si nos enfocamos particularmente en México, las afectaciones resultan dramáticas, principalmente por la brecha existente en materia tecnológica y de conectividad en un país de más de 126 millones de habitantes, según el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
De acuerdo con la propia UNESCO, en nuestro país, uno de cada cuatro alumnos de entre 7 y 17 años de edad no tiene acceso a educación a distancia por la falta de internet. Esto significa que 24.84% de los estudiantes de los niveles de primaria, secundaria y bachillerato no cuenta con una red para conectarse y poder seguir una clase desde una computadora o una tableta digital. Y cerca de un 5% de ellos no cuenta con un aparato de televisión.
Números obtenidos por el Inegi señalan que, en la última década, el acceso a internet creció más del doble, al pasar de 21.3 a 52.1%, cifra aún insuficiente. Sin embargo, el número de hogares con televisión decreció, de 92.6 a 91.1%, en 2020.
Naciones Unidas (ONU) advierte que, en México, el 78.6% de las personas reportó dificultades para continuar con la educación de niños y adolescentes en casa por alguna causa relacionada con la tecnología y la metodología de las clases en línea: 48.5% por la falta de una computadora o internet para conectarse y 31.4% por falta de apoyo por parte de los maestros.
Las principales empresas de telefonía digital han reportado bajos índices de conectividad y acceso a herramientas digitales en algunas regiones del país, lo que evidencia que no todos los alumnos tienen las mismas oportunidades de acceso a esta nueva forma de educación. Ello ha llevado a establecer alianzas entre las autoridades educativas federales y empresas de tecnología e información para apoyar a los maestros de educación básica para que continúen con las clases a distancia y mantengan comunicación con alumnos y padres de familia. Pero el problema es que esa estrategia ha sido insuficiente para resolver el gran reto de mantener la educación pública en tiempos de pandemia.
La gran incógnita de todo esto es el tamaño del retroceso que significará para el país el que los niños, adolescentes y jóvenes, en su mayoría, no alcancen los estándares mínimos de conocimiento que les permita el nivel adecuado para, en un futuro, cursar una carrera universitaria que les garantice, a ellos y al país, un mejor panorama del que encontraron cuando ocurrió el “parón educativo” que ya lleva, por lo menos, tres semestres seguidos. Bien advierte la UNESCO que las consecuencias y repercusiones de todo esto podrían durar décadas en muchos países del orbe.
