Comenzó el momento México

“La Claudia la tiene muy fácil”, exclamó el taxista que me llevaba a la ceremonia de toma de posesión de Claudia Pavlovich como gobernadora de Sonora: “sólo tiene que castigar a los corruptos”, completó. Vaya usted a saber por qué chilenos y sonorenses, en las antípodas de las regiones en las que manda la lengua deCervantes, abusamos del artículo definido y hablamos de la Michelle y la Claudia para referirnos a la presidenta de Chile y a la nueva gobernadora de Sonora. Si la Academia de la Lengua puede sentirse incómoda ante la indiferencia de los sonorenses por la propiedad gramatical, usted y yo podemos encontrar en el discurso de toma de posesión de la nueva gobernadora mucho que celebrar.

La nueva titular del Ejecutivo local anunció que todo su gabinete, siguiendo su ejemplo, tendrá que presentar el “tres de tres”: declaraciones patrimonial, de impuestos y de intereses, públicas.  La adopción oficial del “Tres de Tres”, la iniciativa de Transparencia Mexicana y apoyada por otras organizaciones sociales,  que da herramientas a la sociedad para  escudriñar la evolución de las finanzas personales de los funcionarios públicos que la adopten, así como los posibles conflictos de interés en que puedan incurrir, es una victoria de los electores, del poder del voto y, sobre todo,  un síntoma de que los ciudadanos cambiaron y están adelante de sus gobiernos. La nueva gobernadora también anunció una fiscalía anticorrupción, pero no especificó si ésta sería totalmente independiente, la única forma en la que puede ser eficaz.

Al estudiar cómo lograron acabarse históricamente tres costumbres denigrantes: los duelos a muerte, el achicamiento de los pies de las niñas chinas mediante la ruptura de los huesos y el tráfico de esclavos por el Atlántico, el académico Kwame Anthony Appiah descubrió que no era la falta  de argumentos racionales lo que las hacía prevalecer. Sobraban los argumentos contra los duelos: acababan con individuos valiosos que la sociedad había tardado décadas en calificar. Los duelos estaban prohibidos, pero nadie obedecía. Se conocían recomendaciones, críticas y argumentos contra el achicamiento de los pies de las niñas desde dos siglos antes de que se generalizara su práctica y, sin embargo, la costumbre que infligía sufrimientos sin fin a niñas desde los cuatro años continuaba. Argumentos morales y económicos contra la práctica de la esclavitud abundaban también, pero continuaba el tráfico de esclavos.

En su libro The Honor Code: How Moral Revolutions Happen (El Código del Honor: Cómo Suceden las Revoluciones Morales), Appiah propone la siguiente hipótesis: las revoluciones morales ocurren cuando una determinada práctica que agregaba  estatus y honor en una sociedad  se convierte en motivo de escarnio y vergüenza. ¿Cómo y cuándo se llega al hartazgo? ¿Cómo y cuándo lo que antes enorgullecía de repente avergüenza? Estas preguntas no son plenamente respondidas, pero tienen que ver con momentos en los que una sociedad puede ver cómo se le juzga y observa desde afuera y su sentido de honor es cuestionado.

Hasta hace muy poco la corrupción en México, la grande practicada por políticos y empresarios de  peso, y la “chica”, común a los ciudadanos de la calle, era motivo de expresiones de admiración al ingenio nacional para violar la ley. “La supo hacer”, se decía, cuando tras una corta estancia en el gobierno, el funcionario aseguraba el éxito económico para su familia y varias generaciones más. “Roba pero hace”, “roba pero reparte”, “sólo quiero estar donde hay”, etcétera. Las grabaciones de ejecutivos de  OHL y funcionarios del gobierno mexiquense y el secretario Ruiz Esparza son una colección del cinismo y la admiración secreta a la habilidad para corromper y corromperse: “¿estamos metiendo más goles de los normales?”, pregunta desvergonzadamente Pablo Wallentin, exejecutivo de OHL México.

En el gobierno federal la corrupción no es suficiente motivo de vergüenza y se mantiene a Ruiz Esparza a pesar del escándalo de la  licitación del tren México-Querétaro, a pesar de OHL y a pesar del Grupo Higa. Pero en las elecciones locales, la percepción de corrupción ya puede determinar la victoria o la derrota, como se demostró en las lecciones de Sonora y Nuevo León. Claudia Pavlovich y el gobernador electo de Nuevo León, Jaime Rodríguez, El Bronco, “la tienen fácil”: basta proceder con rigor contra quienes se enriquecieron con los dineros públicos.

En las elecciones federales el voto anticorrupción también se expresó masivamente con la pérdida de millones de votos para los tres principales partidos y el fortalecimiento de las simpatías por candidaturas independientes o en partidos alternativos. Se invirtió el “orden natural de las cosas”, ahora es la ciudadanía la que ordena a las élites: o te compones y me rindes cuentas o te vas. Nos vemos en Twitter: @ceciliasotog

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