Sin escape

La que podríamos definir como una película cumplidora es Sin escape No escape, Estados Unidos, 2015, dirigida por John Erick Dowdle, con una filmografía muy menor en su haber, y escrita por él mismo y Drew Dowdle. Aún con sus fallas sustanciales en el guión la ...

La que podríamos definir como una película cumplidora es Sin escape (No escape, Estados Unidos, 2015), dirigida por John Erick Dowdle, con una filmografía muy menor en su haber, y escrita por él mismo y Drew Dowdle. Aún con sus fallas sustanciales en el guión la película resulta entretenida.

El actor Owen Wilson, quien cambia pocas veces del registro al que nos tiene acostumbrados en comedias de bajo nivel, plagadas de humor escatológico y en las que se interpreta a sí mismo, aquí se instala como el protagonista de una historia de acción que también pretende ser emotiva y conmover, pero en esto último sí se queda a medio camino.

Wilson junto con la actriz Lake Bell, que sí convence, son una pareja joven con dos hijas, una adolescente y otra todavía una niña. Buscando un futuro mejor y como parte de una transnacional que llega a explotar mantos acuíferos de un país ficticio del sureste asiático, Jack y su familia viajan para allá y llegan al hotel, en donde desde el principio empiezan a detectar ciertas fallas: la energía eléctrica se interrumpe, no hay líneas telefónicas al exterior y no hay internet. Annie, Bell, parece ser la parte más práctica de la pareja y no puede evitar demostrar que esa aventura nunca ha sido de su agrado, pero ni modo, ya están ahí y hay que echarle ganas.

Jack sale por un periódico y en plena calle queda atrapado por un enfrentamiento entre rebeldes y fuerzas del ejército. Un golpe de Estado estalla en ese momento y se inicia una persecución contra él y su familia que no tiene tregua durante toda la película. 

Entre explosiones, ráfagas de ametralladora, palos, patadas y una forma particularmente cruel y sanguinaria de violencia, los cuatro personajes se van abriendo paso para alejarse del ojo del huracán que parece seguirlos a donde quiera que traten de esconderse.

Aparece por ahí un actor, que ha venido a menos después de sus tiempos de gloria como James Bond, Pierce Brosnan, quien con escasos minutos en la pantalla construye un personaje convincente, que desde el principio es presentado como un hombre acabado y degenerado, pero que parece empeñado en establecer relación con la familia, obviamente a través de la hija más pequeña.

Si separamos los momentos de acción y algunas persecuciones bien logradas, de la importancia de conectarnos con los personajes, de hacerlos nuestros y hasta agarrarles cariño, casi tenemos dos películas.

Owen Wilson se esfuerza realmente en brindar una actuación intensa como el desesperado padre y esposo que quiere salvar a su familia, pero nunca puede establecer un lazo con el espectador. Lake Bell también expone el físico como la mamá que, tristemente comprueba que tenía razón, pero ahora tiene que hacer que todos salgan con vida. Su personaje puede ser el que permita más identificación; lo mismo sucede en varios momentos con las dos hijas.

Como le comentaba antes, Sin escape no le va a fallar en lo que a entretenimiento se refiere. Aun con sus lugares comunes y el desenlace completamente predecible, se puede pasar un rato divertido, a secas.

Ahora bien, también puede esperar los formatos digitales.

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