Restañar heridas, contar bajas, premiar luchas

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Jorge Fernández Menéndez 12/12/2013 01:34
Restañar heridas, contar bajas, premiar luchas

¿Y ahora qué? Es la pregunta que deben hacerse los partidos y el gobierno, prácticamente concluido el ciclo de reformas, en muchos sentidos histórico, que se está cerrando en San Lázaro (y que se deberá terminar de cerrar en los congresos locales) con la aprobación de las modificaciones constitucionales en el ámbito energético. La reforma más importante que se ha dado en el país en dos décadas, la misma que quisieron implementar los gobiernos de Zedillo, de Fox y de Felipe Calderón y no pudieron, o no los dejaron, sacar adelante.

Como en todo proceso, hay triunfadores y derrotados, hay quienes quedan heridos pero con vida, hay quienes han dejado pasar oportunidades y quienes las aprovecharon. Ya veremos como quedó ese escenario en las oposiciones.

Para el gobierno federal, el desgaste ha sido alto: la popularidad del presidente Peña cayó, los acuerdos se tuvieron que realizar aceptando muchas concesiones a sus adversarios, con costos que se pagaron ante el PRD con una Reforma Fiscal que no fue la que originalmente quería el gobierno federal y la que le costó más en popularidad. Pagó costos ante el PAN por la energética (aunque en realidad creo que allí hubo plan con maña: el gobierno presentó una iniciativa que iba por debajo de sus expectativas, sabiendo que el PRD no transitaría por la reforma constitucional y que el PAN elevaría la apertura, el resultado fue, en ese sentido, el mejor posible: tanto para el gobierno federal como para el PAN) y los pagó, sobre todo, en la Reforma Electoral, donde la creación del INE no ha dejado conforme a muchos, donde la reelección es un acierto, aunque vaya en contra de las tradiciones culturales del PRI, y salvando la segunda vuelta, que hubiera sido imposible de transitar en muchos ámbitos del oficialismo.

Tuvo que enfrentar a los sectores radicales de la Coordinadora por la educativa, sin poder (o querer) tocarlos ni con el pétalo de una rosa, generando desconfianza en muchos otros sectores. Enfrentó expectativas no del todo cumplidas por la Reforma de Telecomunicaciones, donde será imposible, cuando se aprueben las leyes secundarias, que todo mundo salga contento. Y afrontó sus propias insuficiencias por la falta de crecimiento económico en su primer año de gobierno o una inseguridad que persiste.

 Según la narrativa gubernamental, todos esos son costos asumidos, un sembrar para cosechar el año próximo. Lo cierto es que la administración Peña termina el año cumpliendo con casi todos sus objetivos: el programa que se propuso sacar este año lo ha cumplido casi por completo. Ahora tendrá que demostrar que esos costos que asumió le redundarán en beneficios para la propia administración y para la sociedad, a partir del 2014.

¿Tendrá que hacer cambios en su equipo el presidente Peña? En la rumorología popular, siempre en estas fechas, el tema de los cambios está en los niveles más altos. En realidad se presume que cuando se debe comenzar una etapa, siempre se deben hacer ajustes, deben cambiar algunos operadores, otros dejaron de ser útiles o su desgaste los hace vulnerables. Debe haber personajes que se fortalecieron y otros que se debilitaron. El propio presidente Peña deberá decidir esos movimientos y asumir qué cosas tienen que cambiar. Incluso consigo mismo. Este año hemos tenido un Presidente más lejano, con menos protagonismo político que el que se conoció en el Estado de México o en la campaña. Me imagino que con el ciclo de reformas cerrado, tendremos el año próximo un Peña Nieto, en ese plano, mucho más presente.

Y si eso se aplica al Presidente también debe aplicarse a su equipo. Hay carteras que han tenido un desempeño muy intenso, más allá de aciertos o errores, con mayor o menor exposición pública: Miguel Osorio Chong, Luis Videgaray, Aurelio Nuño; en otros planos, Rosario Robles (sobre todo en las contingencias en Guerrero), Manuel Mondragón, Claudia Ruiz Massieu, el canciller José Meade; más al principio que ahora, Jesús Murillo Karam, y mucho más ahora que al principio, Gerardo Ruiz Esparza, han estado presentes y activos; pero pocos han tenido papeles protagónicos más allá del general Cienfuegos y el almirante Soberón, quienes han tenido una notable perspicacia y discreción institucional y política. No podemos saber quiénes han cumplido o no con sus responsabilidades o si esa era la instrucción presidencial, pero el hecho es que buena parte del equipo gubernamental ha aparecido poco o nada. Y eso se aplica a primeros y segundos niveles. Quizás los cambios tengan que ser de personal o no, pero sin duda tendrán que darse en la forma de operar políticamente, porque el próximo será un año muy distinto al actual y no se pueden hacer cosas diferentes haciendo lo mismo. Por lo pronto, el presidente Peña Nieto cierra este año con todos sus objetivos centrales cumplidos, y ello le abre una oportunidad que no puede desaprovechar.

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