La historia es la lucha de la memoria contra el olvido.
Milan Kundera.
El trabajo del comité de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha dejado algunas certidumbres, muchas especulaciones y generado contradicciones, como la de lo ocurrido en el basurero de Cocula. Pero más allá de eso, parece haber producido amnesia en varios actores sobre la verdadera historia de los hechos de Iguala y sobre sus principales protagonistas: el presidente municipal José Luis Abarca y su esposa, María de los Ángeles Pineda; los grupos criminales Guerreros Unidos y Los Rojos; las relaciones de esos grupos con el gobierno de Ángel Aguirre Rivero; la participación de dirigentes del PRD y Morena, y detrás de todos ellos la producción de mariguana y goma de opio en la zona.
Comencemos con los esposos Abarca. Hace 30 años, José Luis Abarca recorría el país vendiendo aretes, collares y pulseritas de oro y plata. También vendía sombreros que llevaba con su abuelo Isidoro desde Toluca a Iguala. Pero hace una década, repentinamente, Abarca y su familia se hicieron millonarios. Después de vender durante años sombreros y joyas casa por casa, Abarca un día anunció que invertiría 300 millones de pesos para la construcción de una plaza comercial en Iguala, la plaza Tamarindos. Era 2008 y para esa fecha ya tenía seis locales comerciales, que en el 2015 se habían transformado en 19 en Guerrero y otros seis en Morelos. Se había convertido en el mayor comerciante de oro de Iguala.
Abarca conoció a la que sería su esposa, María de los Ángeles Pineda, en la tienda que tenía su abuelo, donde también vendía vestidos de novia. María de los Ángeles y su madre, Leonor, llegaban a la tienda a vender vestidos que ellas mismas hacían. Pero en unos pocos años, también María de los Ángeles se hizo una mujer poderosa y rica. Y, como José Luis, con ambiciones políticas.
Ambos coquetearon en alguna época con el PRI, pero encontraron cobijo en el PRD. Abarca se hizo candidato del PRD cuando aún no era militante de ese partido y fue impuesto a otros grupos por un acuerdo en el que participaron el entonces secretario de salud de Ángel Aguirre, el exsenador Lázaro Mazón, quien se convirtió en el principal operador de Andrés Manuel López Obrador en Guerrero, y la dirigencia del partido que entonces encabezaba Jesús Zambrano.
Lázaro Mazón un día llevó a un aspirante externo, José Luis Abarca, ante la dirigencia del PRD, y amenazó con abandonar el partido si no aceptaban a su protegido como candidato en Iguala. La relación de Mazón con los Abarca era vieja. Cuando ambos eran jóvenes, la tía de Abarca le surtía a Lázaro piezas de oro para que pudiera venderlas, y así fue como Mazón pudo financiarse la carrera de medicina. La relación con Aguirre nació en 2011, cuando el entonces candidato hacía campaña en Iguala y Abarca le pidió al coordinador de campaña, su compadre Mazón, que le permitiera organizarle un evento en el centro joyero. El 9 de enero de 2011 ahí llegó Aguirre. Fue Abarca quien encabezó el evento, y comprometió su apoyo y el de otros joyeros para el candidato. A partir de ese día, Abarca y María de los Ángeles, que terminó siendo íntima del gobernador, incluso con largas visitas a Acapulco, se involucraron por completo en la campaña, no sólo con apoyo moral, sino también aportando millones de pesos.
Para esas fechas María de los Ángeles ya era una de las principales líderes de la organización criminal Guerreros Unidos en Iguala, y durante los siguientes años se convirtió en la verdadera jefa del cártel en la región, más allá de su propio marido. Sus decisiones pasaban por encima de José Luis y todo el mundo lo sabía. Ella era quien tenía el control de la policía y de los empleados del ayuntamiento. En Iguala, a María de los Ángeles Pineda le decían La Guerrera... por su dureza con los empleados y por su relación con el cártel que encabezaron sus hermanos.
La Guerrera, unos días antes de la tragedia de Iguala, prácticamente había alcanzado su objetivo. El 7 de septiembre había sido designada consejera estatal del PRD, cobijada por Nueva Izquierda, por el gobernador Aguirre, incluso por Mazón, que ya estaba en Morena, y no había dudas de que sería la aspirante a la alcaldía de Iguala en reemplazo de su esposo.
Al mismo tiempo que los Abarca y los Pineda avanzaban en su carrera política y se integraban a las altas esferas de la política guerrerense, el grupo criminal de los Guerreros Unidos se hizo dueño de Iguala, y desde ahí terminaron controlando 14 municipios en el norte del estado y la Tierra Caliente, además de distintas regiones de Morelos y del Estado de México. Pero todo eso era parte de una larga historia familiar que había nacido años atrás, cuando María de los Ángeles, sus cuatro hermanos y sus padres eran parte del cártel de los Beltrán Leyva. Mañana se la platicaremos, hay que recordarla porque hoy muchos de los actores de la misma parecen haberla olvidado.
