A Peña sí le salió barato lo de las casas
Ningún opositor continúa hablando de este asunto tan vergonzoso para el gobierno priista.
El gobierno de Peña decidió guardar silencio y apostarle al olvido para enfrentar los escándalos de múltiples casas sospechosas del Presidente, su esposa y sus secretarios de Hacienda y Gobernación. Hoy, a 16 meses de que Carmen Aristegui publicara la historia de la llamada Casa Blanca, podemos afirmar que la estrategia funcionó. Veamos los resultados.
¿Cuántas investigaciones del Congreso se llevaron a cabo para esclarecer las casas del Presidente y su círculo más cercano? Ninguna. ¿Cuántas averiguaciones previas investigó la Procuraduría General de la República por la presunta comisión de delitos relacionados con la adquisición y financiamiento de mansiones propiedad de constructores pero habitadas por funcionarios públicos y sus cónyuges? Ninguna. ¿Cuántos fiscales especiales se nombraron? Ninguno.
¿Cuántos opositores siguen hablando de este asunto tan vergonzoso para el gobierno priista? Ninguno. ¿Qué seguimiento le han dado los medios de comunicación al descubrimiento de las múltiples casas? Muy escasa. ¿Cuántas columnas y editoriales continúan recordándonos un asunto que, en el mejor de los casos, fue de conflicto de intereses y, en el peor, de corrupción gubernamental? Poquísimos.
¿Cuántos funcionarios públicos se sintieron indignados al enterarse de las casas sospechosas y decidieron renunciar en señal de protesta? Ninguno. ¿Cuántos hicieron pública su declaración patrimonial completa? Un puñado. ¿Reformaron los diputados y senadores la ley para que las declaraciones patrimoniales de los servidores públicos se hicieran públicas de manera obligatoria? No.
¿Presentó Angélica Rivera más pruebas para transparentar la casa que le financió una de las constructoras con más contratos por parte del gobierno del Estado de México cuando su esposo fue gobernador de esa entidad? No. ¿Hizo algún tipo de declaraciones o fue citado por la justicia el dueño de Grupo Higa para explicar su versión de los hechos? No. ¿Las organizaciones empresariales que tanto se quejan de la corrupción gubernamental le dieron seguimiento a los escándalos? No.
Cierto: lo de las casas fue un duro golpe para el gobierno peñista durante algunos meses. Pero el tema se fue diluyendo tal y como lo querían Peña y compañía cuando, cual avestruces, metieron la cabeza debajo de la tierra para no hablar del asunto.
Cierto: el Presidente ordenó una investigación para ver si hubo un posible conflicto de interés. Pero se lo pidió a uno de sus subordinados, el secretario de la Función Pública, quien, solícito con su jefe, concluyó que no se había violado la ley. Por increíble que parezca, algunos ingenuos mordieron el anzuelo, como la prestigiosa revista The Economist, que en su número del 27 de febrero pasado afirmó: “Peña ha resultado avergonzado por acusaciones de conflicto de interés relacionados con el financiamiento de la casa de su esposa; una investigación lo exoneró de irregularidades”. Así nomás: sin ninguna mención a que dicha averiguación la realizó un empleado del Presidente.
Cierto: otra consecuencia ha sido el Sistema Nacional Anticorrupción. Presionado por grupos de la sociedad civil y en medio del escándalo, el gobierno promovió reformas constitucionales para combatir la corrupción. Todos los expertos en esta materia coinciden, que fue un primer buen paso en la dirección correcta. Sin embargo, al día de hoy, el Congreso sigue sin aprobar las leyes secundarias, lo cual entraña el riesgo, bastante real, de que todo este esfuerzo sea una pantalla más para enterrar el escándalo.
Al gobierno le funcionó la estrategia de guardar silencio y apostarle al olvido de la gente. Una vez más, Peña se salió con la suya como cuando fue gobernador del Estado de México y le estalló el caso de corrupción de su antecesor, Arturo Montiel. Rápidamente lo absolvieron judicialmente y dejaron de hablar del tema. Poco a poco la gente se olvidó de la riqueza inexplicable del exgobernador y Peña pudo dar el salto a la Presidencia donde, ahora, le explotó el escándalo de las casas. Aplicó la misma receta y le funcionó: no sólo logró capotear el vendaval, sino que su partido, el PRI, bien podría ganar las próximas elecciones presidenciales, incluso con alguno de los funcionarios beneficiarios de sospechosas casas como el secretario de Gobernación o de Hacienda. Mientras tanto, el grupo de periodistas que valientemente dio a conocer la historia de la Casa Blanca, encabezado por Carmen Aristegui, lleva más de un año fuera del aire. ¿Acaso alguien puede negar lo barato que, hasta ahora, le ha salido este asunto a Peña y compañía?
Twitter: @leozuckermann
