Trump y Hillary después del supermartes

Algunos dirán que Trump no es Hitler, pero éste tampoco parecía tan peligroso hasta que tomó el poder.

No hubo sorpresas en el supermartes de las elecciones primarias estadunidenses. Hillary Clinton y Donald Trump se llevaron la victoria entre demócratas y republicanos, respectivamente, y si bien esos procesos internos están aún lejos de haber sido definidos, lo cierto es que han dado un muy buen paso para llevarse sus candidaturas.

Pero hay importantes matices que deben ser analizados. Al contrario de lo que se creía, Hillary ha tenido que luchar más de lo que se pensaba para alcanzar su triunfo. Va de la mano para ello con el voto latino y afroamericano, pero la candidatura de Bernie Sanders, un hombre que no es ni siquiera un militante demócrata (se ubica a la izquierda del partido), que se pensaba testimonial, ha sido competitiva y ha obligado a Clinton a realizar una primaria mucho más intensa de lo que se imaginaba. Nadie duda que se terminará quedando con la candidatura, pero la campaña demuestra el grado de inconformidad que existe en la Unión Americana en general e incluso en el partido demócrata en particular con los aspirantes tradicionales de cada partido.

El caso de Donald Trump es una demostración de ello pero también de hasta donde puede llegar el populismo más conservador en una nación desarrollada, poderosa y, también, desconcertada ante un futuro que no vislumbra con claridad. La cantidad de mentiras, falsedades, de propuestas irracionales de Trump no le han quitado ni un voto. Por el contrario, con su triunfo de ayer en el supermartes ya se ve muy difícil que pueda ser alcanzado por Ted Cruz o Marco Rubio, dos precandidatos que, por más que algunos quieran hacernos suponer que pertenecen más al establishment partidario que Trump, lo cierto es que son tan reaccionarios como éste y tienen menos carisma aún. Cruz es profundamente conservador e integrista en su concepción político-religiosa y Rubio, quizás más moderado que éste, hace aparecer a los Bush como hombres de izquierda. Hay que recordar que Rubio es quien, por ejemplo, ha bloqueado el nombramiento de Roberta Jacobson como embajadora en México desde hace casi nueve meses porque ésta participó desde el gobierno de Obama en la regularización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Lo cierto es que la tesis de que habría una suerte de frente común en contra de Trump dentro del partido republicano no se ha cumplido y éste, por el contrario, parece avanzar con cada día menos oposición interna. En ese escenario, habría que pensar que las elecciones de noviembre pueden ser casi un paseo para una Hillary que podría apoderarse sin mayores problemas del centro político, pero también se pensaba que Trump era una tormenta de verano para entretener al auditorio y que para estas fechas un hombre como Jeb Bush estaría al frente de los republicanos y ha sucedido exactamente lo contrario.

México debe estar atento y trabajar con seriedad en este proceso. Si bien nuestro país está siempre en la agenda interna de las elecciones estadunidenses hoy lo está mucho más, porque el discurso de Trump no sólo nos pone en esa agenda, sino que además nos convierte, en su discurso, en un enemigo, no en un privilegiado socio comercial. Y esa idea comienza a calar en la sociedad estadunidense. Hasta ahora no ha habido, salvo intervenciones muy puntuales, una toma de posición pública del gobierno federal sobre el fenómeno Trump, pero se están comenzando a tomar medidas para fortalecer, sobre todo, el sistema consular en Estados Unidos, que es parte de los 22 nombramientos que presentó el gobierno federal ante el senado para su confirmación.

Pero más allá de eso parece que llegó la hora de que la posición de México ante una política tan irracional como la de Trump debe ser más clara, más transparente y contundente, asumiendo, además, que se debe hacer con la suficiente inteligencia como para evitar que esa toma de posición termine dándole municiones al propio Trump.

Por lo pronto, el supermartes ha dejado ya con mucha claridad, frente a frente, a Clinton y a Trump. Lo dijimos semanas atrás y hay que insistir hoy en ello: un hipotético triunfo de Trump sería un peligro para México y para el mundo. En los años 30, un personaje al que muchos creían un payaso de la política alemana comenzó siendo primera minoría en unas elecciones y terminó llevando al mundo a la guerra. Algunos dirán que Trump no es Hitler, pero éste tampoco parecía tan peligroso hasta que tomó el poder. Para México, en estos comicios estadunidenses la única opción para México es un apoyo claro para Clinton. Todos así lo han comprendido… menos Morena donde creen que ellos se podrían poner de acuerdo sin problemas con Trump. Será porque tienen un ADN común.

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